lunes, 31 de diciembre de 2007

Una de revoltijo

Me desperté con el sonsonete de "One little, two little, three little indians...".

Y luego me pregunto, ¿por qué me puedo acordar de una canción que me enseñaron en el kinder, pero no puedo recordar en dónde dejé el cargardor del celular o el número del NIP de mi tarjeta?

No sé porqué mi cerebro guarda tanta información inútil y deja de lado la información práctica. Mi mente es como ese cajón que tenemos en la cocina, lleno de mugrero, con tres encendedores, un vale de Dominos Pizza, inciensos, varios papelitos con teléfonos anotados, manteles, un cenicero y plumas de muy variados estilos. Ese cajón que preferimos cerrar siempre antes de tener la voluntad de ponerle orden. A veces creo que todas las madrugadas, por ahí de las 4 de la mañana se mete un nomo a mi casa para resetearme la memoria y dejarme sólo datos que ya no me sirven para que pueda levantarme cantando one little, two little, three little indians...

En estas reflexiones andaba cuando me di cuenta que el 2007 ya se nos peló. A mí se me fue más rápido que una Carta Blanca de cuartito, y no sé si les pase a ustedes igual, pero yo apenas sentía que el año estaba agarrando color cuando de pronto ya le tengo que quitar un siete al calendario para ponerle un ocho.

¿Mis logros durante el 2007?, pues no los recuerdo -para variar-, pero rápidamente diría que son los siguientes: conocí en persona a mi platónica Drew Barrymore (foto), llegué a cinta negra, me gané a pulso el honroso puesto de papá porque aunque biológicamente lo soy desde el 2006, fue durante el 2007 en donde realmente sufrí/disfruté los deberes de la paternidad. También en el año que pasó dejé de sintonizar noticias en el radio del carro mientras manejo, convirtiéndome así en un mal mexicano y en un peor periodista por no querer estar enterado de lo que pasa en México y el Mundo. Pero me va mejor así, porque en vez de saber que a tal diputado lo cacharon en una mala jugada, me distraigo con el piano y los violines de Radio Nuevo León. Y es que de alguna manera tenía que encontrar la paz en las caóticas calles de Monterrey.

Con algo de tristeza pero con mucho valemadrismo me doy cuenta que tengo los mismos pendientes que tenía hace un año, aquél enero del 2007 en el que había decido convertirme en un súper hombre... ni modo, doce meses después sigo siendo Eugenio para su agasajo o su consuelo (otra frase inútil que no logro quitarme de la memoria).

Así ando, revuelto por dentro y por fuera, otra vez sin brújula, abrumado por la belleza de Mateo, agradecido con la Maga por un año matrimonial lleno de picos altos y bajos, extrañando a mis papás que se andan dando buena vida en Madrid, harto de la corbata, cansado de nada y, lo mejor de todo, contando indios pequeñitos que brincan alrededor de una fogata imaginaria en el rincón más empolvado de mi memoria.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Adiós al control remoto

En la misma casa en donde antes se sintonizaba puntualmente Seinfeld ahora debe verse Lazy Town, gracias a que el nuevo amo, dueño y señor del control remoto de la única tele que tenemos es un tirano que apenas ha cumplido los 13 meses de edad.
Lazy Town es un programa seguramente creado por un grupo de escritores mariguanos. Sus personajes son mucho más coloridos y vertiginosos que Constanza y Kramer, pero no creo que un adulto aguante ver dos episodios seguidos del programita éste sin sentir ganas de vomitar porque sus colores y situaciones son muy empalagosos. Además algunas marionetas que salen ahí son espantosamente terroríficas, se ven peor que Chucky, pero a Mateo lo tienen hipnotizado.

Supongo que la Maga no tiene inconveniente en dejar al frutito de sus entrañas pegado a la tele, porque además nuestro simpático muchachito, -que tiene el cuerpo de un pavito panzón con las piernas flacas-, se pone a "bailar" con la única y misma rola que aparece en todo el programa una y otra vez. Otro detalle que he descubierto es que la Maga está fascinada con Sportacus, el héroe que está tan mamado que con todo y pants luce nalga. (Ésta puede ser una venganza de las mamás de los niños que están acostumbradas a tolerar que Lore Lore enseñe chichi ante la alegría discreta de los papás).

Yo sufro porque mi tele, (último y único refugio del hombre casado), ahora está bajo el dominio de un individuo que mide apenas 80 centímetros, que apenas tiene cuatro dientes (dos de ellos separados como los de Madonna) y que tiene todas las neuronas frescas de su cerebro para disfrutar de un programa que es más empalagoso que el casi desaparecido Hit de uva.
Mi agudo instinto de supervivencia me señala que es momento de comprar otra televisión. Chin.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Cinco cosas que no pondría en mi currículum

5.- El fin de semana lloré viendo Forrest Gump. Siempre se me había hecho injusto el Óscar que le dieron a Tom Hanks por esa movie, pues mi favorito era John Travolta por su inolvidable papel en Pulp Fiction. Pero pues yo andaba sensiblero y lloré en la escena en que Forrest conoce a su hijo, el pequeño Forrest, que es interpretado por Haley Joel Osment que estaba con madre de chiquillo, pero que luego cuando creció se puso refeo el cabrón.

4.- De niño y adolescente me gustaba ver telenovelas. Cuna de Lobos y Gabriel y Gabriela son las mejores de la historia.

3.- Tengo un amigo al que le daba gripa cuando tenía relaciones sexuales. Entonces cada vez que le llamaba a su casa y me contestaba con un estornudo le preguntaba: "¿Pues ahora a quién te cojiste, güey?".

2.-Una vez le llegué a una chava medio feona que vivía en Contry porque un amigo era novio de su vecina y como a mi amigo le daba flojera tomar dos camiones para ir a checar me propuso llegarle a esta chava para hacerle compañía en el trayecto. Tres meses después la corté, no por fea, sino porque a ella no le gustaba que yo viera telenovelas.

1.- Mi placer culposo más sagrado es esta rola.

martes, 25 de diciembre de 2007

Volvió

Ya tenía varias navidades preguntándome en dónde se había metido el espíritu navideño. Y no es que me la pasara mal en Navidad, pero sencillamente no le encontraba más el chiste a esta fecha que en alguna temporada de mi vida había sido la más importante y la más esperada. Tampoco estaba yo convertido en un Grinch (creo que mucha gente dice odiar la Navidad por pose), ni era yo un amargado que llora encerrado en el baño por los años que se le fueron y por los abuelos que ya no están. De algunos años para acá sentía que la Noche Buena se me iba muy rápido y que nadie tenía nada bueno que decir por estar tragando y bebiendo.

Sé de sobra que no son los regalos de lo que está hecho el espíritu navideño, al contrario, yo no soy un estusiasta regalador. Si no fuera porque la Maga se encarga de escogerlos, envolverlos y dedicarlos, yo podría pasar como el integrante más codo de la familia, pero aclaro, no porque sea un tacaño, sino porque comprar un regalo es un proceso muy difícil para mí, porque me hago bolas tratando de meterme en la mente de los demás para adivinar cuál sería un buen detalle para ellos. Enserio, por mí que no hubiera intercambio de regalos, así me evitaría de mucha, mucha angustia...

Pero ya me desvié, lo que yo quería escribir es que esta Navidad, luego de varias navidades grises, regresó para mí el espíritu navideño. Tengo que darle crédito a los niños como los responsables para que este reencuentro se diera. Gracias a mi hijo Mateo, y a mis sobrinos Victoria, Sofía, Luis y Fiora, a su ruido, a su voracidad para desvestir un regalo, a su manera de desmadrarse el piso, a sus ansias por estrenar la ropa regalada el mero día, a su monótona pero espontánea manera de bailar como Resortes y a su falta de conciencia entre el espacio y el tiempo, gracias a todo lo anterior, sentí que la Navidad regresó a mí.

Los niños estuvieron ahí para señalarme que la Navidad deber ser una pausa en el camino, una pausa real para respirar profundo y felicitarse a sí mismo por haber aguantado el año y por haberle sacado la vuelta a la locura y al estrés y sobre todo a la tentadora desesperanza. La Navidad debe ser, y eso lo saben muy bien los niños, una oportunidad para darse permiso a sentir sin analizar, darse permiso a improvisar, y permiso a no esperar nada espectacular de nosotros mismos. Navidad es darnos permiso para sacarle la lengua (o pintarle un dedo, si quieren) a las grandes expectativas que nos exigimos durante todo el año y que luego representan nuestras más grandes frustraciones.

Esta Navidad estuvimos casi los mismos sentados en la misma mesa, comimos lo mismo y nos reímos de chistes muy parecidos a los de hace un año; pero la diferencia este año la hicieron los niños, que son maestros en el arte de disfrutar el tiempo, y la Navidad debe ser eso: sólo tiempo para disfrutar.

