miércoles, 29 de diciembre de 2010

Matehualito

Ojeroso. Diente chueco. Pata flaca. Bostezador. Huesudo. Renegón. Exigente. Abrazador. Tirano. Cariñoso. Tierno. Pedorro. Risueño. Imaginativo. Celoso. Codo. Ocurrente. Explorador. Latoso. Necio. Cagante. Hermoso. Bonito. Lindo. Dormilón. Activo. Flojo. Madrugador. Limpio. Cochino. Analítico. Improvisado. Calculador. Chilero. Rubio. Castaño. Largo. Chantajista. Humano. Irreal. Agudo. Chiflado. Cómodo. Correcto. Promedio. Out of the park. Inocente. Inteligente. Asombroso. Predecible. Milagro. Obviedad. Sorprendente. Tragón. Equis. Fuerte. Dócil. Dulce. Atractivo. Contestón. Nunca cursi. Desnalgado. Maravilloso. Lagañoso.Terso. Sensible. Muy sensible. Cuadrado. Abierto. Autista. Enfocado. Pie Grande. Conquistador. Indómito. Común. Corriente. Extraordinario. Mío (y no). Esponja. Resbaloso. Impaciente. Infantil. Precoz. Detallista. Amable. Chiviado. Confiado. Caos. Defectuoso. Inmejorable. Demandante. Valemadre. Redundante. Bailarín. Impredecible. Amoroso. Regalo. Penitencia. Castigo. Lotería. Creativo. Animalero. Admirado. Ignorado. Hijo. Nieto. Protagonista. Panzón. Villano. Extra. Number One. Callado. Ruidoso. Cantador. Payaso. Aguafiestas. Motor. Freno. Chocante. Aire fresco. Y lo que se repita. Y lo que siga. Y lo que falte.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Un libro de animales salvajes

Es un globo azul metálico, tiene la forma de estrella y cuesta 30 pesos en el HEB. No se puede estar quieto adentro del carro, peligrosamente te tapa el espejo retrovisor y a cada rato está alerta para cazar una ventana abierta que le garantice el escape. Tiene un cordón, un hilo, una cola; si lo sueltas parece un espermatozoide con la cabeza de nuget del Carls Jr.

Su tope es el techo, la atmósfera o el Polo Norte. El globo es especial porque lleva amarrada la cartita que Mateo me dictó a mí con destinatario a Santa Clós. Mi hijo es de bajísimo mantenimiento, afortunadamente pide poco y lo poco que desea lo disfruta mucho. El año pasado los requerimientos navideños del expedacito de caos se concretaron a un mono de peluche del Pato Donald, que no fue más caro que las peticiones de este año: Dos bakuganes y un libro de animales salvajes.

"...Y un libro de animales salvajes", esa solicitud me rebota dulcemente en la memoria a cada rato.

Pero bueno, en realidad la cartita no es una cartita sino un post-it amarillo pintarrajeado porque el globo resultó estar inflado con un helio bastante joto que no despegaba el vuelo con papeles más grandes. Lo soltamos en la carretera y Mateo le siguió la vista hasta que el mini dirigible parecía un lunar en la espalda lisa del cielo. Le propuse que lo buscara entre las nubes desde la ventana del avión y me respondió con un "sí" que sonó a promesa. Ahora mismo los restos de ese globo han de estar marchitos en las ramas de un naranjo en Linares, pero nadie me quita la emoción del ritual.

CDT.- Les deseo una feliz nochebuena y un estable cierre de año. Nos vemos en el 2011.

Rolita, por favor.

jueves, 16 de diciembre de 2010

In transit

Les pido a todos ustedes, mis contertulios, que marquen en sus agendas esta semana como la más pobre en materia de posts. Aunque traigo un avispero de emociones, los párrafos nomás no se me dan. Padezco algo así como un embarazo sicológico-literario; es decir, traigo todos los síntomas de querer escribir algo, pero termino por parir nada. Apenas hoy entré al blog para actualizar a la groupie de la semana. También quiero decirles que estoy en tránsito. Mi enjuague mental es sentirme como Zidane en medio de la cancha, atento al partido, moviéndome de un lado a otro, cazando el pase, recibiendo el balón para compartirlo después, trotando, esperando la jugada brillante, el espacio, el ataque, y luego el gol. Ando en la media cancha hasta que suene el silbatazo final.

Por lo pronto, relax.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Je je je...

Un rito obligado cuando voy a rentar películas es pararme frente a la cajita de Bowfinger y ver la sonrisa puñetona de Eddie Murphy. No importa el ánimo en el que me encuentre esa cara me hace sentir bien, me relaja y me hace reír.

La reseca sangre azul de Inglaterra me inspira cualquier cosa menos entretenimiento y buen humor, pero el otro día vi esta foto de Guillermo y me reí. Su gesto es tan puñetón, que me cae bien.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Los Monólogos de la Neurona II

El último taco de chicharrón representa lo que le sigue al exceso. El aguinaldo es esa cifra fantasma que se aparece una vez al año en la página de Banorte pero que al día siguiente se convierte en cosas tan raras como una factura de cambio de aceite autografiada por Grease Monkey. La navidad empieza tan temprano en el año que cuando realmente sucede todos estamos hasta la madre de santaclós. El gobierno tendría que liberar permisos para poner foquitos una semana antes del 25 de diciembre para que la fecha rescate novedad. O deberíamos de celebrar como los gringos celebran el thanksgiving, el mero día y se acabó, y uórale uórale rúmbenle los villancicos a otra parte. Hablando de gratitud, no les he dicho que Noyola y Cristina le regalaron a Mateo un Max de peluche hecho a mano que ya quisiera fabricar Disney. (Para más información apachúrrale aquí, sin albur). Gran regalo, gran. Recuerden: las personas que quieren y toleran a nuestros hijos son pocas pero son muy especiales. Hablando de Mateo, uno de aquéllos días me dijo que las hojas caídas de los árboles parecen mantarrayas y luego me obligó a ir por cinta scotch para que le pegáramos a su triciclo unas 20 de esas mantarrayas. A las ocho de la noche logramos armar un carro alegórico de tres ruedas tapizado con el desperdicio rojizo del otoño. Ahí vienen los gordos, ¡somos nosotros!.

Rolita, por favor.


martes, 30 de noviembre de 2010

Nike amarillos con paloma negra

Soy de la generación de Rocky Balboa, pero el chueco de Sylvester Stallone no me emocionó tanto de chavito como lo hizo Michael Douglas en Running (Corre por tu Vida, 1979).

Seguramente al programador del Canal 12 también le hacía muy feliz esta película del estropeado maratonista porque la pasaban seguido en la tele, casi siempre durante la tarde amarilla del domingo.

A mí me gustaba tanto que un día la grabé en la videocasetera con todo y comerciales de LTH, Banco del Atlántico (un océano de posibilidades) y filtros Gonher y, entonces sí, la vi y la vi y la vi hasta que me aprendí los diálogos y encontré algunos errores de continuidad en la historia. Creo que a esta película le debo mi admiración al hombre común que se convierte en héroe ejemplar por terminar lo que empieza, más que por ganar una competencia.

Con la motivación sin planeación que inspira el cine, algunas veces me salí a correr todavía de madrugada tarareando la rolita triunfalista de Running que tiene el feeling de "lo lograré", pero a las tres cuadras me detenía bien bofeado con un aguijonazo de dolor en el bazo. Además, mi pie plano y mi falta de constancia no iban a permitirme jamás terminar ni un 5K.

El otro día supe que Douglas tiene cáncer en la garganta y que ahora sí está corriendo por su vida. Él me cae muy bien y me han gustado varias de sus películas, como las que hizo con Kathleen Turner cuando ella todavía parecía mujer.

Ojalá que el actor llegue a la meta, de veras.

jueves, 25 de noviembre de 2010

You talkin' to me?

