lunes, 31 de diciembre de 2007

Una de revoltijo

Me desperté con el sonsonete de "One little, two little, three little indians...".

Y luego me pregunto, ¿por qué me puedo acordar de una canción que me enseñaron en el kinder, pero no puedo recordar en dónde dejé el cargardor del celular o el número del NIP de mi tarjeta?

No sé porqué mi cerebro guarda tanta información inútil y deja de lado la información práctica. Mi mente es como ese cajón que tenemos en la cocina, lleno de mugrero, con tres encendedores, un vale de Dominos Pizza, inciensos, varios papelitos con teléfonos anotados, manteles, un cenicero y plumas de muy variados estilos. Ese cajón que preferimos cerrar siempre antes de tener la voluntad de ponerle orden. A veces creo que todas las madrugadas, por ahí de las 4 de la mañana se mete un nomo a mi casa para resetearme la memoria y dejarme sólo datos que ya no me sirven para que pueda levantarme cantando one little, two little, three little indians...

En estas reflexiones andaba cuando me di cuenta que el 2007 ya se nos peló. A mí se me fue más rápido que una Carta Blanca de cuartito, y no sé si les pase a ustedes igual, pero yo apenas sentía que el año estaba agarrando color cuando de pronto ya le tengo que quitar un siete al calendario para ponerle un ocho.

¿Mis logros durante el 2007?, pues no los recuerdo -para variar-, pero rápidamente diría que son los siguientes: conocí en persona a mi platónica Drew Barrymore (foto), llegué a cinta negra, me gané a pulso el honroso puesto de papá porque aunque biológicamente lo soy desde el 2006, fue durante el 2007 en donde realmente sufrí/disfruté los deberes de la paternidad. También en el año que pasó dejé de sintonizar noticias en el radio del carro mientras manejo, convirtiéndome así en un mal mexicano y en un peor periodista por no querer estar enterado de lo que pasa en México y el Mundo. Pero me va mejor así, porque en vez de saber que a tal diputado lo cacharon en una mala jugada, me distraigo con el piano y los violines de Radio Nuevo León. Y es que de alguna manera tenía que encontrar la paz en las caóticas calles de Monterrey.

Con algo de tristeza pero con mucho valemadrismo me doy cuenta que tengo los mismos pendientes que tenía hace un año, aquél enero del 2007 en el que había decido convertirme en un súper hombre... ni modo, doce meses después sigo siendo Eugenio para su agasajo o su consuelo (otra frase inútil que no logro quitarme de la memoria).

Así ando, revuelto por dentro y por fuera, otra vez sin brújula, abrumado por la belleza de Mateo, agradecido con la Maga por un año matrimonial lleno de picos altos y bajos, extrañando a mis papás que se andan dando buena vida en Madrid, harto de la corbata, cansado de nada y, lo mejor de todo, contando indios pequeñitos que brincan alrededor de una fogata imaginaria en el rincón más empolvado de mi memoria.

1 comentario:

alvaro Locx dijo...

Me gusta tu blog y tí, shido, echele ganas escriba también como hasta hoy. Shido blog.