Hacia el final, por ahí de las 3 y media de la madrugada, ya con varias margaritas, cervezas y baileys en la sangre, uno de mis cuñados tuvo la excelente puntería de poner el dueto que hacieron BB King y Tracy Chapman. Ésa fue la última prueba de que ayer tuve la mejor Navidad en mucho tiempo...(con todo y que hoy, el mero 25, me tocó trabajar).

viernes, 21 de diciembre de 2007

Jefe: hay un crudo en la oficina

Lo primero que tienes que hacer es ponerte los audífonos que te clavaste la última vez que viajaste por American Airlines y navegar en You Tube hasta que alguien venga a tu lugar a regalarte una canasta con galletitas o empanadas navideñas.
Ésa es la prueba de fuego porque sabes que tienes que agradecer el gesto con un abrazo pero temes que la esencia tecatera que traes le rebote en la cara a tu abrazado. Le dices que muchas gracias, que le deseas lo mejor y que las galletitas se ven muy ricas. Todo esto lo hablas para adentro, según tú, para que el aliento se te regrese por el esófago.

Otra vez te sientas. No sabes si traes mucha sed o mucha hueva como para levantarte por una coca light. Finalmente te levantas y te diriges a la máquina de refrescos. Vas muy derechito y mentalizando cada uno de tus pasos; pero tu error es que andas más amable de lo habitual y saludas a gente que en tu pinche vida has pelado. Si te descuidas hasta puedes lanzar un silbidito mientras caminas, según tú para que todo se vea muy normal, pero la realidad es que estás sobreactuando.
Abres la coca y con el primer trago le bajas la mitad del contenido. El gas provoca una bomba de tiempo en tu estómago y los ojos te comienzan a lagrimear. Te metes al baño y te saludas en el espejo. Ves que traes los ojos rasgados como de Jacobo Zabludowsky.

Regresas a tu lugar, te pones otra vez los audífonos y te pierdes en internet. Toda tu materia gris es pólvora húmeda, no ligas un pensamiento con otro y además traes una culpa extraña que te hace imaginar que eres Charles Manson con piel de oveja.
No quieres que nadie te hable y no quieres hablar con nadie, no puedes tomar una decisión ni enfocarte en algún asunto. Quisieras que tu cubículo tuviera una cortina de metal para encerrarte con candado y dormirte sentado.
Tus prioridades cambiaron en pocas horas: ayer querías seguirle hasta el amanecer y hoy eres un individuo arrepentido que sólo desea que alguien le preste el disfraz del Hombre Invisible.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Secsi VI

Ese cuate tan necio que tengo pero al mismo tiempo tan querido, -sí ése que nació el mismo día que yo y que se llama como yo-, me invitó a comer hoy para decirme que las mujeres italianas le dan ñáñaras porque no se rasuran las axilas.

-"Hubieras visto el metro de Milán, estaba lleno de peludas", me comenta antes de entrarle a los tacos de pescado frito que pidió en el bar La Chuya.

Yo le contesto que no es bueno generalizar y que quizá un poco de pelos no se ven tan mal. Además le enseño esta foto de la actriz Monica Bellucci, quien a los 44 años luce muy lampiñita de sus extremidades.

Mi amigo traga el pescado frito y le da un sorbo a su agua de toronja.

-"Ésa no ha de subirse al metro de Milán porque no la vi", me contesta volteando para la mesa y tratando de cerrar la plática.

Luego pide la cuenta y se disculpa porque tiene que irse corriendo a su oficina.

Surtido rico

MESA PARA TRES.- A Mateo ya le dieron flojera los gerbers y las papillas que tan afanosamente le prepara su madre. Ahora lo que al pequeño le gusta es la comida sólida. No puedes llevarte algo a la boca porque inmediatamente estira su manita y con un "Ata, ata, ata..." te pide de lo que estás comiendo. Algo que está muy padre es que al pediche de miniatura no le gusta que le pongas la comida en la boca, porque lo que él disfruta más es tomar con su mano un pedazo de brócoli, por ejemplo, y analizarlo como si fuera un joyero que cuenta los cortes de un brillante. Luego se mete a la boca el brócoli e invariablemente pone cara de asco. Segundos después ya se tragó el pedazo y levanta su manita para pedirte otra vez. A veces cuando estoy comiendo algo muy rico y escucho el "Ata, ata, ata" me gustaría decirle lo que el culo primo mayor de Paquillo les decía a sus primos menores: "No les puedo dar porque es medicina".

GANAS DE JODER.- Ayer me estaba acordando del trauma que significaba para mí estrenar tenis cuando era niño. No es que odiara usar algo nuevo, lo que pasa es que en aquellos años era muy popular la modita de que si llevabas zapatos nuevos al colegio todo el grupo de niños te pisoteaba los pies para "estrenártelos". Si te tocaba ser el agresor ahí andabas correteando al pobre niño que traía sus tenis bien blancos para ensuciarlos de una pisada. Qué ganas de joder.

CULTURA DEL MIEDO.- Hoy en la madrugada me preguntó la Maga si no es riesgoso poner fotos de Mateo en este blog habiendo allá afuera tanto pedófilo masturbado mental escaso de cariño. Eso es algo que ya me había sugerido una amiga: no poner fotos de mi hijo porque la red está llena de acosadores y enfermos mentales. Yo al principio pensé que tanto mi amiga como la Maga exageraban, pero luego recordé que todo papá sabe que es mejor pecar de precavido que pecar de confiado. Es una lástima que la cultura del miedo nos haya rebasado, es una lástima que intenciones tan cristalinas como mostrarles la belleza de mi hijo pueda ser tomado por alguien como una oportunidad para cometer un delito. Es una lástima, pero voy a quitar de este blog la fotogalería de Mateo que siempre aparecía en la parte superior izquierda, aunque él seguirá siendo invitado frecuente en estos renglones. Mateo es mi más grande inspiración para escribir, pero no quiero exhibirlo sin darme cuenta.

PIENSA EN JAZZ.- Tengo algunos meses escuchando el programa de jazz que transmite Radio Nuevo León los lunes, miércoles y viernes en la noche. El lunes antepasado iba yo manejando mi Astra descompuesto cuando el locutor ofreció entradas para un concierto. Tomé mi celular y marqué inmediatamente y me regalaron dos boletos. Nunca había hecho esa naquencia de pedir boletos al radio, pero se siente requetebonito que alguien te dé algo gratis nomás por llamar. Total que fuimos a Plaza Fátima este martes al concierto de un grupo que se llama Non-Jazz, que son cuatro güeyes tocando cuatro guitarras sin bajo ni batería ni sax.
-"Hay que llegar temprano porque son pases de cortesía", le dije a la Maga. Y llegamos antes que nadie, pero la puntualidad fue en vano porque el teatrito no se llenó; a lo mucho éramos 15 personas contando ya a los músicos y a la viejita de la entrada. Disfrutamos mucho del concierto, el guitarrista principal y maestro de los otros tres, Omar Tamez, amablemente nos explicó cada una de las piezas que tocaban y hasta nos deseó que nos la pasáramos "bárbaro" esta Navidad. La Maga que es medio criticona me susurraba al oído que al tal Omar no le ayudaba su apariencia, porque es gordito y tiene cara de carnicero, (yo creo que la Maga esperaba ver a Juanes en el escenario). Las ejecuciones de Tamez y de sus tres discípulos nos gustaron mucho, en especial la versión que de la canción "Naima" de John Coltrane hicieron. Si tienen tiempo y ganas denle click aquí para ver y escuchar la versión original.

EL EXPERIMENTO.- Creo que no les había platicado que FEMSA me invitó a un proyecto piloto muy interesante que está aplicando a los consumidores de Tecate, ahora que la empresa lanzó las nuevas latas con 24 onzas de cerveza y quiere probar el impacto entre sus clientes. Hoy en la noche es el experimento que consiste en que me tengo que tomar un six de estas enormes latas que parecen belugas. Las seis latas dan un total de 144 onzas, que se traducen en 4, 089 mililitros. La prueba consiste en cuantificar las veces que un hombre de 34 años se para al baño a orinar bebiendo esta cantidad y también de medir la calidad de pendejadas que dice. La degustación es hoy a las 21:00 horas en el departamento del Regu, mejor conocido como "El 4toB". Como no quiero darle ni un peso a Tránsito de Monterrey con sus antialcohólicas, iré y vendré en taxi. Mañana les platico cómo me fue.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Hijo de pediatra gritón

Un porcentaje no menor de las llamadas que entraban a casa de mis papás venían por parte de mamás desesperadas que pedían consulta telefónica para sus bebés enfermos. Casi siempre sonaba el teléfono a la hora de la comida, porque seguramente las mamás de los mini pacientes sabían que era la hora en que podían encontrar a mi papá, su pediatra.
El Yuyo, que siempre ha gritado cuando habla, se levantaba con mucha hueva a atender el impaciente auxilio de las mamás primerizas y entonces todos nosotros, mientras comíamos, nos teníamos que chutar diálogos como éste:

-"¿Sigue con flemas el niño?...¿de qué color son las flemas, verdes o amarillas?...¿Y ya se le cortó la diarrea?, ¿de qué color es la popó?... ¿Es aguada o sólida?, ¿Huele ácido el excremento?...¿Le sale sangre cuando hace pipí?...¿Tiene mocos, duros o suaves?...¿Cuando tose, escupe moco verde o tiene tos seca?...¿Y le sale mucha pus de los granitos cuando se los revienta?...¿Ya le metió un supositorio?...¿La niña trae muchos gases?...