Muchas felicidades, tiranito. Te amo.

martes, 19 de octubre de 2010

James interrupted

Mis planes eran distintos. Yo tenía que estar en otro lado y no aquí boxeando en contra de un teclado gringo averiguando cómo jodidos se pone un acento o una ñ. Manzanita F, manzanita mis huevos. Ahora mismo tendría que estarme tragando mi tercera cerveza junto con el calvario amargo y penoso de saludar a ese conocido que siempre se nos acerca sin un gafete en su pecho que nos recuerde cómo se llama.

A estas horas, pero no con estos ánimos yo debería estar frente al escenario del Auditorio Banamex esperando escuchar a James, una de las mejores bandas de Inglaterra, con una voz desde siempre fresca, contundente, eficaz, emocionante, nostálgica, y sobre todo enquistada en el gusto de las generaciones pre-Koko y Koko de Monterrey (y que nos gustó mucho antes de que los mamones de Oasis se sonaran la nariz frente a un micro).

Yo tendría que estar allá, con el esqueleto adrenalinoso y la edad atomizada en mis 23, o menos, o más, no importa. Y no importa porque uno escucha a James e inmediatamente se siente como saliendo de la prepa con ganas sobradas de creer que el mundo vale la pena, o que de perdido algunas versiones del mundo valen la pena, sobre todo aquellas que se acercan a la costa, al mar, o a las costillas bajas de una mujer.

Pero pudiendo estar allá, estoy acá, en mi casa, porque James canceló su concierto por motivos de (in)seguridad. La versión oficial apunta que cancelaron por razones de salud, pero yo, que no tengo contactos casi en ninguna parte, los tengo en la empresa que los trae (traía) y me fue informado de buena mano que la razón es ésa: nuestra ciudad no ofrece garantías para sus visitantes (menos para sus habitantes) y pues es más saludable no venir a tocar que venir culiado.

Nos chingamos los que compramos boleto. En esta ciudad nos jodemos los que NO queremos ir a ver al Potrillo, a Camila, a Amanda Miguel, al Chayan y su fiesta en América, al Buki, a Panda y a todo ese gremio tipo Festival Exa FM. Valemos madre los que no queremos perpetuar otros Siempres en Domingos porque los grupos extranjeros tan ajenos a presentarse en zonas de guerra civilizadas con semáforos (que importan un chile pero parpadean rebonito) van a seguir cancelando mientras sepan que aquí hay balaceras diarias.

Pienso ahora en esta guerra de narcos contra ejercito contra gobierno contra ciudadanos contra ______. Esta guerra que nos va quitando todo, día a día, desde una cartera, un hermano, un concierto; nos secuestra el habla y los temas (de que más hablamos si no de esto). Pienso ahora en el mariguanillo de recreación puntual que se fuma la mota tan a gusto para hablar con los imanes de su refrigerador, pienso en su viaje de churro, sus carcajadas, (ah, tan padres (y prueba qué chulada)); pienso en esos cigarritos de a 20 pesos que multiplicados por miles dejan tan buena lana pero tan mala vida a los propios narcos, a sus prójimos, a nosotros y al mismísimo mariguanillo que habla con los imanes de su refri. Entonces quién chingados gana (?).

Nadie gana. Porque también el mariguanillo ahora está, como yo, encabronado porque James canceló el concierto sin advertir que sus dosis de mota o coca (tan indefensas-porque-no-le-hacen-daño-a-nadie) son en gran parte el motivo de la engorda de narcos tan pinchemente ya poderosos que disparan terror, siembran miedo y cosechan droga. Las legalizamos o qué. Y luego sale Hillary Clinton diciendo que el narcoviolencia de México enferma a Estados Unidos... y la profunda, incurable y creciente adicción de los estadounidenses a quién chingados enferma si no a nosotros que estamos sentados entre campos de amapola (?).

Chingue su madre, oiga.

A esta hora tendría que estar ya embriagado (tecate, droga legal, no menos peligrosa ni menos adictiva, pero LEGAL y por lo tanto permitida, sin culpa de generar guerras y cancelaciones de conciertos, que lo mismo mata y apendeja pero además si no vivimos en los tiempos de Al Capone no hacemos ((tanto)) daño los borrachitos aunque también hablamos con los imanes del refri y hacemos otros ridículos), decía, que a esta hora tendría que estar ya embriagado escuchando a James. Pero cancelaron, no vinieron, se nos fue el paciente, doctor; y no los culpo. Ya, bye, a la burger.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Alegría 'enchilada'

Además de maíz, aguacate y tequila ahora los mexicanos tenemos que importar buenas noticias. La más reciente nos llega desde una mina chilena en donde están siendo rescatados 33 mineros en este momento. Mientras el resto del mundo se pregunta ¿a qué les olerán las axilas luego de 70 días sin baño?, los mexicanos nos sentamos frente a la televisión o frente al internet emocionados porque la vida y la inteligencia (todavía) ganan. Aunque sea en otros países.

En nuestro México lindo y pedorro un hecho como éste hubiera sido "politizado" al segundo día. Acá se hubiera nombrado un comisionado del gobierno para "asesorar y supervisar" el rescate, que seguramente sería un tipo trajeado y claustrofóbico que no sabe nada de minas ni de trabajo ni de diplomacia. Los partidos de oposición hubieran criticado hasta la necedad todas las acciones del gobierno federal en el asunto, acusando a la derecha mamila de incompetente e insensible.

Mientras tanto, el líder del sindicato de los mineros (otro tipo adinerado y cómodo, ajeno a cualquier asunto relacionado con la minería) hubiera provocado un cólico mediático para denunciar las pésimas condiciones de sus trabajadores (mientras él ordeña una cuentona de ahorros en Vancouver, Canadá). Toda la incertidumbre sucedería mientras varios ingenieros (usando cascos que les quedan grandes) se avientan unos a otros los planos del subsuelo sin idea de cómo o por dónde bajar, y, lo más triste, al cabo de los días los mineros atrapados transformarían su último encierro en su tumba.

Ya muertos, el gobierno "regalaría" despensas a sus viudas y becas estudiantiles a los huérfanos, así como otros "incentivos" para echarle más tierra al sepelio.

Con la tragedia de los mineros atrapados, fallecidos y olvidados en la mina Pasta de Conchos hace cuatro años, nuestro gobierno ganó el campeonato en el torneo oficial de la ineptitud. El resto de los mexicanos no gubernamentales también nos ganamos, cada quien, una medallita como mención honorífica a nuestra indiferencia. Una más para nuestra colección. (Sí, sí nos dolió mucho pero se nos pasó luego luego).

Celebro mucho el rescate de los mineros chilenos y he visto en mis conocidos una alegría plena en torno a este hecho. Lamentablemente esa alegría no es muy frecuente cuando hablamos de las cosas que pasan en México, este país tan afecto a enterrar sus problemas con la ilusión de que, si no se ven, no son problemas. A veces creo que el génesis de todas las dificultades de los mexicanos se concreta en una palabrita de cinco letras: HUEVA.

GRACIAS.- Tan en la pendeja anduve que olvidé el tercer aniversario de este blog, sucedido el pasado 5 de octubre. La ventaja de este olvido es que les evité a ustedes el típico post "introspectivo" en donde explicaría las torceduras existenciales que me motivaron a abrirlo.

Mejor se los digo de una vez, sin maquillaje, y me evito laberintos: Yo abrí este blog para encontrar un lugar en el mundo y para que me quieran (más). Hacemos las cosas que nos gustan para eso, -creo-, para darnos un lugar en la extensísima incertidumbre (y para que nos quieran [más]).

Por más controlada que creamos tener nuestra vida, la mera neta es que cada minuto es un memorándum de extravío. Entre otras pocas cosas este blog es para mí una guía que me ayuda a conducir derecho y en ocasiones a meterme en contra con mucho gusto.

