viernes, 1 de octubre de 2010

Artesanía en piedra

Su cuerpo fue un multifamiliar de enfermedades. Mejor dicho, fue una casa de asistencia cuyos huéspedes eran virus de muchos apellidos. En la blanca azotea de su frente rubia se quedó a vivir una fiebre del sábado por la noche que lo traía ardiendo a él y a las sábanas que lo acompañan en su cama.

Sus tuberías nasales estaba rebasadas; le escurría un moco necio y con resorte, listo para salir como sorpresa verde con el salto mamón que tienen los payasos que son disparados desde las cajas de broma. Las ventanas de sus ojos grises estaban colgadas, y las persianas de sus párpados lucían a media asta. El peor escenario sucedió en el patrio trasero. Allí se posicionó una diarrea speedy gonzález muy veloz para manchar canelos, bastaba una tos, un movimiento leve. El agravio de surrarse con el mínimo esfuerzo.

Tan ocupado estaba Mateo atendiendo la visita de sus gérmenes que no tuvo tiempo para ir al kinder durante cuatro días con sus cuatro noches. Así anduvo por la casa, haciendo proselitismo con sus monos de peluche a base de toses y estornudos y pedos con premio. Su aliento olía a laboratorio, pero el pacientito inglés traía, a pesar de todo, un muy buen humor como si los malestares lo amansaran mejor que las indicaciones de sus papás.

Un día de esos me dijo que iba a pintar piedras de río pero por las carreras de la prisa en ayunas no le puse atención. Al día siguiente me dijo lo mismo: "Papi, hoy voy a pintar piedras". Y yo volví a prestarle una atención delgada, del grueso de un palillo de dientes. "¿Pintar piedras? ¿Qué? Sí, qué padre. Adiós, hijito".

Su artesanía fusiló mi indiferencia. Ayer por la noche en la barra de la escalera la creatividad de mi hijo alineó seis piezas de colección: una rana sonriente, dos orugas (papá e hijo), dos catarinas, y, el mejor, un murciélago. Todos los animales eran piedras de río pintadas, barnizadas y con una que otra decoración en plastilina.

El pequeño obrero tuvo la ocurrencia de regalarme uno de los gusanos, perdón, de las orugas. Me dio la más grande, por supuesto, porque ésa es el papá. Un poco más noche me asomé a su cuarto y lo vi acostado con las manos en posición de oración pero de lado, como si hubiera querido echarse un clavado de flechita antes de quedarse dormido. Le di tres besos bien tronados (no chingaderas) pero no se despertó.

VIERNES MUSICAL.- Más sexy que una batería, es una mujer tocando batería. Ejemplo:

5 comentarios:

El Contador Ilustrado dijo...

Invariablemente siempre sorprenden

LEO dijo...

¿Me la aluciné, o te vi saliendo de la kermes de Colinas hoy en la noche? Con la familia, incluido Mateo dormido en brazos.

Mr. Ñets dijo...

Sí, LEO. Mateo se la pasó muy bien en la kermés, pero cayó dormido despuesillo de la cena.

Saludos!

Anónimo dijo...

Espero que Mateo ya este como nuevo!!! Deberìas de presumir las obras de arte a tus seguidores del blog ;)

Brenda dijo...

Ay las @#¢∞“ches prisas matutinas! También me ha pasado. Pero nuestros hijos no tienen rencores porque no les hagamos caso, para ellos somos sus héroes y quieren sorprendernos y amarnos con sus detalles.
Besos a tu pequeño artista para que pronto se recupere y eche fuera esos molestos inquilinos.