Y así mientras el Yuyo trataba de descifrar qué fregados padecía el enfermito, a nosotros en la mesa se nos revolvía el estómago. A mi hermana Irene que es la más sensible en temas escatológicos se le descomponía la cara mientras mi papá deletreaba palabras tan antojables como vómito, popó, flemas, materia fecal, mucosidad, orina, aliento, gárgaras, granos, pus, saliva, etc...
El fenómeno se hizo más grave cuando mis papás compraron teléfono inalámbrico, y entonces el Yuyo podía acercarse a la mesa y declamar sentado una serie de escenarios y cuadros clínicos asquerosos, así en cortito, de viva voz.
Es por eso que a veces el arroz con frijoles y la milanesa empanizada eran algo difícil de comer en casa de mis papás.

martes, 18 de diciembre de 2007

Ser alguien

No sé si alguna vez he querido ser alguien en la vida. O sea sí, de niño quería ser buzo o fabricante de lápices (es en serio, ¡quería fabricar lápices!). También recuerdo que alguna temporada quise ser trotamundos para viajar sin destino, pero resulté ser muy maricón y luego luego me dio homesick.

Mientras estudiaba en la UDEM yo creía que quería ser fotógrafo del National Geographic o director de cine como Edward Burns o Woody Allen. Pero sea lo que haya yo querido ser, la verdad es que nunca trabajé para lograr nada y dejé que la inercia me llevara a donde estoy ahorita: escribiendo en una revista de espectáculos.
A lo mejor decepciono a mis maestros si confieso que nunca tuve un plan de vida, ni una vocación para seguir, ni un sueño que cumplir.
-"Mira cabrón, tú mientras haya cheve y viejas estás feliz", me decía el Eddie en los noventas asegurando que mi expectativa no era comerme el mundo sino nadar de muertito todos los días hasta encontrar tierra firme.

Por eso admiro, y lo digo sinceramente, a los hombres y mujeres emprendedores que fundan empresas, o que mueven a miles de personas para concretar una idea, o que logran cambiar el mundo. Admiro también a mis amigos que han hecho carrera en otras ciudades y en otros países. Admiro a los que me cuentan sus planes, hacen sus números y apuestan a un futuro mejor. Admiro a los que celebran sus metas realizadas con una carne asada y se festejan el trabajo que les costó llegar ahí.

Nací el mismo año que los futbolistas Cuahtémoc Blanco y Roberto Carlos, los actores Adrien Brody, Tori Spelling y Juliette Lewis; las modelos Tyra Banks y Heidi Klum; la tenista Monica Seles; y la sexoservidora presidencial Monica Lewinsky. Todos ellos y yo cumpliremos 35 años el año que entra. Ellos parecen haber tenido un plan (sobre todo Lewinsky) para convertirse en lo que ahora son. Yo no lo tuve ni lo tengo... Lo peor es que traigo pegada esa canción del Tío Gamboín que decía: "Quisiera ser alguien, quisiera triunfar, ser gente importante y cha la la la..."

Bueno, ya, disculpen esta reflexión, pero pues es martes, día indefinido en el que a uno le da por pensar cosas. ¿Pero saben lo que se me antoja? Pues llevarme a mi peruana a bailar a una cantina de la calle Reforma esta bonita canción. ¡Hasta mañana!

viernes, 14 de diciembre de 2007

Secsi V

Ya les he platicado que tengo un amigo que se llama como yo y que nació el mismo día que yo pero con algunos segundos de diferencia.

Bueno, pues me lo topé hace dos días y lo primero que me dijo es que las mujeres reales deben tener curvas y que por eso las flaquitas no valen la pena.

Pérate!", le dije y además le propuse que le echara un ojo a Rachel Bilson, quien es una actriz que no necesita de mucha bubi para llamar la atención.

Mi amigo, que es bien necio, primero ve la foto detenidamente, luego se rasca la nariz, se huele ambas axilas y se acomoda los anteojos. Luego se queda pensando un buen rato y enciende un cigarro.

Más tarde mi amigo se va nervioso, sin hacer ruido y sin despedirse.

Para sostener un matrimonio

A continuación un consejo de alguien que no está para dar consejos:
Muchachos: Cuando el "te amo" no basta en tu matrimonio porque se ha convertido en una muletilla muy cómoda, tienes que rascarle un poquito más a tu creatividad y sacar palabras mucho más simples, pero paradójicamente con mayor poder curativo.
Frases como "Buenos días", "qué rica te quedó la comida", "hasta mañana", "qué bien se te ve ese suéter" y "aunque tengo jueves con mis amigos, quiero quedarme hoy contigo", pueden alargar tu matrimonio por lo menos un día más.

jueves, 13 de diciembre de 2007

La de chonguillo

Muchas cosas buenas y malas trajo a mi vida el Regio, colegio Lasallista en el que cursé desde pre-primaria hasta prepa. Es decir, durante 13 años fui todas las mañanas al mismo lugar y recibí los mismos dogmas, los mismos puntos de vista, y comí los mismos pinches trikitrakes de la tiendita. ¡13 años!
Ojalá me alcance la memoria y me sobren las ganas para escribir en este blog los pros y contras de mi vida estudiantil en territorios de la Chepevera. Por el momento, me enfocaré en un episodio de mi adolescencia que recordé hace poco con algunos Spocs.

En el Regio, los salones (hasta prepa) eran de puros güeyes, o sea, si no tenías contacto con mujeres en tu colonia estabas jodido porque en el colegio convivías con puro tornillín. Por eso a uno se le desarrolló el trato con las mujeres ya hasta muy tarde, ya bien chiludo y todo zonzo. Si en la pubertad tenías una maestra coquetona, gorda y chichuda (como de hecho la tuvimos) era convertida por el grupo inmediatamente en un sex symbol, porque no había referencia alguna y preferías fantasear con la teacher gordita a no tener nada.

La ventaja de la secundaria es que estaba pegadita con la prepa, y de lejos, muy de lejos, podías ver una que otra chava y soñar algún día en preguntarle su nombre o la hora... o ya con verla estabas feliz.
En tercero de secundaria Mario y yo estábamos enamorados de una chaparrita de chongo. Ella fue nuestra principal plática durante un año, seguíamos con interés sus pasos todos los recreos y hasta íbamos a hincarnos a la capilla (porque ella siempre iba en el primer recreo) sólo para estar cerca de ella.
Todas las mañanas, todas, nos parábamos en un balcón del edificio para esperar a que llegara. Al principio éramos sólo Mario, Lolo y yo, pero luego el grupo que esperaba a la de chonguillo empezó a ser más numeroso, se sumó el Sebas, Paquillo, el Wilón y uno que otro mirón.

Total que el grupo de fans quedó como de 10 güeyes, aunque algunos iban a fumar o a ver a otras viejas. Mario y yo íbamos por nuestra chaparrilla, por nuestra dosis de ternura mañanera para agarrar fuerzas y enfrentar más tarde clases tan aburridas con temas como las fanerógamas, la química orgánica y los problemas razonados. Apenas salía el sol y ahí estábamos, pendientes a que llegara, haciendo guardia, no podías perderte ese momento de verla llegar caminando, siempre volteando al piso, escoltada por otras dos viejas con las que hacía viajes y moviendo su chonguillo a cada paso.

Los nacotes de nosotros hasta aplaudíamos cuando hacía su aparición porque al verla el día estaba ya resuelto. ¡Ah pero que no faltara!, porque inmediatamente el día se hacía larguísimo y tedioso. De la niña del chonguillo sabíamos hasta el nombre del novio, cuanto tiempo llevaban juntos y lo que hacían los fines de semana gracias a que Mario tenía informantes externos. Recuerdo que un fin de semana me la encontré en Dillard's de Macalen y me quedé helado, si hubieran existido los celulares habría llamado a Mario para presumirle mi encuentro.
Ella despertaba en nosotros, la neta, un cariño muy limpio, un enamoramiento inocente sin cachonderías de por medio (para eso teníamos a la teacher chichuda). Era una especie de amor que ya no vuelves a tener nunca más. Era además la ilusión de, por fin, tener una relación aunque fuera platónica con una mujer después de tantos años de reclusorio masculino.

Irónicamente pasaron los años y la vida nos acercó más con la niña del chonguillo. Yo anduve de hecho con su hermana menor y Mario a veces se junta con el esposo de ella, el mismo que era su novio cuando "andábamos por ella". A veces, ella sigue siendo tema en la peda y nos reímos de lo inocentemente pendejos que éramos.

Este post ya se hizo muy largo, pero creo que ese capítulo de mi vida vale la pena esta extensión. Ya nomás para rematar les voy a poner una canción, muy maricona por cierto, que me recuerda esa época en la que Mario y yo perdimos la cabeza por un chonguillo. Denle click y súbanle.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Aprovecha y lúcete

Estoy seguro que mi mamá no se va a enojar si digo que de ella heredé una gran facilidad para hacer torpezas: todos los días las cosas se me caen, o me tropiezo, o me pego sin querer en las paredes, o entro por las salidas, o pierdo las llaves, o borro un documento importante de la compu, etc...
No sé porqué se me hace imposible guardar la compostura y soy un excelente candidato a las cámaras escondidas.