Quiero agradecerles a ustedes, mis invitados, las vueltas que se dan para acá. Aunque me gustaría no aceptarlo, soy un obsesionado del rating porque nada me entusiasma más que recibir un comentario y cada seguidor que se suma al blog lanza un egocohete a la luna. Me gusta mucho que nos veamos por aquí.

Rolita, por favor. (Algo de Chile, por supuesto).-

martes, 12 de octubre de 2010

Manuel Alexandre (1917-2010)

Patrimonio universal: ¡Dios mío, ayúuuudale!

sábado, 9 de octubre de 2010

Divagancias

Me hubiera gustado que Joaquin Phoenix se hubiera vuelto loco en realidad, y no en versión reality.
Cuando lo vi en el programa de Letterman, todo barbudo, ido, incoherente y greñudo, me dio mucho gusto por él. Gracias a su desaliño por primera vez olvidé que Joaquin es el hermano de River. En mis rankings subjetivos el Phoenix vivo le robó cámara al Phoenix muerto solamente cuando perdió la figura.

Pero resulta que no es cierto, que todo fue un montaje, que Joaquin se dejó la barba y el pelo largo y adoptó carácter de marciano nada más para armar el falso documental I'm Still Here. Ahora se la pasa dando entrevistas rasurado, peinado, bastante enfocado en sus respuestas, muy correcto, de pierna cruzada y la madre. Lo perdimos. Me caía mejor en su versión demente, de teporocho célebre, pintando dedos a los paparazi mientras anunciaba su retiro de la actuación porque ya le daba hueva, echando panza, respirando como crudo congestionado.

Apoyo y admiro el aspecto cavernicolizado. El otro día pasé varios minutos en una librería disfrutando la barba de un Lennon en portada retratado con un lente de alto poder. Me quede ahí, estudiando la marea de su pelo facial, los ires y venires en su bigote y patillas, envidiando lo cerrado de su perilla. Lo mejor de los rescates a presos políticos son las barbas con las que los encuentran, pero luego es una lástima que se rasuren para presentarse en la rueda de prensa porque se quitan muchos puntos. Como Tom Hanks en Cast Away que al final se hubiera quedado con el look que traía en la isla. Hasta Wilson habría odiado lo nerd que se ve sin rasta y sin barba.

Andamos buscando colegio para Mateo y entre nuestras prioridades está la de encontrar uno en donde no nos exijan cortarle el pelo. Tan idiota puede parecer nuestro requisito pero así es. Uno de los pocos colegios que permiten a los niños andar greñudos es también uno de los más caros. Me gustaría pagar por esa libertad.

viernes, 1 de octubre de 2010

Artesanía en piedra

Su cuerpo fue un multifamiliar de enfermedades. Mejor dicho, fue una casa de asistencia cuyos huéspedes eran virus de muchos apellidos. En la blanca azotea de su frente rubia se quedó a vivir una fiebre del sábado por la noche que lo traía ardiendo a él y a las sábanas que lo acompañan en su cama.

Sus tuberías nasales estaba rebasadas; le escurría un moco necio y con resorte, listo para salir como sorpresa verde con el salto mamón que tienen los payasos que son disparados desde las cajas de broma. Las ventanas de sus ojos grises estaban colgadas, y las persianas de sus párpados lucían a media asta. El peor escenario sucedió en el patrio trasero. Allí se posicionó una diarrea speedy gonzález muy veloz para manchar canelos, bastaba una tos, un movimiento leve. El agravio de surrarse con el mínimo esfuerzo.

Tan ocupado estaba Mateo atendiendo la visita de sus gérmenes que no tuvo tiempo para ir al kinder durante cuatro días con sus cuatro noches. Así anduvo por la casa, haciendo proselitismo con sus monos de peluche a base de toses y estornudos y pedos con premio. Su aliento olía a laboratorio, pero el pacientito inglés traía, a pesar de todo, un muy buen humor como si los malestares lo amansaran mejor que las indicaciones de sus papás.

Un día de esos me dijo que iba a pintar piedras de río pero por las carreras de la prisa en ayunas no le puse atención. Al día siguiente me dijo lo mismo: "Papi, hoy voy a pintar piedras". Y yo volví a prestarle una atención delgada, del grueso de un palillo de dientes. "¿Pintar piedras? ¿Qué? Sí, qué padre. Adiós, hijito".

Su artesanía fusiló mi indiferencia. Ayer por la noche en la barra de la escalera la creatividad de mi hijo alineó seis piezas de colección: una rana sonriente, dos orugas (papá e hijo), dos catarinas, y, el mejor, un murciélago. Todos los animales eran piedras de río pintadas, barnizadas y con una que otra decoración en plastilina.

El pequeño obrero tuvo la ocurrencia de regalarme uno de los gusanos, perdón, de las orugas. Me dio la más grande, por supuesto, porque ésa es el papá. Un poco más noche me asomé a su cuarto y lo vi acostado con las manos en posición de oración pero de lado, como si hubiera querido echarse un clavado de flechita antes de quedarse dormido. Le di tres besos bien tronados (no chingaderas) pero no se despertó.

VIERNES MUSICAL.- Más sexy que una batería, es una mujer tocando batería. Ejemplo:

martes, 28 de septiembre de 2010

Veto a la teta

Hace una semana Katy Perry fue censurada del programa Sesame Street porque grabó su cápsula con un vestido escotado (ni tanto, la verdad). No sé si fue o no "apropiado" el vestuario que se puso, pero me llama la atención que la prohibieran pues creo que los niños no hubieran pelado ni su vestido ni sus tetas.

No soy experto en sicología ni en desarrollo infantil, pero entiendo que los niños tienen libido, que son curiosos, que preguntan cosas, que les gusta tocarse (¿a quién no?) y que les apenan y divierten situaciones relacionadas con sus genitales. Sin embargo, no he visto en la atención y menos en la preferencia de Mateo que un buen par de bubis le roben cámara a Elmo.

Es decir, no sé hasta qué punto la prohibición a ver los senos de Katy que decidieron los adultos funciona sólo para los adultos. ¿Qué tanto hubieran comentado los niños el cuerpo de la cantante al día siguiente en el kinder?

Acá en México y en otros países las mujeres que se convierten en estrellas infantiles sirven para entretener tanto a los niños como a los papás de los niños gracias al vestuario de corte teibolero-kids que usan, con estrellitas, lunitas y colores pastel, pero con un look que "viene siendo" medio zorresco al fin y al cabo.

Tatiana, Lore Lore, las infra Muñequitas, las Gemelas Abuelitas de Ivonne e Ivette, la millonaria reciente de Patylu, Xuxa, las prehistóricas de TVO... etc, todas estas mujeres le cantan o le cantaron al chorrito que se hacía grandote (sin albur) vestidas en minifaldas, shorts muerde-nalga, medias de rombos, pantalones pegados, tacones altos y chichi operada y barnizada con brillitos. Y los papás aplaude y aplaude. Eh, eh, eh...

Nada de lo que escribo es queja. Este post no quiere servir pa' nada ni quiero criticar a nadie y menos señalar una doble moral gringa o mundial porque soy el primero formado en esa fila. Qué güeva.

Sólo quiero escribir que me llamó la atención el veto en contra de Katy Perry porque se me hace más difícil explicarle a un niño la razón del veto, que explicarle que las mujeres tienen bubis y que algunas gustan de exhibirlas más y que esa coquetería se vale porque representa una de las maravillas que aún quedan en este mundo.

A mí Katy Perry me cae muy bien y su sketch se me hizo divertido.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Yo sólo sé que no soy yo

Desde hace algunas semanas brinca como títere el monito sonriente éste de acá arriba como parte de una publicidad de messenger. Así, llanamente, confieso que cuando lo vi me culié de la risa; es decir, me asusté del parecido que tengo con él al mismo tiempo que solté una carcajada. Es que de veras, véanlo bien. Incluso lo vistieron con un traje igual a mi traje "Lágrimas y Risas" que lo mismo uso para bodas que para funerales. Juro además que tengo una corbata plateada idéntica y que en algún año no lejano usé el pelo similar. La ilustración tiene los ojos profundos que manejamos los ojerosos natos y una barba que tanto a él como a mí nos acercan al look de Cepillín. Una amiga me dijo que estoy cerca de ganar un concurso de parecidos organizado en Facebook. Qué padre.

