martes, 15 de enero de 2008

Infanzzzia

Sólo los desmemoriados aseguran que la infancia es la etapa más alegre y emocionante de la vida. Que yo me acuerde, cuando era niño había muchos ratos aburridos en los que no podía hacer nada porque estaba controlado a lo que dictaba la agenda de actividades de mis papás.

Un ejemplo de momento aburrido infantil: Ir al banco con mi papá. Futa madre, en esos años eran bancos enormes, de filas largas y no había tarjetas de débito ni cajeros automáticos ni dinero electrónico, así que el cliente debía llenar una serie de formularios antes de formarse en la fila. Entre un "no toques nada" y un "quédate aquí sentado" mi papá me dejaba en el sillón de un Banca Serfin que estaba en el Centrito del Valle. Ahí, una de mis "diversiones" era contemplar el peinado tipo té canasta de una señora bien vestida que imagino era la gerente. Para explicarme mejor, la señora se parecía mucho a Margaret Tatcher. Yo no sé porqué sentía que esa ruca me iba a regañar si me movía de mi lugar y también me daba la impresión de que los niños no éramos bienvenidos en esas atmósferas solemnes que tenían los bancos antiguos, nadie te tiraba un pedo, nadie te pelaba y mucho menos había televisión como en algunos bancos actuales. Por fin, ya cuando mi papá llegaba a rescatarme de ese aburrimiento bursátil me decía: "Ya mero nos vamos hijo, sólo deja paso con el Sr. Fulano a preguntarle una cosa..." y madres, ahí se nos iba otra media hora.

Otro ejemplo de momento aburrido infantil: Ir de visita a casa del compadre Nacho. Futa madre, el compadre Nacho vivía en la Colonia Primavera, o sea, nosotros íbamos de San Jerónimo hasta allá a bordo de nuestro Renault 12 color café con leche y para mí era un trayecto enorme y tedioso. Era como viajar a otra ciudad. Llegabas a casa del compadre Nacho y su esposa siempre estaba en bata de dormir, (así la recuerdo aunque no apuesto que sea cierto). Los hijos del Nacho no tenían Atari ni carritos ni nada. Mi jefe se la pasaba con madre allí, se cagaba de risa a cada rato y yo cabeceaba en la sala esperando el ansiado "Ya vámonos". Esas noches siempre terminaban de la siguiente manera: Yo jetón cargado por mi mamá, mi hermana Irene con una cara de fastidio difícil de superar y mi papá alargando la despedida de su compadre en la cochera de éste. El regreso era aún más largo, yo venía acostado en el asiento de atrás y a veces me despertaba y veía pasar por la ventana del carro las ramas de los árboles, los postes de luz, la oscuridad...

Lo peor es que a todas las reuniones que tenían mis papás con sus amigos nos tenían que llevar porque no había con quién dejarnos en la casa. Además era bien difícil hacer amistad con los hijos de los amigos de mis jefes y yo odiaba que me obligaran a jugar con alguien que nunca había visto en mi vida. -"Eugenito, vete a jugar con Memito, ahí a su cuarto"-, me decía la anfitriona, pero invariablemente el pinche Memito no quería prestarme nada y hasta me corría de su cuarto. Entonces yo no hallaba mi sitio, ni con los "grandes" que no me querían ahí cerca, ni con Memito que era reculo para prestar sus juguetes.

Pero, ¿por qué escribo de todo esto? Pues porque ayer le receté a Mateo su primera mañana aburrida conmigo. Pobre, me lo llevé a "dar vueltas", fuimos al laboratorio por unas fotos, a lavar el carro (y hoy llovió, claro) y a Soriana por provisiones, toda la faena la hicimos con un frío de la chingada. Ahí me tienen bajándolo y subiéndolo del carro, abrochándole la chamarrita, poniéndole el gorro, tapándole las manitas, etc. Total pura incomodidad para ambos, pero yo de necio quería pasar una mañana con mi hijo, llevarlo a la rutina ordinaria, que supiera lo que hago un día que no voy a la oficina y que la gente me viera e imaginara lo buen padre que soy porque llevo al niño a todos lados, bla, bla, bla...
Pero la neta es que me dio culpa porque mi hijo se aburrió un chorro conmigo y dudo mucho que antes a un papá le diera culpa eso.

¿Por qué me da culpa aburrir a mi hijo? Porque creo que ahora los nuevos papás estamos muy preocupados porque nuestros hijos no se aburran. Los metemos a estimulación temprana, maternal y kinder desde bebés porque el chiste es que el niño tenga cosas que hacer, se distraiga, socialice y se canse. Nos aterra que el niño se nos aburra en casa y que de grande sea un adulto aislado, un antisocial, un ermitaño.

Además nos da culpa que se aburran los hijos porque hoy en día todo está diseñado para que no se aburran, es decir, los comercios están acondicionados para tener contentos a los niños, cada vez más restaurantes tienen un espacio de juegos infantiles, los bancos tienen televisión, las iglesias misas para niños y los carros sistemas de video para que ellos vean películas mientras los papás se la rayan a alguien en el tráfico. Hasta hay lugares para que los huercos se diviertan haciendo cosas de adultos como Kidzania y Mundo de a Deveras.

La nueva generación de papás padecimos de niños el aburrimiento porque el mundo estaba diseñado más para la satisfacción de nuestros papás y en realidad nadie se preocupaba si los hijos se aburrían. En cambio, ahora, todos acelerados y con un miedo injustificado, queremos que nuestros hijos se diviertan todo el tiempo, en cualquier salida, como nosotros no pudimos hacerlo.
¿No será que seguimos estando bien aburridos y que nuestra única diversión es ver que ellos se diviertan?

1 comentario:

la burbuja de yol dijo...

Eske si es cierto, a nuestros papás les valía gorro si estabas aburrido, o cansado, o no querías ir o algo te daba miedo. pero yo creo que por la edad de Mateo te aseguro que se divertió mucho observando todo y admirando a su papá.