A continuación les comparto dos torpezas con las que me lucí durante mi viaje a Londres:

Una.- Cuando entré al cuarto en donde iba a entrevistar a Diane Kruger (foto) iba yo tan atarantado y con un chingo de cosas en las manos que no vi un escalón de la chimenea y me tropecé al estilo de Chespirito. La actriz que estaba muy cool sentada en su sillón tomando café se levantó rápidamente para preguntarme si estaba yo bien. De los nervios, en menos de un segundo me sudaron las manos y la saludé así, todo húmedo. "Sí estoy ok,", le dije aún sintiendo el madrazo en los dedos de mi pie derecho. ¿Creen que con esta entrada triunfal puse en alto el nombre de los mexicanos?

Dos.- Casi todos los taxis de Londres son conducidos por ancianos. Nomás llegando, en el primero que me subí no le cerré bien a la puerta porque me dio temor que el viejillo me dijera que no la azotara y entonces se quedó medio abierta. El viejillo me dijo que por favor la abriera otra vez y la cerrara con mayor fuerza. Pero yo no encontraba la madre para abrirla. El viejillo se desesperó y me dijo: "No se preocupe, yo lo hago". Entonces sacó su brazo y quiso abrir la puerta desde afuera, pero en eso yo encontré la manera de abrirla y al cerrarla otra vez (ahora sí con muchos huevos) le machuqué la mano al anciano conductor. "Jisuscraist!!!", gritó bien fuerte. Y yo todo apenado diciendo "¡So sorry, sr, so sorry, sr!!!"
Todo el trayecto se la pasó echando madres y viéndome por el espejo retrovisor. Iba bien cagado él y yo todo orinado del miedo. Nomás lo veía mover la cabeza hacia abajo y sobarse. Pensé que me iba a raptar para agarrarme a chingazos con su boina. Todavía cuando me dejó en mi destino me enseñaba su mano prensada y yo no dejaba de decirle: "So sorry, sr... so sorry, sr". Realmente lo sentía, pero, ¿cómo le explico que soy discípulo de Chevy Chase?

lunes, 10 de diciembre de 2007

A la hora del lunch

Al mismo tiempo en que trato de descifrar el porqué los ingleses se peinan tan bien, una mesera de aspecto latino me pregunta si quiero beber café. Yo le digo que sí, porque soy esa especie de mexicano que sólo toma café cuando está de viaje en un sitio muy frío.
En Londres amaneció lluvioso y a un grado centígrado, pero eso no afecta a los nativos de esta ciudad porque el Hyde Park está lleno de gente que camina con sus perros, sus sombrillas y sus ipods.

Yo miro la escena desde una ventana del restaurante del Royal Garden Hotel. Olga, mi mesera, es una venezolana que se mudó acá mucho antes de que Hugo Chávez llegara al poder de su país.
- "No crea usted que vengo huyendo de él", me explica sonriente mientras me sirve una canasta en la que hay panes de muy variado pelaje.

Al echar un ojo al menú veo que tiene un enorme apartado de platillos tailandeses. Según Olga, muchos hoteles y restaurantes de Londres han adoptado este tipo de cocina porque lo tai sigue estando de moda. Ella me recomienda el pollo al curry y yo acepto luego luego porque traigo flojera de pensar de qué traigo antojo.

Vine a Londres para entrevistar a Nicolas Cage y a Diane Kruger por la película National Treasure: Book of Secrets, que será estrenada en México el próximo 28 de diciembre. Ayer en la noche vi la película y les puedo adelantar que está entretenida, pero bien jaladota. Hoy en la mañana hice las entrevistas; si quieren mayores detalles compren el periódico (Norte, Reforma, Mural o Palabra) el domingo 23, fecha en el que saldrá publicado mi trabajo en Top Magazzine.

Por la ventana también veo a una mamá que camina empujando una carreola. El bebé debe ser menor que Mateo, pero no está tan abrigado como seguramente la Maga y yo sacaríamos a nuestro hijo bajo esta temperatura. Supongo que los niños de aquí nacen con algún estambre grueso integrado en la epidermis.

Dos noticias encabezan la portada del Daily Telegraph. La primera es el concierto que dará Led Zeppelin hoy en la noche y la segunda es la historia de John Darwin, un tipo que fingió su muerte para cobrar el seguro de vida y así poder pagar sus deudas. Este güey vivió más de tres años escondido en un departamento a ladito del departamento en el que vivían su "viuda" y sus dos hijos. La "viuda" era la única que sabía del plan, pero los hijos ya lo habían llorado, enterrado y visitado en el panteón. Finalmente Mr. and Mrs. Darwin se cansaron de engañar a toda Inglaterra y se entregaron a la policía. Estoy seguro que en Monterrey una noticia como ésta hubiera quitado del trono de lo absurdo al pendejo de Diego Santoy.

Ya llegó mi platillo, que en realidad son dos platillos. Uno es un potaje servido en un tazón enorme en donde descansan tres piezas de pollo con hueso, varios trozos de piña y una papa completa. En el otro plato hay una taza de arroz blanco, pepino y pedazos de lo que yo creo es algún tipo de chile tailandés parecido al morrón.
Voy a comprobar la teoría de que cuando a un mexicano le dan viáticos inmediatamente le crece el estómago y se le refina el gusto, por eso voy a pedir una copa de vino bien cara. Estos son los lujos que me gustan: los que me salen gratis.

Por el momento los tengo que dejar, porque le voy a atorar el diente a mi comida de manera casi prehistórica. Definitivamente los buenos modales de los que toman té, no funcionan en un bruto como yo.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Por 10 mil pesos

Seis años de mi vida traje el pelo largo. En esta foto tomada en Vancouver en 1993 pueden ustedes ver el porqué alguna gente me dice (¿cariñosamente?) chubaca.
Nunca justifiqué un motivo izquierdista ni ideológico detrás de mi greña. Creo que la traía larga porque me gustaba traerla larga y punto. Además era como un medio para identificarme con muchos amigos que también dejaron de cortarse el pelo a principios de los años 90.

Lo chistoso era que había gente que te etiquetaba si te veía greñudo. Lo peor que podían decirte eran jaladas como éstas: "es que tú eres un hongo", "te la bañas, porque eres bien hippie" o "es que tú eres muy alternativo"... ¿Alternativo, yo?, Ja-ja-ja. Si siempre he sido el güey más regular y alienado que existe. Es decir, sí me gustaban la música y el cine "alternativos", pero también me emocionaba con Selena y Los Dinos, y con telenovelas como La Pícara Soñadora y Las Muchachitas.

Si la gente se me acercaba como queriendo que les diera una respuesta al misterio del cosmos gracias a mi apariencia de gurú, nunca sabía qué opinar.

Lo que sí es cierto es que tener el pelo largo para mí era como anunciarle a la sociedad de que yo, mientras fuera estudiante, no iba a pertenecer al renglón de los hombres pelo corto y bien rasurados. Pura rebeldía pendejona y ligera, lo sé, pero era mi manera de NO pertenecer al sistema-social-fresa-wannabe de Monterrey. (Aunque sin el sitema nunca hubiera podido sobrevivir).

El caso es que un mal día el sistema, la sociedad y las leyes de consumo terminaron con mi greña y mi defensa a la "individualidad". Me vendí gacho.

Resulta que después de terminar la Universidad comencé a trabajar de modelo en el DF y en uno de esos castings que hice les gusté a los publicistas de la marca AVON (¡Sí de AVON!). Se trataba de una campaña a nivel nacional en la que yo sería la imagen de una loción pinchísima, pero como parte del contrato el galán de barrio (o sea yo) debía tener el pelo corto. Al principio me negué, pero la verdad es que tenía muchos meses de no ver números negros en mi cuenta bancaria y ya debía varias rentas y recibos.
- ¿Cuanto pagan?, pregunté a mi "representante".
- Diez mil pesos, me contestó.
- Chinge a su madre, pensé.
Finalmente me cortaron el pelo, hice la campaña, creo que no se vendió ni un frasco de loción y me gasté en una semana las 10 mil lucas. Recordando esta anécdota de pelos, se me vino a la mente la canción 74-75 de The Connells. En el video se ve cómo un grupo de adultos recuerda las fotos de cuando eran estudiantes y tenían una mejor greña. De jóvenes se ven cool, pero de adultos, medio puñetones.
Por favor véanlo, está padre, denle click aquí.

jueves, 6 de diciembre de 2007

¿Y dónde está el bebé?

Por andar dejando abierta la puerta de la lavandería un ángel se metió anoche a nuestra casa para llevarse al bebé y dejarnos a cambio un niño.
La Maga y yo estábamos apenas acoplándonos al ritmo del bebito y de sus diminutas costumbres; y ahora debemos acoplarnos a lo que este nuevo pedazo de humanidad nos vaya dictando.

El niño es muy diferente al bebé. Para empezar ya presume una sonrisa de tres dientes, ha dejado de gatear, camina y hasta intenta correr, señala lo que quiere, hace berrinche y se frustra, dice papá y se agarra la pirinola con soltura y sin prejuicio.
Ya no huele a talco ni a cremita, ahora huele a clavo mojado y si es que tiene un día de mucha actividad los pies le huelen...¡a pies!.

La Maga se muestra encantada con su hombrecito de miniatura porque la ropa (Sorianera) se le ve con madre (tiene mejores zapatos que el papá y que el abuelo), y el pelo comienza a acomodársele a la britpop. Yo no aguanto el momento en que pueda jugar luchitas para zarandearlo como Dios manda, además ya quiero ser su portero, su catcher o su quarterback.