VIERNES MUSICAL.- Va una canción de gemelos idénticos aquí. Buen fin de semana a todos.

martes, 21 de septiembre de 2010

Insomnio albóndiga

No les puedo ofrecer las coordenadas exactas de donde estoy porque no las conozco. Hace unos días me envolví en una bolsa de escombro y me traje hasta acá con los ojos vendados. Durante el recorrido a ciegas por varias cuadras yendo de izquierda a derecha apenas pude reconocer olores que me parecieron familiares hasta que mi entusiasmo cayó en coma. Escribo esto desde un lugar de mi conciencia que no me gusta. Fui secuestrado por un mí mismo malcriado que se ahoga en tubos de ensayo y en los minivasitos que te dan en Wendy's con los que puedes hacer muffins de catsup. Afuera de mí está ese mí mismo púber que no ha aprendido a resolver conflictos minúsculos como la bien vista eutanasia a insectos invasores ni a repeler las culpas de una moral intranquila. Me secuestré y me encerré en una habitación con espiral descendente. La quiebra, las lluvias, tanta pinche mala noticia, mi casa disfrazada de gotera para halowín y todas las preocupaciones de chimpancé que traigo hechas un enjambre en la cabeza me han borrado de un manazo las ganas de estar bien. El delito es practicar ese deporte tan mío de inventarme jorobas para que ni la camisa de once varas me apriete. Masoquista profesional, aunque amateur de nómina porque no le veo ganancias a esto de sufrir de oquis. ¿Trabajo en una mina? No. Entonces por qué el gusto a la autoflagelación que nomás sirve para que te tengan lástima. Más idiota aún es creer que la distancia resuelve la alquimia imposible de convertir mis defectos en un espejismo igualmente idiota: obtener la percepción en los demás de que soy una persona virtuosa, pero desperdiciada.

Hice de la inmadurez un templo en donde le rezo a mi mártir mío de mí; decidí que las personas que admiro no me conozcan tanto porque tengo tanto pinche miedo de ser tan interesante para ellos como lo es el rechinido del columpio (no el columpio itself) que en este mismo instante pone la piel de gallina a la vecina delicada, misma que no puede morder un durazno porque siente que encajarle los dientes a la piel de la fruta es como masticar un cojín de terciopelo. El domingo me di varios puñetazos en la mandíbula emulando a Edward Norton en aquélla película en donde se vuelve loco frente a una copiadora. A la fecha siento moretones pero no logré convertir mi alter ego en Brad Pitt. Al día siguiente, una hora en el tráfico me hizo construir en la imaginación la fantasía de mudarme a Nueva Zelanda. Me imaginé allá, rentando una de esas casas de madera color turquesa con vista a un mar de horizonte esférico. Me vi yendo a pata al mercado, renunciando a la criada y lavando mi ropa inyectando centavos con reinas impresas que no conozco en una lavadora de centro comercial; me figuré haciendo todas esas "incomodidades" placenteras que tienen las civilizaciones realmente civilizadas. Todo lo que me esperaba en Nueva Zelanda era mejor que pasar una hora en el carro zixagueando entre baches y pendejos. Pero luego pensé que la primera persona que me recibiría en el aeropuerto de Wellington sería el mí mismo malcriado que tengo (o que me tiene). Entonces, ¿para qué ir tan lejos si uno siempre se lleva pegado a sí, como equipaje cutáneo? Yo los invito a que pase lo que pase no olvidemos el sabor de las mandarinas aunque cuando preguntemos por ellas el señor del HEB nos haga sentir fuera de temporada.

Escribo esto la madrugada en que Maga cumple años, (¿aplica en las mujeres ese lugar común de llegar a la edad de Cristo?). También hoy es el santo de Mateo y yo celebro un año desde la última vez que me rasuré. Dice Lupe que regularmente empiezo escribiendo denso pero que termino luminoso, u optimista. Ahora no sé cómo terminar. ¿Me despido con una pirueta o con una galletita? Lo mejor será regresar a la cama para seguir horneando insomnio.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Lightning crashes

En vez de dar el Grito de Independencia mejor agradezcamos los partos que nos han hecho felices. Propongo que celebremos los alumbramientos que nos regalaron a la gente que queremos, que nos hace reír y que nos reconoce como importantes en su vida. Demos las gracias a las mujeres que algún día pujaron para que nacieran nuestras personas favoritas.

Se oye raro pero, que vivan las señoras que, con grito o sin, expulsaron de su vientre a mis amigos, a mis amigas, a mis papás. También ¡viva, viva! la mujer que dio a luz a Natalie Portman y a la que hizo lo mismo con Germán Dehesa.

No hace mucho conocí a un feto que se hizo niño frente a mis ojos. Hay que creerle mucho a la naturaleza cuando ésta te convierte en papá. A dos meses de cumplir cuatro años, Mateo sigue capitaneando el ranking de mis partos preferidos.

Hay tanta gente que merece nacer.

VIERNES MUSICAL.- Hablando de partos, va esta canción de Live. Buen fin de semana.

martes, 7 de septiembre de 2010

Nunca hemos sido los guapos del barrio II

En Colinas de San Jerónimo jugar futbol era más una actividad para despistar al aburrimiento que para colgarse victorias.
Los goles eran lujos perecederos tanto o más que la luz mercurial que parpadeaba sobre la cancha de cemento seis meses y seis meses no. Las derrotas no avergonzaban a los perdedores más allá de la hora de la cena. A menos que un balón disparado desde una vistosa chilena-chilera azotara la reja que hacía de red, nadie presumía demasiado sus jugadas de acierto. El castigo por no brillar en el equipo era que te mandaran de portero y aun en esa posición era preferible cubrirse los huevos frente a un pelotazo que evitar la goleada en contra. Los goles casi no importaban, se cantaban y se festejaban como si fueran partos de aire invisible, huidos al instante, perdidos en la próxima jugada. Las anotaciones no se gritan igual cuando no hay público que haga coros y como prueba están esos goles profesionales que se meten en un estadio vacío por culpa de algún veto.

Tampoco ninguno de nosotros presumía sus calificaciones. Ser burro era bien visto; fallarle a los libros nos diferenciaba entre la bola, nos ponía en relieve. Era menos madreable reprobar matemáticas que ser la estrellita del salón. Entre mis amigos no había mentes brillantes pero el anormal era Javier el de Menudo quien aguantaba sin esfuerzo promedios excelentes en una escuela de gobierno (a Javier le abochornaba hablar de eso, de sus altas calificaciones pero más de la secundaria de gobierno).

Todavía menos presumible era nuestra moda. Hubo un tiempo de mi vida en que no conocí las marcas ni sus logotipos. Si acaso la palomita de Nike aparece en mi memoria pero sólo como una excepción a la regla heredada de vestirse lo más anti cool posible. En el reino de los cacos no se señala a quien reincide en pecados de estilo y etiqueta. Mis amigos criticaban el pantalón brincacharcos pero te veían feo si traías tenis nuevos. También se burlaban si a la altura de la axila te mapeaba una mancha amarillenta como si alguien te hubiera eructado ahí un fantasma de nicotina. Nos vestíamos a como nuestros papás nos iban colgando trapos y es bien sabido que a los papás de los años 80 les sobraban buenas intenciones para educarnos y mal gusto para escogernos ropa de aguascalientes.

