lunes, 21 de abril de 2014

Ahí viene la luz

Mi situación sentimental al día de hoy puede ser explicada como una tropicalización más del ave fénix, o el retorno fortalecido de Daniel Larusso, o la venganza dulce de Charlie Brown.

Dormir en las cenizas y andar neceando para que los violines siguieran tocando durante el hundimiento no fue tan mala idea después de todo.

De algo me sirvió revolcarme en el duelo; aun y que éste permaneció enmascarado los primeros meses.

Me funcionó escurrir todo el dolor, padecer el sufrimiento por goteo.

Poco a poco saqué la añoranza del clóset hasta que no quedó allí nadie más que yo.

Y luego, sin pedirlo ni planearlo, se me atravesó una mujer detrás de una boca...

Lo demás es un secreto.

lunes, 7 de abril de 2014

365 días sin ella

Esto no es una carta de despedida.
No es un folio de nostalgias.
No es un lamento.
No es una acentuación de la sufridera.
No es una señal de humo para que me auxilien.

Es nomás el anuncio de un tiempo que pasó.

Hoy cumplo un año sin ti.
Sin el nosotros. Sin lo nuestro.
Sin el sofá. Sin la luz del buró.
Sin los celos. Sin el cereal de las once.

Trescientos sesenta y cinco días sin destender nuestra cama.
Doce meses sin tu olor a mustela.
Sin esconderte recados con corazones en la bolsa.
Sin hacerte el desayuno.
Sin buscar canas en la espesura oscura de tu pelo.
Sin las lecturas que terminaban en tu suave ronquido.

- Me gusta que me leas.
- Pero siempre te quedas dormida.
- No importa; léeme.

Un año sin dedicarnos el atardecer.
Sin buscarnos la luna.
Sin inventarnos apodos.
Sin hacernos una agenda a modo.
Sin revisar exámenes de inglés.
Sin repasarte los pies.

Te vi hace dos sábados caminando entre tiendas.
Traías una bolsa nueva y unos jeans que sí conozco.
Vestías algo de ahora y algo de antes.
(Se quedan las cosas; la gente se mueve).
Te vi y creo que tú me viste.

Un año sin Zoé, sin Arcade Fire, sin Mariana H.
Sin siestas en la sala.
Sin el ronroneo de la secadora.
Sin lavar platos embarrados de catsup.
Sin películas a medias.
Sin esperarte a que te planchen el pelo.
Sin estrenar metros cuadrados.
Sin arándanos con activia.
Sin marlboro rojos.

Uno año sin el café de los viernes.
Ese tiempo en el que cerrábamos la semana
y abríamos el sábado.
Doce meses sin bendecir la mesa antes de comer.
Sin las ganas sentadas en la silla.
Sin que me duela el hombro por dormir pegados y chuecos.

Un año hablando de ti.
De por qué terminamos.
De por qué se acabó.
...De releer la última cita.

Un año de haber jurado
jamás volver a subir las escaleras
que me conducen a ti.

Pero así como hizo Theodore,
yo también te mando amor en donde quiera que estés.
Salvaste mi vida.
Inauguraste mi punto y aparte.
Te lleno de abrazos, de buenos deseos, de cariño.
Te agradezco siempre.
Siempre te agradezco.

Mañana inicia el segundo de mis años sin ti.
Será otro buen año de estar yo conmigo.
Y mañana, pues ya.
... Pues ya.

ROLITA POR FAVOR.- Ahí estuvimos. Bonito diciembre aquél.


viernes, 4 de abril de 2014

jueves, 13 de marzo de 2014

lunes, 10 de marzo de 2014

Drama King

El otro día que llovió mucho pasé por Mateo a su colegio y traía su paraguas de Cars.
Me la pasé todo el día con él. Pa' allá y pa' acá.
Lo dejé en la noche en su casa y me fui a mi hogarcito.
Antes de dormir hice un repaso mental con lo mejor del día.
En primer lugar estaba el recuerdo de haber visto a Rayo McQueen en el mango del paraguas.
Snif.

viernes, 7 de marzo de 2014

Sor y Ana

Cuando firmas las escrituras compras una casa; pero es hasta que prendes la estufa cuando tienes un hogar. Quien no cocina en su techo tiene apenas un dormitorio; el fuego, el olor de los alimentos, son el hogar. Unas quesadillas producen un nido.

En su más mínima expresión Soriana es un súper, pero también es la oportunidad de reactivar un refrigerador. Tengo algunos meses de dormir en mi departamento pero fue hasta hace muy poco que me preparé de comer. Y desde entonces, ahora sí, allí vivo.

ROLITA POR FAVOR.-


viernes, 14 de febrero de 2014

Equis Valentín

Todavía me quedan ganas de enrollarme en los conflictos del amor de pareja. Aún espero a la mujer que habrá de apendejarme gacho. Me gusta mucho eso de estar enamorado, de pasar el día enredado a unas nalgas, empalagado a un olor, sumido a un tono de voz único, fascinado a un peinado. No le he perdido ni la fe ni el apetito a esa locura por más que haya padecido la imposibilidad de las relaciones humanas.

El amor es una decisión y una suma de coincidencias. Es un derrumbe de químicos. Un ave inasible. La demencia perfumada. Enamorarse es inaugurar un conflicto de espacio porque sólo cabes en el sitio en donde está tu objeto amado. Y luego el mundo se te hace muy corto; el universo se convierte en una cama, una cocina, un cajón de estacionamiento en donde ella te mira como narciso miraba la fuente.

Ya lo he dicho, el amor es una incomodidad, un brusco aprendizaje. Ese lío apenas se suaviza con los adornos que del amor son propios: los besos, los abrazos, la penetración; de otra manera estar enamorado sería una incomodidad muy cruel, sin premios. Menos mal que el trámite viene acompañado de las fiestas de la piel (si no, nadie le entraba).

Yo sí creo. Sigo creyendo. Mi existencia, casi toda, está dirigida a la apetencia de reencontrarme con el amor.
Una vez más y hasta que dure.

OTRA VEZ MATEO.- Mi hijo me ha regalado los mejores fines de semana de mi vida. Crece mi chaparrito. Tengo decenas, cientos, de imágenes suyas. Anoche se puso su mochila al hombro y caminó hasta el carro con el peinado recién bañado y con el andar de quien se translada adormilado. Esa polaroid que retraté en mi memoria, en un acto tan simple, me inundó de ternura. Otro día corrió hacia un brincolín, pero no corrió como los adultos sino como los niños: intercalando un pie con otro en pequeños brincos avanzando como jinete. Se le movía el gallillo del pelo. En ese momento, frente a mis ojos, volvió a saludarme eso que yo llamo Dios.

QUÉ BUENA VERSIÓN.- Un clásico del cuarto de enmedio.