Y es que es cierto lo que dicen la mayoría de las mamás: los niños crecen demasiado rápido. Si crees que el tiempo se estanca, sólo tienes que recordar que no hace mucho saliste del hospital con un capullo de sábanas en donde estaba metido un bebito y ahora, en un instante, vive un niño en tu casa que te recibe, casi corriendo, cuando llegas del trabajo y te abraza con un poquito de fuerza y se hace a un lado cuando lo quieres besar. (Suspiro).

Aprovecho este espacio para agradecer a todas las personas que quieren a Mateo. Su amor hacia él es también amor para nosotros, sus papás. Hablo de los cuatro abuelos, por supuesto, quienes ya hace mucho nos perdieron el chiste y ahora preguntan por su nieto antes de saludarnos. Hablo de la tía Pía quien desde Atlanta sigue de cerca el desarrollo de su sobrino, y de la tía Irene quien hace lo mismo desde España. Hablo de sus primas Fabiana, Fernanda y Fiora (las tres eFes) que lo aman a su manera. Hablo del padrino Raúl, quien lo visita cada semana y le habla como un padrino debe hablarle a su ahijado, o sea, como papá postizo. Hablo de la madrina honoraria Yolanda, quien ha llenado su cuarto de cuadros y pinturas inspiradas en él. Hablo de la tía Pamela, quien le ha regalado la ropa más cool y de la tía Leslie, quien siempre pide ser la primera en cargarlo. Hablo de Vianey, quien se deshace las pocas veces que lo ha visto y del Edy que no sabe ni cómo cargarlo pero hace el esfuerzo. Hablo de los Spocs, quienes habiendo sido papás mucho antes que yo, siguen pacientes mis pláticas de él. Hablo del tío Fernando, quien le regaló una piñata de Supercan chafísima, pero muy divertida. Hablo de toda mi familia y de toda la familia de Maga, quienes, algunos sin conocerlo, lo tienen presente en cada conversación. Hablo de ustedes, los que leen esto, quienes espero se conmuevan como yo con el milagro de la vida y de paso, se hayan encariñado con mi hijo, el más amado.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

La llegada

La estampa más deprimente de una oficina es la del empleado que llega a trabajar después de haberse tomado unos días de vacaciones. Es ese momento cuando el pobre recién llegado ve que todo mundo está muy encarrilado en el asunto y él no encuentra su posición en la cancha.
En esas ando. Como saben estuve fuera una semana y media, pero parece que fue mucho más tiempo, porque siento muy ajenos a mi computadora, a mi escritorio y a mis compañeros de trabajo. Es decir, sé que los conozco y que me conocen, pero no les encuentro cuadratura en mi vida.

Decir que estuve descansando es una exageración. Como ya escribí, estar en casa con un bebé de un año es un largo maratón, sin atajos ni zonas de relax. Vi tanto los dvds de Baby Einstein y programas de Discovery Kids y de Disney Channel que difícilmente podría lograr una erección en estos momentos. Huelo a babas y a Gerber etapa tres, y ahora tengo un chingo de pendientes que debo sacar adelante, casi sin materia prima en el cerebro.

Cuando los ratones de oficina salimos a la calle nos damos cuenta que allá afuera está la vida. En estos momentos quisiera sonarme la alergia en la corbata y quemar todos mis pantalones de trabajo, pero... ¿y luego qué?... Mejor es adaptarse a la rutina ante la ausencia de un plan B.

Gracias a Dios siempre encuentro en las películas un ligero, pasajero, pero reconfortante alivio.
Ayer, en la víspera de mi regreso a trabajar, me metí al cine con la Maga a ver The Last Kiss (aquí le pusieron Un Beso Más). La película es una delicia que disfrutarán los miembros de ese club de hombres y mujeres que viven en crisis permanente, del cual soy miembro desde 1973; pero por favor, no vayan a verla si sienten que son la mera chingonada y que su vida es como para llevarse la portada del Hola!.

En cambio, vayan a verla si son de los que se dan permiso de preguntarse de vez en cuando: ¿qué pedo con mi existencia?, ¿qué hubiera pasado si hubiera tomado otras decisiones en mi vida?, ¿esto es a todo lo que puedo aspirar?, ¿me encuentro en un final o en un comienzo?, ¿he crecido, o sigo añorando la zona de confort que me daban los años de Universidad?, ¿alguna vez podré ser responsable de mis actos?, ¿algún día me conformaré con el presente?, ¿hay algo más para mí?...¿Debo renunciar?

viernes, 30 de noviembre de 2007

Matones

The Killers sigue siendo el grupo que más me gusta actualmente. Nomás por el mero gusto de oírme muy maricón les debo de confesar que esta canción de ellos me mata. (¡Ah, que putón!)
Buen fin de semana a todos.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Reporte policiaco

A mí, que tengo espíritu de arrimado, instinto de cazaofertas y temple de limosnero, me cayó muy bien que los de la Arena hayan abierto nuevas localidades en cancha a muy bajo precio en el segundo concierto de The Police.
Así que no lo pensé dos veces para meter en la guillotina, una vez más, a mi muy peloteada tarjeta de crédito y compré boleto doble para ver a Sting y a sus muchachos la noche del miércoles. Qué buen concierto, aquí les van mis impresiones generales.

- El trío nos vino a recordar que no es necesario un escenario demasiado florido para ofrecer un concierto de calidad total. Un sencillo juego de luces y una megapantalla muy bien orquestada detrás de los músicos bastó para llenar la noche.

- Sting ha de ser de los que disfrutan de las bellezas irregulares. Su bajo café todo madreado y raspado es una prueba.

- Una naca que estaba muy cerca de mí no dejaba de gritarle a Sting: "Ehhh, wero, ehhh wero!!!...". En eso volteo y chin, era la Maga... ni modo, uno nunca sabe con quién se casa.

- Los regios seguimos siendo una especie que vale la pena estudiar. Creo que a veces nos encanta ir a "eventos de talla internacional" no tanto por el tamaño de músicos que se presenten o por la trayectoria artística que tengan, lo que verdaderamente nos embola es llegar temprano al lugar para saludar a los conocidos que ahí nos topamos. Gozamos ponernos de pie y echar una escaneada en el recinto para ver quien está y cuando localizamos a algún conocido ahí andamos haciendole ademanes para que nos vea, como para decirle: "¡Mirarme, yo también vine, aquí estoy!". Nos encanta que los demás sepan que no nos perdemos de nada, que estamos en los mejores eventos y que si alguien dice pedo nos lo echamos con alegría.

- Stewart Copeland es el parecido de Andy Warhol y Andy Summers tiene muy buena papada.

-Me llamó la atención que cuando fui al baño vi que en los pasillos mucha raza estaba socializando como si fuera un antrillo mientras adentro Police tocaba. Señores: ¡Police está tocando y ustedes están aquí esperando a que el Sierra Madre les tome una foto!!!

- Yo salí muy satisfecho porque la canción que más me gusta de ellos es ésta, y sí la tocaron.

Pido un aplauso

Les prometo que lo que voy a decir a continuación es la pura "veldad".
La neta, mando una sincera felicitación a las mamás que dedican todo el tiempo de su semana a cuidar a sus hijos, porque comparado a lo que ellas hacen ir a la oficina me parece a mí como un día de campo.

Apenas tengo cinco días en mi casa y ya pido que alguien me aviente una cuerda para escapar por el techo en helicóptero y que me arrumben allá por las Grutas de García, o si se puede más lejos.

Y es que a Mateo le instalaron pilas más potentes ahora que cumplió el año; no se está quieta la criatura, todo quiere agarrar, hacia todos lados quiere caminar, y lo peor es que cualquier juguete o cualquier gracia pierde novedad para él a los cinco minutos y te tienes que inventar algún nuevo malabar para captar su atención. Ya cuando crees que está controlada la situación resulta que se te ha pasado la hora de la merienda y el "peque" se pone necio, o peor, el pañal presenta una filtración que lo tiene todo chorreado.

Además, ni un día es igual al otro y por eso las complicaciones siempre tienen diferente cara, lo cierto es que nunca te sobra tiempo ni reposo.

¿Pero a poco no son una bendición los hijo?, me estarán preguntando algunos. Pues claro, no digo que no, Mateo es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero sólo quiero aclarar que cuidar a los hijos es una mega chinga. Ser papá de tiempo completo es la mejor manera de negarte a ti mismo, a fuerza se te olvida tu yo.

Por eso, en verdad, felicito a las mamás dedicadas 24/7 a sus hijos. Y no hablo de las mamás regias (muy afortunadas) que se hacen acompañar de una muchacha y hasta de una enfermera para que les cuide al frutito de sus entrañas mientras ellas fuman y fuman en las piñatas; yo aquí hablo de las mamás de tiempo completo, esas que son guiadas por un instinto muy superior al que tenemos nosotros los hombres, y que requieren de muchos, muchos, muchos huevos para sacar el día adelante sin muertos ni heridos.

viernes, 23 de noviembre de 2007

La última y me voy

Me cayó bien este comercial de televisión, que es algo así como un consuelo para nosotros los treintones. ¿A poco no estamos en la mejor edad?
Bueno, ahora sí ya me voy. Me reporto luego. Cuidaros los unos a los otros.