Los amores ni siquiera figuraban en nuestro departamento de objetos perdidos porque ni uno de nosotros tenía pegue. Para empezar, no había vecinas guapas y si hubiera habido no hubiéramos sido nosotros el target de sus feromonas (había una vez un hubiera...). Dicen que no puedes extrañar algo que no has tenido, pero estoy seguro que nosotros añorábamos a las Winnies Cooper que jamás se aparecieron. Si veíamos por ahí un camión de mudanzas inmediatamente preguntábamos si se había cambiado a la colonia alguna niña bonita, pero la noticia era siempre la misma: los recién llegados eran matrimonios jóvenes sin hijos, o con hijos bebés, o con puros hijos varones. Parecía que jamás íbamos a saborear un lipstick.

Entonces, nuestra vida a los 11-14 años consistía en jugar futbol sin demasiada entrega, chafear casi a propósito en el colegio, vestirse con el penúltimo sollozo de la moda y gastarse el semen en un calcetín anhelando que una niña bonita llegara a nuestras calles para que, ahora , su presencia nos motivara a jugar mejor futbol, sacar buenas calificaciones y vestirnos menos peor.

1984.- Ya me gustó meter una canción al final de cada post. Mis primeros dos casets fueron Thriller de Michael Jackson y 1984 de Van Halen. De este último me gustaba mucho "Drop Dead Legs" que nunca llegó a sencillo y que tiene el feeling de "Back in Black" o "You Shook Me All Night Long" de AC/DC, ideales para caminar como un chingón sin el requisito de serlo. Además, es de esas canciones que no se quieren terminar, que se alargan.


jueves, 2 de septiembre de 2010

Homo Ñetus

"Si fueras más fresilla no tuvieras tantas dificultades"
Francisco Escobar T.

¿Quién lo quiere al cochino dinero tener?, cantaba Alex Lora cuando todavía era soltero y manejaba un bigotillo ralo como de miadera de coyote. Treinta años después con el mismo cochino dinero nuestra joya rocanrolera pudo indemnizar a la familia del hombre que su hija Celia mató accidentalmente.

Los bienes sirven para remediar los males, palabras de abogado.

Me acuerdo cuando se decía que la muñeca Barbie era nociva para las niñas porque les metía en la cabeza que la felicidad era igual a estar bien buena, con chingos de ropa y casota y carrote convertible. Luego conocimos a La Barbie en su formato de narcotraficante y ahora a los hombres de 3o y tantos años este sujeto sonriente nos mete a la cabeza una idea: para hacerse de un patrimonio tipo suizo hay que violar la ley. Poner bien tiso al prójimo.

Pero también hay hombres que saben hacer dinero de manera legal. Ah, cómo los admiro.

Mi amigo Paquillo calcula que son entre cuatro y cinco enanitos los que se te cuelgan de los huevos cuando andas jodido de dinero y al mismo tiempo con muchas deudas y pendientes por resolver. Lo peor es que estos enanitos, que son del tamaño de un encendedor bic, te voltean a ver mientras se cuelgan de tu parte noble (que en realidad es bien plebeya) y te avientan una mirada como diciendo: ¿Y cómo chingados piensas hacerle?

Marito, otro amigo enterado en el tema, asegura que los ricos no son felices; son felicísimos.

Yo soy descendiente del eslabón perdido, del Homo Ñetus. En el Paleoceno, me parece, los hombres de la tribu salían con la nalguilla de fuera a cazar búfalos y otras bestias para matarlas, asarlas y usar sus pieles. Mientras tanto, mi antepasado, el Homo Ñetus, tan romántico y perezoso para las cuestiones de la cacería se quedaba en la aldea para organizar torneos de matatena entre las hembras del clan, a ver atardeceres, a hacerle cosquillas a los niños, a contemplar el baile entre el viento y la arena rojiza, a escribir y a dibujar monitos en las cuevas.

El Homo Ñetus es el macho que no sabe hacer dinero. O no sabe hacer riqueza con las cosas que le gustan. Mi estabilidad económica depende del control que hago de mis deudas, no de mi capacidad para hacer billetes. Gano lo mismo que hace muchas, muchas temporadas de lluvia. Y luego me torturo asociando la virilidad con la habilidad de producir y acrecentar el patrimonio.
¿Qué tipo de hombre soy? ¿Proveedor a medias? ¿Cuáles son las expectativas que quiero cubrir? ¿Qué tan mías son? ¿Qué es lo que lamento, el desperdicio de talento o las vacaciones que no me puedo dar? ¿Me quiero vestir mejor o no?

No me estoy cayendo para que me levanten. Sé muy bien lo que tengo que hacer. Ando un poco cabreado porque vengo de pagar en el taller el más reciente resfriado que le dio a mi carro. Algunos miles de pesos me dijeron adiós. Tengo que lograr que regresen a mí multiplicados por dos. Tengo que trabajar más. No quiero aprender a cazar búfalos, pero sí necesito originar mejores recursos haciendo lo que me gusta hacer. Tengo que lograr que el Hombre Ñetus evolucione. Creérmela. Potencializarme. Supermanizarme.

O puedo esperar la próxima quincena y por mientras acomodarme de cucharita con la cobija hasta el cuello. Zzz...

ROLITA.- Cambiando de trama pero no de tema: Se me hacía-hace bien sexy esta mujer. I swear.

jueves, 26 de agosto de 2010

Smells like...

Nosotros que practicamos el pasito de Michael Jackson hasta la ridiculez, que repasamos en la tele los saltos hacia atrás de David Lee Roth, que tiramos la babota con la batería giratoria de Tommy Lee. Nosotros, que envidiamos el peinado de Corey Haim, que (des)conocimos a Jim Morrison por culpa de Oliver Stone, que nos agitamos en el hip hop blanco de Beastie Boys y en el heavy metal negro de Living Colour. Nosotros, que descubrimos la importancia que tiene el bajo en una canción gracias a Adam Clayton y disfrutamos la agrura de una guitarra con INXS.

Nosotros que dijimos di que sí, di que sí, di que sugus, y que emulamos el escape de una motocicleta colgando un frutsi en la llanta de la bici. Nosotros que conocimos el mundo sin sida, sin reguetón. Nosotros lo vivimos, a nosotros nos pasó. Un día oímos Smells Like Teen Spirit y supimos que éramos parte de una generación sin otro himno que el grito armónico de Kurt Cobain ni otra distinción que la de ser la última prole predigital. A nosotros que habíamos sido tan de galleta oreo, nos empezaron a gustar las galletas de animalitos.

Recuerdo como si hubiera sido hoy la primera vez que escuché esa canción. Iba manejando el Atlantic rojo de mi papá rumbo a casa de Gabriel Machuca para hacer una tarea de la clase de Radio. La canción empezó justo cuando llegué a mi destino pero no me quise bajar del carro hasta que se terminó. En ese momento confirmé mis ganas de hacerme un uniforme basado en pelo largo, camisas de franela, suéters rasposos y camisetas a rayas estilo Beto y Enrique.

Pude haber visto a Nirvana en Vancouver en enero de 1994, pero no tuve el dinero para comprar el boleto ni los huevos para conseguir dinero para comprar el boleto. Recuerdo haberme consolado en que otro día, otro año, en otra ciudad los vería en vivo, pero pocos meses después se suicidó la voz de esta generación mía tan mal organizada.

Recibí la noticia de su muerte en los pasillos de la UdeM; no recuerdo a la persona que me la dijo, o si lo vi en la tele o si lo escuché en el radio. Sí me acuerdo que me senté un rato en las escaleras con la sensación de haber sido golpeado en el estómago. Me sentía muy triste, nuestro Ritchie Valens acababa de estrellarse pero en una avioneta muy distinta, con las hélices en forma de escopeta. Fue el día en que nuestra música murió. A varias personas les dije esa mañana que había muerto Kurt Cobain y a la mayoría le valió un poco madre. Al mismo tiempo me sentía ridículo por sufrir la pérdida de un suicida; ridículo y triste.