Avisos de ocasión

Ramona anda muy seria porque no sabe cómo decirles a las personas que amablemente leen este blog que su huevonazo autor, o sea yo, se va a tomar unos días de vacaciones y a lo mejor no escribe tan regularmente en los próximos días.

Así es, a partir de mañana y hasta el miércoles 5 de diciembre no vendré a la oficina ni por error. Cuelgo la corbata y guardo los zapatos de charol. Como en la casa no tengo compu no podré escribir, pero a ver si de vez en cuando escribo algo desde la computadora de mis papás.

Antes de irme, aprovecho para dejarles algunos avisos útiles:

UNO.- Ya tengo dos meses con este blog. Mucho me ha servido escribir para quitarme las telarañas mentales que se me hacen todos los días. Yo soy un güey que piensa muchas cosas pero que no concreta casi ni una. Me agradezco la oportunidad de tener un espacio en el que puedan fluir algunas de estas ideas y más agradezco que ustedes se den una vuelta para leerme. Gracias también a los que me dejan comentarios, aunque sé que la mayoría de mis pocos o muchos lectores son del tipo "termita", es decir, que están conmigo aunque no se manifiesten, aunque no los vea.

DOS.- Precisamente ha pasado un año de aquella inolvidable noche en la que Maga y yo dormimos plácidamente por última vez. Era jueves, 23 de noviembre de 2006, y me acuerdo que pedimos una pixa y vimos en la tele Project Runway antes de irnos a la cama. Maga estaba a punto de dar a luz, por eso tenía que dormir de ladito. Yo también me puse de ladito, o sea que si nos hubieran visto desde arriba habríamos formado un paréntesis. Estábamos frente a frente con los ojos cerrados pero despiertos. No estaba prendido el clima y la ventana estaba abierta; corría aire fresco y había silencio. Recuerdo que los dos dijimos que quizá era la última noche en que dormiríamos así, sin contratiempos, porque al día siguiente teníamos cita con el ginecólogo que probablemente induciría el parto, pues creíamos falsamente que Mateo se estaba horneando de más en el vientre de su mamá. Aquella noche nos dormimos sin darnos cuenta, de pronto ya nadie habló, pero al día siguiente nos despertamos muy descansados y frescos, como nunca más nos despertaremos en la vida. Es cierto que la paternidad te quita el sueño.

TRES.- En el Mundial del 86 Maradona metió un gol con la mano y se atrevió a declarar después que había sido la mano de Dios la que lanzó el balón a las redes. Nadie le dijo nada al astro del fútbol en ese entonces. Así que no me vayan a criticar ustedes si les aseguro que el día que nació Mateo vi a Dios. O, si no lo vi, sí me sentí en Su presencia. Fue estar como en una nube, sin falsos romanticismos, sí, en una nube que borra todo tu pasado y en la que haces conciencia de cada segundo que estás viviendo. Hasta ese entonces eras un pendejo más en el planeta, pero de ahí en adelante eres el papá de alguien. O sea, eres papá y pendejo a la vez.
El chiste es que sale el bebé y ves a Dios, lo juro.

CUATRO.- Mi hijo se tardó 24 horas en nacer. Llegamos la Maga y yo al hospital un viernes 24 de noviembre a las 10 de la noche, y el cabroncito no asomó su cabeza hasta el sábado 25, a las 11 y cacho de la noche. Yo sí me pongo de pie ante la valentía de su madre quien se lo aventó natural, sin inducirlo, soportando contracciones fuertísimas y con sólo una dosis de anestesia hacia el final del parto. Pido un aplauso también para mi mamá quien estuvo afuera del cuarto, las 24 horas que duró el nacimiento, siempre guardando una distancia prudente, pero siempre presente.
Ese día, a un lado del cuarto en donde estaba la Maga pujando, murieron dos niños que hubieran compartido cumpleaños con Mateo. Siempre pienso que nuestros momentos de alegría fueron momentos de tristeza para alguien más, y agradezco a Dios estar en el lado bonito de esta historia.

CINCO.- Aviso a mis amigos que no haremos piñata a Mateo, sólo habrá un pedorrísimo festejo el domingo con abuelos, tíos, padrinos y ya. Pero para su segundo año, si Dios quiere, sí voy a despertar al Wicho Domínguez que en mí habita para hacerle a mi hijo un piñatón....¡de poca madre!!!
No importa que tenga que empeñar el pinche Astra, que tan chafo me ha salido.

Secsi IV

Mi amigo, ese tocayo que tengo que nació el mismo día que yo pero con unos minutos de diferencia, me insiste en que las mujeres agarran su mejor ángulo entre los 25 y 35 años.

Yo le digo que probablemente tenga razón pero que tampoco se limite porque hay unas cuarentonas nada asquerosas.

Mi amigo abre los ojos, pone cara de duda y me exige un ejemplo.

Entonces yo le enseño esta foto de Cindy Crawford quien a los 41 años se ve muy bien con sombrero de paja.

El tocayo guarda silencio, la ve detenidamente y me pregunta si esos muslos no están "photoshopeados". Y yo ya mejor no le contesto nada.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Las cosas que no veo

Las pinches deudas que siempre crecen, la nota roja, el pesimismo del calentamiento global, los políticos ladrones, la ausencia de leche (y de 20 cosas más en el refrigerador) y la violencia contra los más débiles son situaciones que me desenfocan de la felicidad.
Yo quisiera que así como me llega el estado de cuenta de mi tarjeta, me llegara también un estado de cuenta de mi vida, en el que me fueran detalladas todas las bendiciones que me rodean y que a veces no veo por andar preocupado calculando si este mes lograré pagar las facturas del carro, luz, agua, gas, cable, super...
Por eso, solicito a quien corresponda que hasta mi casa llegue un documento en el que se lea lo siguiente:
"Sr. Guzmán, a los 34 años tiene usted la bendición de tener más amigos(as) de los que pueda contar con los dedos de manos y pies. Tiene una esposa siempre a su lado en las malas y en las peores y a su hijo despertándolo cada día con una balbuceo nuevo.
A lo largo de su vida ha invertido en 100 abrazos y le han sido devueltos 200 más.
También le notificamos que ha tenido a sus padres sanos la mayoría del tiempo y que ellos han tenido un trato hacia usted amoroso, ecuánime, divertido, abnegado y abierto. También le recordamos que cuenta con un empleo a pesar de vivir en un país sin oportunidades. Un trabajo que le permite viajar y entrevistar actores y directores que usted admira y que quizá otras personas quisieran tener enfrente.
Sr. Guzmán recuerde que la enfermedad aún no espanta su estabilidad y que la muerte lo ha tratado muy bien conservándole viva gente importante para usted. Así mismo todos sus sentidos le funcionan y no presenta ninguna discapacidad.
Por último le notificamos que cuenta con la valiosa capacidad de reírse de sí mismo, así que empiece hoy mismo a desobedecer su capricho por controlarlo todo".
Creo que si me llegara una carta parecida a ésta, de perdido cada dos meses, me podría enfocar más en las cosas importantes que por error siempre doy por hecho y casi nunca valoro.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Tracy y el periférico

Las canciones me atrapan de muy distintas maneras. A veces las personas me recuerdan una canción y a veces una canción me recueda a varias personas. Hay rolas de carretera, y también están las que sirven para animarte a entrar a la regadera cada mañana, o las que te roban una lágrima o un suspiro a las tres de la mañana. Cuando fumaba había canciones que se me antojaban mientras me empujaba un cigarro y había otras canciones que me motivaban a fumar.
Curiosamente yo me sé muy pocas canciones en español y ni una en inglés. Como saben mis amigos, el inglés me entró apenitas, tuve que invertir varios cursos en Harmon Hall, Interlingua, Quick Learning y dos veranos, uno en Vancouver y otro en Pittsburgh para aprender bien el méndigo lenguaje de Shakespeare.

Por eso cuando voy a un concierto me la paso cantando: "Making the freeway, lets go to the making freeway..." y así repito el mismo coro falso siempre.

También hay canciones muy malas que extrañamente se te pegan y que con sólo decir una palabra, como por ejemplo "Macarena", andas tarareando la tonadita toda la tarde de esa rola pinche.

Otras canciones, las más importantes para mí, son las que te transportan a cierto espacio y tiempo de tu vida. Creo que junto a los perfumes una canción es el método más eficaz para ir a tu pasado en vuelo redondo en cuestión de segundos.

Hoy hablaré de una compositora que me animó en los tiempos en que viví en la infame capital de México: Tracy Chapman. Cuando la oigo inmediatamente me traslado al interminable Periférico en el carro de Lalo Venegas, uno de mis roommates. También recuerdo nuestro departamento de San Ángel en donde vivíamos con otro güey llamado Alfredo y cinco chavas de Cuernavaca, que eran Vanessa, Tania, Lorena, Diana y Ofelia. El caos viviendo ocho personas en un mismo techo fue más divertido que cualquier Big Brother que haya yo visto.