El 19 de septiembre se cumplen 19 años del lanzamiento de Smells Like Teen Spirit. ¿En dónde nos agarra este aniversario?

A mí me agarra en el momento en que siento que le he devuelto al mundo un poco de la mierda que él me ha regalado; he contribuido al dolor, y lamento en el alma que mis acciones hieran y afecten a los que viven de la puerta para adentro.

Me agarra también asustado porque hace algunos días vi de cerca, muy de cerca, el tránsito ilegal que sustenta el negocio negro que tiene podrida a ésta y a otras muchas ciudades. Temí por mi vida, aborté la denuncia.

Y me agarra muy contento porque los lectores anónimos tienen cara, y me pueden abrazar y me pueden decir que les gusta lo que escribo. Este saludo en forma de párrafo va para Miguel Flores que me reconoció por la barba en una estación de autobuses texana y dice leerme desde hace dos años. Qué chingón.

JUEVES MUSICAL.- Obvio, va una de Nirvana. No es la canción que inspira este post, pero es mi favorita.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Para papás novatos

La primera vez que uno toca la playa cuando va de vacaciones se siente el turista menos bronceado y el más menso de la costa. Con el torso lechoso de blanco, los primeros minutos en la arena anda uno averiguando apenas en dónde están los camastros, cómo se llama el ñor que te presta las toallas y en dónde queda el bar para pedir un cheve.

Toda esa sensación de saberse incluido en una Risa en Vacaciones se acentúa cuando te topas con turistas adaptados y bien bronceados que ya han hecho suya la playa que a ti todavía te parece ajena.

Igual llega uno a la paternidad. Totalmente perdido, en medio de una playa que se ofrece hermosa, pero completamente extraviado. A tu alrededor observas papás experimentados (turistas ya acoplados al mar) mientras tu andas blanco, blanco, gris, gris; inmaduro, tan acostumbrado a tus años de hijo pero tan metido ahora en el equipo de los papás.

Tengo más de tres años caminando en esta playa, en esta paternidad nueva para mí -ya no tanto-, asoleándome a peso, aprendiendo de las mareas altas y de las bajas, hipnotizado con los atardeceres y los amaneceres. Igualmente perdido, pero más con la idea de ir hacia un rumbo a pesar de que éste sea siempre desconocido.

Justificado con esa poca experiencia quiero compartir con los nuevos papás (turistas recién llegados a este hotel tooodo incluido) cinco consejos paternales que espero les sirvan. Les voy a hablar de . Ahí van.

1.- Las mujeres la traen robada; eso es lo más importante que debes saber. Ellas tuvieron nueve meses para familiarizarse con tu bebé y tú que te sientes bien chingón porque firmaste los papeles del hospital y pagaste la bisutería que habrás de regalarle a quienes vayan a visitar a tu hijo/a. La neta es que no sabes nada de ser papá y las ves a ellas como si ya hubieran sido mamás desde que nacieron. No te apaniques con eso, tú aprende a cagarla a tu ritmo, a tu tiempo y espacio. Que tampoco te den (tantas) órdenes, no te dejes; echa a perder cuantos pañales te acerquen y por NINGÚN motivo le alegues o le discutas a tu mamá o a tu suegra respecto al cuidado de tu bebé. Déjalas que te impresionen, sí, ándenles, pero luego ciérrales cordialmente la puerta de tu casa cuando se hayan ido y consulta con el pediatra si tienes una duda fuerte.

2. Déjate consentir por el gremio femenino. En mi colonia de niño era popular el guapo, el chingón en el fut y el que tenía una moto. Pero más el que tenía en su casa cachorritos o gatitos recién nacidos. Las niñas de mi colonia corrían hacia quien sacara a pasear a un perrito, ¡no había mejor manera de ligar que ésa! Aplica esa onda, salte de vez en cuando tú solo con tu bebé a la calle y haz la prueba. Deja que las mujeres desconocidas te digan con la mirada "qué lindo chavo, míralo, anda solo con su bebé", deja que se acerquen a la carriola, que te pidan su nombre. Observa el brillo de sus ojos, el tono ridículo que usan para hablar y acariciar a tu nene, pero, ¡PERO! no te confundas: la estrella es el bebé, NO tú. No te portes como pendejo aunque lo seas; recuerda: no se liga en pañalera porque de papá cuero y admirado pasas a viejo raboverde en un segundo.

3. Acostúmbrate a que en las primeras fotos con el bebé vas a salir con la cara de Bela Lugosi. Bien ojeroso, bien jodido, bien madreado, pero con una sonrisa abierta que no te conocías. Tómate varias fotos si quieres, pero vas a salir de la chingada. Y a lo mejor el bebé tampoco sale con su mejor cara pues todavía está peinado con gel de placenta. Después del mes, cuando en teoría estés durmiendo ¿mejor? y el bebé abra más los ojos, es buen tiempo para comenzar la maratónica e interminable carrera por retratar a tu hijo hasta que el flash aguante.

4. Lo más culero de todo es aprender a ponerle los calcetines al bebé. Bueno, lo fue para mí. Cada que intentaba ponerle uno sentía que le rebanaba sus deditos o que le sujetaba una uña hasta descarnarlo. De hecho, todavía batallo mucho ahora que voy a revisar a Mateo a su cama y tengo que ponerle calcetines mientras dormido mueve sus pies a patadas. No te voy a decir que practiques con muñecas esa delicada tarea de ponerle calcetines a tu bebé, pero te advierto que no es mala idea.

5. Nadie te va a recomendar que disfrutes el dolor y el cansancio, pero yo sí. Cuando Mateo tenía apenas una quincena de nacido, un vecino me recomendó disfrutar la etapa de las desveladas, desmadrugadas y desmañanadas porque se va rapidísimo. Hablo de las primeras semanas en las cuales el bebé llora y se despierta por 15 razones y ninguna de ésas parece la correcta. Levántate a deshoras a prepararle el titi (alias biberón), a ayudarlo a que eche sus gases por ambas vías, a que ronronee en tu hombro ese tamal vivo. En menos tiempo del que puedas hacer conciencia, tu hijo se levantará solo al baño en la madrugada, hará un chingo de ruido, azotará la tapa del escusado, te sacará un pedo, orinará, y se largará a su cama a seguir durmiendo. Y cuando se levante en la mañana, antes de ir a darte los buenos días, prenderá la televisión. Entonces te preguntarás: ¿Y dónde está el bebé?

jueves, 5 de agosto de 2010

Face to face

"I would rather have a prostate exam on live television
by a guy with very cold hands
than have a Facebook page".
George Clooney


Respeto lo que no conozco. Hago un esfuerzo para no tirarle popó a las nuevas tecnologías y/o redes sociales porque luego me pasa que cuando las conozco, me gustan, o peor, me hago adicto a ellas y luego me tengo que tragar mis palabras ofensivas como si fueran un hotdog extra size.

Tengo varios meses puliendo una respuesta que a todos deje contentos -incluido a mí- del porqué no tengo Facebook.
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Los que defienden la utilidad del Facebook me dicen que sirve para reencontrarse con "miles" de personas que hace "años" no ves. ¿No les da güeva eso? ¿Por algo dejamos de ver a esas "miles" de personas, no? ¿Para qué reencontrarlas? ¿No es ya abrumante la cantidad de compromisos que tenemos con la gente que actualmente nos rodea como para comprometernos con la gente del pasado?

Algunos aseguran que esos reencuentros son ideales para hacer negocios porque nunca falta que por ahí te encuentres proveedores, clientes, nuevos socios, etc. Bien por ellos.

Otros usuarios satisfechos señalan que Facebook es una herramienta preciosa para viborear (del verbo voyeur) a la gente y ver qué tan vieja, gorda o buenota se ha puesto aquélla con la que compartimos los tiempos preinternet. Yo aquí sí tengo que doblar las manos y aceptar que se me antoja viborear a toda esa raza que decía que no se quería casar y que ahora sube fotos a lado de los quequitos que mandaron pedir para celebrar las piñatas de sus hijos con nombres revolucionarios.

También me gustaría ver en qué quedaron las curvas de una Gabriela, muy cabronsita ella, que un día en la prepa me mandó a la burguer porque yo "no me daba a desear".

La verdad sí creo saber por qué no quiero tener Facebook. Tiene que ver directamente con una de mis inseguridades más primitivas. A mí toda herramienta que sirve para decirle a los otros: "mira qué chingona vida tengo" me da para atrás.

No me hagan caso, es complejo mío, pero me inhibe esa competencia (que a lo mejor no lo es) por ver quién tiene más "amigos", quién sube las fotos más divertidas, quién se fue a el lugar más exótico, quién acondicionó más paique una fiesta lounge en su patio, quién logró que salga su cara junto con la torre eiffel completa o quién tiene la foto más hipster en su perfil.

Eso me da estrés. Suficientes comparaciones me persiguen como para dejarme embobar por los jardines tan verdes que los vecinos exponen en Facebook no importando si es pasto artificial o del bueno. ¿Por eso le apuesto a la siempre enigmática, mucho más cómoda y menos arriesgada condición de no estar? ¿Me siento inseguro y por eso no tengo Facebook, o tan seguro me siento de mí que no lo necesito? Es pregunta de examen, muchachos.

Rolita
, por favor.

viernes, 30 de julio de 2010

Siesta

..., y el mediodía invitando a esa siesta que había que rechazar
como si dejáramos irse a una muchacha preciosa
mirándole las piernas hasta lo último.
Julio Cortázar en el cuento Reunión

De otros años extraño el apendeje que sucede al despertar de una siesta. Dormir una siesta era dormir profundo en las peores horas de sol con el estómago lleno de fideos en un cuarto de cortinas blindadas a luz menos cero. Entregarse al desconecte sin otra deuda que el cansancio de crecer y luego abrir los ojos con el cielo ya pardeando, con el cuerpo medio sudado y las piernas desobedientes, con la consciencia invadida de un temor frío, de una culpa -muy breve- por ser tan joven y tan güevón.

La siesta es una de mis especies en extinción favoritas. Los consultores expertos en cobrar la hora en dólares dicen que después de 21 días de hacer algo, ese algo se convierte en una rutina, en constante, en hábito, en decreto, en ley. No sé cuantos días llevo sin dormir siesta, pero tristemente ya convertí en una costumbre no hacerlo. Ahora veo como algo poco posible acostarme en cualquier sitio a mediodía para venderme barato al más inútil sueño.

VIERNES AUDIOVISUAL.- Un chavito se barre pero aterriza tarde en la almohadilla; poco antes la pelota ya se había abrazado al aguante de su rival. Out en segunda. El chavito con casco anaranjado se despide del diamante. Poco después el pitcher lanza una bola que conecta con un batazo seco que hace al público aplaudir, incluido Benicio Del Toro que aparece en pantalla masticando chicle con la boca abierta, ojeras y un anillo en el meñique. La toma sepia se abre de espaldas al público para que podamos ver un campo de béisbol iluminado por las lámparas que consiguió una traición piadosa. Tres peloteritos batean a la primera pichada (se escuchan hasta acá sus batazos) y logran embasarse. El rombo se mueve, la casa se llena.

martes, 27 de julio de 2010

Ciudad Susanita

Antier, por primera vez en su vida, Mateo dijo chocolate en vez de "cocholate". Poco a poco, mi hijo comienza a darle buen tránsito a las consonantes y se adapta a la aburrición de lo correcto.

Después de decir chocolate con todas sus letras en orden, Mateo comía papas a la francesa frente a una televisión en donde una ballena era descarnada. El bisturí gigante hacía que las tripas del animal se desfondaran entre chorros de agua salada, pedazos de estómago y grasa, mientras los hijos de los pescadores brincaban en el lomo del cetáceo muerto.

-¿Qué le está pasando a esa ballena?-, preguntó Mateo con la carita hecha un angustiado signo de interrogación.

Como no queríamos que la pixa se enfriara abundando en conceptos trilladísimos de tanatología animal, le pedimos a la encargada del restorán le cambiara de canal. La brutalidad del National Geographic fue reemplazada por un cerrado juego de tenis (6/4, 4/6, 6/6). Terminamos de comer y no pasó nada. Mateo dejó de preguntar.

Ahora los invito a visitar una tira de Mafalda en donde aparece Susanita leyendo en el periódico puras malas noticias: pobres, hambruna, guerras, matanzas, derrames petroleros y toda esa mierda made in human being. Al final de la tira, la agobiada niña que soñaba con casarse para tener muchos hijitos, cierra el periódico y exclama aliviada: "Por suerte el mundo queda tan, pero tan lejos".

Durante muchos años Monterrey fue Ciudad Susanita, estaba como blindada, ciega, distante de ese mundo "lejano" de nota roja generalizada, ajena al fantasma de la violencia que hoy se aparece en todas las casas. Sus habitantes vivíamos más preocupados en clonar modas gringas que en sacar la vuelta a retenes de armas largas.

Teníamos, claro, nuestras vergüenzas de rancho grande: poco arte, pocos conciertos, oferta gastronómica exclusiva de asador, poco criterio (Di NO a la película La Tarea), etc, pero en Monterrey se caminaba de madrugada y se cortejaba en las calles más jediondas sin pensar en el peligro. En otras palabras, el regiomontano de antes podía morir de aburrimiento, pero rara vez de un balazo.

Con excepción del borracho que le guarda un fierro a su compañero de peda, el monstruo pederasta que viola a su hijastra, el calor ojete, sequías, juniors mamones o devaluaciones, los habitantes de esta tierra amontañada no sufríamos mayores sustos. El mundo quedaba tan lejos para nosotros.

Con los años, la tragedia a distancia que Ciudad Susanita leía sólo en los periódicos se metió a la vida de todos los regiomontanos. Invadió el narco, la corrupción nuestra y ajena, el nulo ejercicio de la ley, pero sobre todo nos fue ganando la impotencia, la güeva, el desinterés, el miedo, la apatía, el no saber por dónde empezar y el mejor me largo de aquí porque quedarse es como quedarse a recoger los platos rotos, la sangre y las mesas quebradas después de asistir a una batalla campal.

Dos amigos en dos reuniones recientes me han dicho que ven muy cercana la idea de mudarse y yo no tengo otra reacción que darles la razón. Algún día tendremos que explicar a nuestros hijos los motivos que tiene el hombre para cazar ballenas y descuartizarlas para obtener beneficios comerciales, vamos a tener que hablarles del triste, ¿necesario?, uso y abuso que les damos a los animales, pero peor me parece que un día tengamos que explicarles lo que significa un toque de queda, un secuestro, un cártel, un cuerno de chivo, una granada, una masacre, un moche.

Hay dos escapes. Uno es largarse de aquí, empezar la vida en cero, sacar a patadas la nostalgia, -si la hubiera todavía-, que te produce abandonar el lugar en donde naciste o te enamoraste. El otro escape es internarse en la inocencia de los que dicen "cocholate", pero ese escape dura mientras los hijos crecen, y -lo más importante-, las delicias de la vida no deberían ser un escape que usamos para soportar vivir entre los escombros sangrientos.

Ciudad Susanita está espantada porque el "mundo" se le vino encima. Tan ocupada antes por las apariencias de la siempre fotogénica burguesía, ahora no sabe cómo hacer para vivir entre los marginados que prefieren el dinero ilegal por rápido, entre la injusticia, entre la mota no como esparcimiento sino como negocio mortal, entre los congales, las redadas, las narcofosas, los levantones, las extorsiones, los casinos con club sanduich incluido, el miedo que no anda en burro sino en una Lobo.