A pesar de que vivía con tanta gente en una ciudad con más de 20 millones de habitantes creo que me faltaba platicar con alguien, sentía que hablaba mucho pero que a nadie le importaba realmente. Entonces gracias a la señorita Chapman me reconfortaba, porque podía estar en silencio, sólo escuchándola.
Lo malo es que casi nunca podía poner sus casets en la grabadora del departamento porque a mis roommates, (amantes de Laura Pausini y cantantes similares), se les hacía muy "rara" la Chapman. Así que nos rolábamos los días y las horas para poner nuestra música. Yo elegía los domingos en la noche para oírla, que eran las horas mas cookies de la semana. Siempre me preguntaba: ¿amanecería en lunes?, ¿cuánto tiempo duraría esa soledad acompañada?, ¿qué voy a hacer de mi vida?, ¿hacia dónde voy?, ¿quién soooy?...¡!
Me sentía como un hijo pródigo de petatiux que había dejado la comodidad de casa de sus papás para buscar encontrarse a sí mismo, cuando en realidad se perdía más y más.

Hoy no puedo invitarlos a que se vengan conmigo al DF de aquellos días, pero sí quiero que me acompañen al Periférico virtual escuchando Telling Stories y Give me one Reason de mi compañera de los domingos chilangos por la noche.

Bien tostada

Ustedes saben que por respeto al público este blog no contiene risas grabadas. Pero espero que puedan ser felices con el atinado testimonio de una joven conductora ebria que fue "injustamente" detenida luego de que chocó (¿o la chocaron?).
No sé si ya lo vieron, pero no está demás volver a escuchar las sabias palabras de Dulce Sarahi, quien ya por tener ese nombre se merece que todos le invitemos un cartón de cerveza, mínimo.

martes, 20 de noviembre de 2007

De arriba a abajo

Yo que andaba ayer tan sobradito de buen humor tirándole tierra a los que sí pudieron irse a gastar dólares el fin de semana y ahora tan desganado que ando. Y es que en unas horas, ustedes lo saben, todo puede cambiar. Tu aparente bienestar, siempre sostenido por alfileres, puede tornarse en un gran malestar, gracias a los puntuales y oportunos "imprevistos".
Ayer, el catarro que traía Mateo se convirtió en más calentura, algo de vómito, moco copioso y todo aderezado con carácter irritado. En la otra esquina estaba la Maga quien se coordinó con su primogénito para darse una buena intoxicada cuyo cuadro me reservo para no herir su intimidad digestiva. De pronto el único sano en la foto familiar era yo, aunque sano a medias, porque en estos meses manejo la alergia en estado permanente.
Para rematar la escena, la tapa por donde le pongo gasolina al carro se quedó trabada y no hubo fuerza física ni mecánica que lograra abrirla. Ya lo llevé a la agencia, ya me dijeron que la pieza tarda tres días en llegar de la planta y que cuesta mil bolas más IVA y que a eso hay que sumarle la mano de obra. Ya hice el coraje correspondiente y ya recibí consuelo por parte de la Maga y por parte de mis papás, quienes nos recibieron en su casa como si fuéramos refugiados tabasqueños. (Y el pinche Madrazo corriendo maratones...)
Ah, también recibí ayer el estado de cuenta de la tarjeta de crédito, que es algo así como una invitación para no dormir a gusto en toda la semana...
Por favor, ¿alguien tiene un chiste que contarme?

lunes, 19 de noviembre de 2007

Consuelo del que no salió en puente

Qué cómodo es estar aquí frente a una computadora mientras cientos de regiomontanos están ahorita quitándole las etiquetas a toda la fayuca que compraron en McAllen, Laredo o San Antonio.
A ellos me los imagino hartos de cargar bolsas, con los pies hinchados de caminar y con mucha hambre, además mal dormidos y asoleados (Por cierto, ¿por qué ningún mol gringo tiene la delicadeza de poner árboles en sus estacionamientos para que den sombrita a los carros?).

A mis paisanos los imagino también haciendo cálculos a ver si no se pasaron ya del crédito en sus tarjetas y pensando que con el aguinaldo se alivianan. Muchos de ellos compraron a regañadientes algún regalo para el bebé que acaba de nacer, hijo de alguna amiga de su mujer y que todavía ni tienen el gusto de conocer.
Los imagino haciendo cola en algún fast food o peor, en el Red Lobster esperando que el chicanillo de la entrada diga su nombre en spanglish: "Mr. Loupes, mesa para two, Mr. Loupes..."

Otros andan batallando por acomodar los palos de golf que se compraron "para darse un gustito", pero éstos no caben en la cajuela a lado de los ganchos en oferta que compró su vieja, el Wii para los niños, la casa de muñecas para la niña, mucha ropa, una cajonera que estaba rebarata en Target, un juego de toallas color lila y unas patas de gallo ortopédicas que les pidió de encargo la suegra. Además todo el carro está lleno de Doritos, hay también una envoltura de chocolate derretido y latas de coca lait.
La mayoría sufre porque saben que tardarán más de dos horas en cruzar el puente de regreso escuchando todavía a su esposa decir todo lo que les faltó de comprar aún teniendo la cajuela hasta el tope.

Acá en cambio, yo estoy tan a gusto en casa de mis jefes, oliendo cómo se hornean unos chiles rellenos, mientras mi mamá se hace cargo del mocoso de Mateo y esperando a que llegue la Maga que fue a hacerse rayos en el pelo. La pura quietud me sonríe.
Bueno y como no me gusta irme así como así les voy a dejar esta rolita ochentera que me recuerda aquellos bonitos tiempos en los que los Corey eran lo más cool para mí.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Papás, pásenle...

Se me había olvidado darle la bienvenida a mis papás, el Yuyo y la Irene, quienes desde hace algunos días se enteraron de que su hijo, el más pequeño, tiene un blog en el que escribe todo lo que no puede decir.
¿Que qué se siente que tus papás te lean?, pues es algo así como darles a leer tu diario personal para que a través de él puedan conocer de ti mucho más de lo que tú te atreverías a platicarles en una comida dominguera.
"No te vayas a cohibir", me dijo mi mamá cuando me platicaba que ya se habían metido a leerme.
Yo le respondo aquí que no me voy a cohibir y que seguiré haciendo de este espacio el más auténtico retrato que pueda dibujar acerca de mi persona y de lo que ha sido mi vida; esa vida a veces increíble y grande que he tenido, otras veces monótona y simple.
Creo que una de las peores cosas que puede hacer un bloguero es limitar lo que quiere escribir por temor a ofender a sus papás. Ése no será mi caso.
Además, y no es cebollazo, tengo a los jefes más alivianados que conozco. Tienen ellos muy arraigada la religión y los valores tradicionalistas, pero también tienen muy amplio el criterio como para asustarse de lo que yo aquí pueda contar. Entonces, bienvenidos sean ellos.
Y ya me voy porque Mateo trae gripa con tos y algo de fiebre, o sea, todo lo que un papá primerizo desea que tenga su hijo para así dormir tranquilo en domingo y amanecer bien sonriente en lunes. Pronostico una noche dura, complicada, difícil como dice Joserra.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Que copionas

Me acabo de dar cuenta que Alessandra Ambrosio y Heidi Klum se piratearon mi idea fashion de la trusilla animal print ayer en la pasarela de Victoria's Secret.

No se les ve tan mal, la verdad.

Bueno, cambiando de tema, les comento que yo ya me voy a disfrutar este puente de tres días. Les recomiendo que tiren mucha hueva y que se sienten en sus piernas a su mujer un día de estos y le digan al oído: "Chula de mi vida, te quiero mucho, ¿cuando vamos a Victoria's Secret para que te surtas?, yo picho".

Así ganan ellas y ganamos nosotros... qué bonito es lo bonito y qué bonito es casi todo, (ando muy optimista).


¡Hasta el martes!

Tarzan boy

Mi mamá guardó esta prenda por 30 años y hace poco se la regaló a la Maga, quien la mandó enmarcar con el fin de decorar una pared del cuarto de Mateo.

No se confundan, ésta no es la trusa de Chanoc, no, no, no, éste es uno de mis primeros trajes de baño que habré usado entre los tres y cinco años de edad.

Ahora los trajes de baño llegan a la rodilla, pero supongo que en los 70 la onda eran los diseños tipo speedo, para enseñar bultillo.

Señoras y señores, con este modelito estilo animal print nadé por las aguas turbias de Mazatlán y eché clavados de panzazo en la congelada alberca de mis abuelos en Durango.

A lo mejor con este taparrabo también me aventé varias medusas en el balneario Los Eucaliptos, ese lugar a donde mi papá nos llevaba a chapotear y que representa una de las más folclóricas estampas de mi raiz clasemediera.

De niño ni bombero ni policía, yo lo que quería era ser buzo y con este canelo waterproof en tono leopardezco seguramente anhelaba nadar entre tiburones, delfines y la mismísima orca asesina.

Jim Carrey

Amanecí de pocas palabras, pero todavía ando cagado de la risa con esta escena de elevador que ayer analizamos profundamente mis amigos y yo. A lo mejor es la simpleza de la cruda. Al rato nos vemos, voy a ponerme a trabajar un rato para no salirle tan caro a la empresa.

jueves, 15 de noviembre de 2007

De colección

De niño me obsesionaba coleccionar cosas. Tenía compilaciones de cajetillas de cigarros, cerillos, billetes antiguos, calcomanías, carritos, etiquetas, llaveros, timbres postales, barajitas de béisbol, etc.
Pero contrario a muchos niños de mi generación nunca coleccioné monitos de Star Wars, por los que ahora pueden pagar muy buenos billullos los maniáticos que atesoran artículos de esas películas.

Me acuerdo que la aparente inútil tarea de coleccionar cosas me hacía sentirme importante entre mis amigos y primos a los que enseñaba mi mini museo personal. Muy orgulloso guardaba mis colecciones para volverlas a sacar en cualquier momento; lo fascinante era verlas dispersas en la alfombra, contarlas y volverlas a guardar para repetir el proceso de sacarlas una vez más y así hasta el infinito. Creo que todas mis colecciones se estarán llenando de polvo en algún lugar de mi cuarto de soltero, si no es que ya pasó por ellas el camión de la basura.

Ahora nos toca a los papás de Mateo hacerle una colección del personaje de Mr. Potato Head e irónicamente los primeros ejemplares son éstos vestidos como personajes de Star Wars (foto).
Así que ya saben, si ven algún juguete del Señor Cabeza de Papa me avisan para ir incrementándole su colección. Parece inútil, pero coleccionar cosas es un deleite para los que nos gusta atesorar algo que no sirve para nada, mas que para tenerlo y contemplarlo.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Cojo en chanclas

Por fin se me hizo venir en chanclas al jale.
Ayer me hice una rajada en la planta del pie izquierdo en el entrenamiento de karate. Ya ven que uno de los síntomas de la crisis de los 34 años es creer que todavía tienes 24 y como me tocó combate con un mocosillo de 21 años, (que está bien fuerte el pinche cabrón), pues me lucí haciendo cosas que a lo mejor ya no debería estar haciendo, pegándole al invencible.

Hice, la neta, más de cien desplazamientos y la lona del dojo terminó por quemarme la planta de mi plano pie. Entonces llegué a la casa con una ampollota reventada que mide unos 6 centímetros de diámetro, su aspecto era termino fabiruchis: rojo, hinchado y abollado. Una chulada de herida.

La Maga, que como todas las mujeres parece que se aventó seis semestres de Medicina porque opina de todas las enfermedades y sus remedios, me recomendó orear la herida todo el día y por eso me vine en chanclas al trabajo. Bueno, traigo un combinado, porque en el pie derecho sí traigo mi Hush Puppies bien boleado.
Lo malo es que he sentido el rechazo corporativo del mundo corbata, porque cada vez que voy al baño veo a los compañeros voltear sordamente hacia el pie afectado y notar mi ausencia de pedicure.

Lo único que me consuela es que para estos trámites incómodos de las enfermedades, madrazos, malestares y heridas siempre tendremos a Los Caracoles para que nos regresen la alegría de vivir. ¡Bailenle!

Complacencias

Un lector me pide que hable de la doble moral que tenemos los regiomontanos.
Me parece que ése es un tema de tesis y que además por ser yo regiomontano y bien doblemoraloso no puedo hablar de eso sin morderme la lengua.
Pero ayer vi un video de una canción que tiene varios días gustándome. Creo que sus imágenes explican más o menos lo que es la doble moral, ese raro fenómeno que se da cuando decimos repudiar algo que realmente nos atrae.
Aquí les dejo el video de los Kaiser Chiefs y los invito a sacar sus propias conclusiones, si es que hubiera conclusiones que sacar.
Feliz mitad de semana.

martes, 13 de noviembre de 2007

Secsi III

Un amigo que se llama como yo y que nació el mismo día que yo es fan de Jennifer Lopez y de Jessica Biel. Por eso, siempre que lo veo me insiste en que las mujeres deben tener las pompas bien grandotas para ser verdaderamente sexys.


Yo le contesto que quizá tiene razón, pero que también los traseros discretos como el de Angelina Jolie no son nada despreciables.


Entonces mi amigo ve estas fotos y el efecto que producen los pantalones de piel en las mujeres delgadas y entonces traga saliva, y luego ya no me dice nada.


Yo concluyo que Brad Pitt no puede estar tan equivocado...

lunes, 12 de noviembre de 2007

Me gusta

Me gusta que las axilas de Ramona huelan a tocino. Me gusta que Mateo se despierte con cara de chinito chimuelo. Me gusta que la Maga cocine delicioso y todavía me pregunte si le quedó bueno lo que preparó.
Me gusta que mis amigos sigan riéndose de las mismas anécdotas desde hace 20 años.
Me gusta darme cuenta que soy feliz. Me gusta quejarme de todo y compadecerme de todo. Me gusta el olor de casa de mis papás. Me gusta llorar sin que nadie se dé cuenta. Me gustan los acentos de Chischas y de Polo Polo.
Me gusta el olor de Pinol y tierra cuando Dora barre el patio 3x3 de mi casa. Me gusta el equilibrio de la noche con tres o más cervezas oyendo IMAGEN. Me gusta cuando mi papá grita hablando. Me gusta sacarle parecidos a la gente. Me gusta cuando los serios se avientan chistes malos y se ríen de sí mismos. Me gusta el agua ardiendo cayendo en mi espalda. Me gusta cuando la noche se hace azul. Me gusta recordar el fútbol de Zidane. Me gusta pensar en Pane y sus cuentos. Me gusta comer hasta que me apriete el pantalón y servirme un pilón. Me gusta comprar Melate y buscar al día siguiente el resultado fallido. Me gusta cuando la Yola me invita una Coca. Me gusta el lenguaje limitado de Celso Piña. Me gusta el olor a mariguana en medio de un concierto. Me gusta no usar reloj. Me gustan los vochos. Me gusta Cristo. Me gusta tomar de la botella en las barras. Me gusta Michelle Pfeiffer. Me gusta Batman. Me gusta cuando una mujer suda. Me gusta cambiar pañales. Me gusta bailar como robot hasta el ridículo. Me gusta hacer enojar al Edy con alguna necedad. Me gusta cuando la Maga me dice: "No te preocupes, todo va a estar bien, no siempre vamos a estar así de fregados".
Pero sobre todo, me gustas .

Cátedra de Sida

Corría el año de 1985 y estaba yo en primero de secundaria cuando murió Rock Hudson.
El actor fue la primera figura pública que moría de sida, una enfermedad que nos agüitó a gran parte de mi generación porque para esas fechas aún éramos virgencitos. "U que la chingada, todavía ni hemos cojido por primera vez y ya hay una enfermedad mortal si lo haces... ahora menos vamos a cojer", creo que pensábamos muchos.

En aquél tiempo este padecimiento era un tabú y había mucha desinformación al respecto. Por ejemplo, se decía al principio que era contagiosa la saliva o el simple hecho de tocar a alguien infectado. Y entonces surgía la madreada de no querer saludar al Willy Wilón (un tipo amanerado del colegio) porque si le dabas la mano te cargaba el payaso. El estigma equivocado de la enfermedad era que los gays eran culpables de su origen y de su eventual epidemia.

Mis papás guardaban total hermetismo en torno al sida y yo tampoco les preguntaba mucho, la verdad. No había internet como para ponerte a investigar, así que todos los adolescentes de aquella época caminábamos con un enorme signo de interrogación con respecto a ese tema.

Lo bueno es que en el salón de 1D teníamos como titular al profesor Juventino, quien era accesible a tocar temas que otros no tocaban. Gracias al "Juve" tuve mi primer acercamiento con el enigma del sida. Y aunque agradezco su intención por iluminarnos, tengo que decir que sí se la mamó porque nos dijo puras mentiras.

Según él, -y no les invento-, el sida se contagiaba a través del semen del güey infectado. Es decir, si un gay se metía con otro gay, el semen del gay con sida derramado en el cuerpo del otro gay comenzaría a echar a perder todos los órganos. O sea, que el semen sidoso sería algo así como el moco de Alien que disuelve todo lo que toca. ¡Ciencia-ficción en el salón de clases!
El Juventino afirmaba que si el gay infectado se venía en el estómago de su pareja, el semen le penetraría los tejidos hasta echarle a perder el estómago, los riñones, el páncreas, los pulmones, etc...¿¡!?

Y todos los pendejines de sus alumnos callados, con los ojos abiertos y poniendo atención a quien era uno de los maestros más respetados del mundillo Lasallista, y éste inventando cosas que nadie podíamos demostrar ni refutar y que solamente nos asustaban más.

Recordando lo anterior sólo me queda espacio para una pregunta: ¿Qué otras mentiras me habrán enseñado?

viernes, 9 de noviembre de 2007

Diez años (luz)

Antes de irme al concierto de Soda Stereo aviso a la comunidad interesada que mañana cumplimos la Maga y yo 10 años de peregrinaje juntos: cinco y cacho de novios y el resto ya casadotes.

El matrimonio es la empresa más pirata, difícil, desgastante, motivante y enriquecedora que he emprendido. Imagino que la Maga tiene su propia versión de los hechos.

Ya ampliaré este tema más tarde, por lo pronto me la llevo a ver a Cerati al Uni. Ojalá echemos cerveza a gusto, como cuando éramos novios, y ojalá nos topemos con alguno de ustedes, nuestros amigos, para celebrar esta década de relación al ritmo del Sueño Stereo.

P.d. Llevo una chamarra negra bien padre, para que me la chuleen, yo quería que hiciera más frío para justificarla, pero como quiera me la llevo puesta.