O quizá vivimos en una Ciudad Ballena. Nos han pescado. Intereses económicos nos destripan, nos extirpan las entrañas, nos quitan la esencia, la vida, mientras los narcos, los políticos ratas, los expertos en moche, las tormentas tropicales y los ciudadanos gandules nos brincan en el lomo inerte.

Lo pinche-pinche de esto es que ya no le podemos cambiar a la tele y seguir comiendo pixa. El programa policiaco nos incluye en su casting y nosotros no tenemos acceso ni decisión en el guión. Un día nos va a tocar, estamos seguros. El regiomontano actual depende solamente de su suerte. Sea buena o sea mala.

viernes, 23 de julio de 2010

Viernes musical

Es Val Kilmer después de Morrison y antes de la panza. Es una botella de catsup en medio de dos actores gigantes que platican a veces sin mirarse. Es el papá de Angelina Jolie con mullet. Es Paquillo viendo la película sin recargarse en la butaca por los nervios. Es Julio riéndose de Paquillo porque no se recarga en la butaca. Es Ashley Judd con el peor tinte de Macy's. Es Tom Sizemore antes de la pornografía. Es el final de la UdeM. Es Natalie Portman matándose en la tina. Es un don't hesitate. Es la quijada marcada y los dientes grandes de Amy Brenneman. Es la cobardía de mi amor por ella. Es el espanto de Danny Trejo molido a golpes. Es mi casa sin correo electrónico. Es Henry Rollins de guarura. Es una desafortunada parada antes de tomar el avión para perder a la chava y ganar la muerte. Es Régulo poniéndose la corbata antes de salir a jalar. Es un departamento sin muebles frente al mar. Es un crudo en la oficina. Pero, sobre todo, es Pacino acercándose a De Niro para tomarlo de la mano. Es un avión, -o el efecto de un avión-, que pasa sobre ellos. Y luego son las letritas blancas en fondo negro de abajo arriba.

jueves, 15 de julio de 2010

Paleta

Llegó al parque una niña de pelo largo con dos paletas, peleándose a lengüetazos con el fenómeno del escurrimiento. Enseguida, la abejita sangre de mi sangre se le acercó para hacerle plática, aunque por debajo de la plática lo que quería era una paleta.

Mateo le decía a la niña: -¿Y esas paletas?, ¿quién te las dio?, ¿me das una?, hay que compartir, ¿me das?- Pero la niña de pelo largo hizo de sus oídos dos gárgolas sordas donde rebotaban las indirectas estériles de mi primogénito. Ella chupaba y chupaba sin ponerle atención a Mateo que le brincaba en círculos como si fuera un tiburoncito con pies girando alrededor de su presa, esperando recibir una limosna glacial. Mi hijo es de cara chica pero a la distancia, digamos unos 15 metros, me quedaron bien definidos sus gestos de impotencia, de antojo, de sed de hielo y jarabe, de frustración.

Estaba claro que la niña de pelo largo no le iba a dar ni una lamida, ni un sorbo; por eso volé hacia mi casa como papá cuervo que soy y del congelador saqué una paleta de fresa que luego entregué en la puerta del parque a un Mateo excitado de contento. Ahí se estuvo tranquilo el pedazo de caos un momento, literalmente congelado, domando la paleta con disciplina hasta que su boca colorada topó con un lonja de fresa y entonces ya no le gustó y me la devolvió exigiendo una de limón.

Y que me regreso al congelador, también volando con mis alas negras, pensando en que a los niños no les gusta la fruta incrustada en sus paletas, que para qué se la ponen, que era más fácil antes cuando la comida chatarra era chatarra y no tenía aspiraciones de ser sana; era más simple la fórmula de hielo, sabor artificial y caries. Volví a Mateo con una paleta de mango que ya no hay de limón y él se quedó otra vez helado, absorto y absorbiendo a un millón de años luz lejos de la niña de pelo largo. Por encima de su hombro derecho vi un columpio rojo vacío fuera de foco. En primer plano tenía la cara chica de Mateo, que destrozaba a mordidas una estatua amarilla y fría.

martes, 13 de julio de 2010

jueves, 8 de julio de 2010

Alex V

El sol salió con cara de yo no fui y el gobernador de yo tampoco. El lodo muda en polvo, las calles en terracerías. A la humedad le gusta chingotearme la nariz hasta que estornudo. ¿Traes gripa? No, soy alérgico ¿A qué? A las preguntas. Poco a poco cada quién se va tuteando con el caos vehicular que le toca. Todavía hay algunos imbéciles que pitan cuando el semáforo se pone en verde como si los de adelante estuviéramos a toda madre atorados memorizando la placa del carro de enfrente. Nadie pidió un desmadre extra para la ciudad, pero ya está aquí, es nuestro, y se va a quedar mucho tiempo más. En lo peor de la tormenta salí junto con los vecinos a destapar una coladera para evitar que nuestras casas se inundaran y de regreso vi salir por mi puerta una rata oscura que parecía un gato negro de mala suerte. Ni rata ni gato, era Ramona que, motivada por la demencia que regala el encierro, salió en chinga para nadar en la calle. Un jardinero artesano volvió a plantar el árbol que se había caído en el parque pero ya no se parece a Mickey Mouse porque le podó las orejas. Menos follaje, más raíz. La fuga de la ventana fue detenida con plastilina. Queremos creer (¿o creemos querer?) que la normalidad regresa. Mañana será otro día; mañana vendrá otra tormenta.

miércoles, 7 de julio de 2010

Alex IV

Ya regresó el servicio de agua y esa sola noticia es suficiente para llenar de adjetivos y fuegos artificiales este post. Por la mañana, el jed N' cholders me patrocinó una fiesta de espuma que celebré como si fuera un segundo bautizo. Todavía hasta ayer me llamaba distinto; mi barba se encontraba en nivel tres de la Escala B. Marley, mi pelo olía a cuarto encerrado, mis axilas estaban pegostiosas, not to mention del ombligo para abajo. Hoy soy otro, acercáos a mí, olédme. Bañarse a tinazos no es bañarse, por eso habría que organizarle una fiesta a la regadera, hacerle un busto fundiendo joyería en desuso y matar al becerro más gordo para el banquete. A estas alturas de la tragedia entramos en la fase de analizar el uso que tendrá el agua de lluvia que la Maga secuestró en toda clase de recipientes. Mi cocina parece un acuario sin peces, o una sucursal del Santuario de Lourdes, pero nuestro líquido no es bendito ni promete milagros. El verdadero milagro es recibir agua en tu casa abriendo una llave.

martes, 6 de julio de 2010

Alex III

Un retortijón me despertó antes de las cuatro de la mañana y ya no pude dormir. Es más fácil distraer al hambre en la madrugada que al cólico que provoca una caca pujante. Para no darle más largas a la ceremonia, asistí al baño con la compañía de un libro pendiente. Al terminar, apliqué toallita húmeda de bebé para lograr una rasurada al ras. Junto al escusado había una cubeta media llena o media vacía con agua de lluvia. Arrojé su contenido y fue allí cuando comenzó la comedia estilo Capulina: vete, no me voy, que te vayas, que no me voy. Y la popó no se fue. Chingado. Qué mala suerte. Tuve que ponerme mis pantuflas del Hospital Muguerza -herencia y propina de la última vez que usé el seguro médico- y bajé a la cocina por refuerzos. Ahí me encontré a toda la artillería: baldes, tinas, botellas de plástico, cántaros, garrafones y botes de basura llenos de agua. Elegí una cubeta azul copeteada, subí las escaleras escuchando el crunchy de mis rodillas y entré al baño en donde todavía yacía la cena de antier. Levanté la cubeta, la incliné y el líquido salió con furia kamikaze. Su caída provocó un ruidoso remolino de estiércol humano y el escusado hizo una gárgara sostenida hasta que la deyección desapareció. Seis cerillos después el ambiente quedó habitable.