viernes, 28 de noviembre de 2008

Nos casamos con Madonna

Aquella imagen impresa en el folclore de barrio en la que vemos a una ama de casa planchando adentro de una acalorada lavandería mientras la televisión le receta el mismo melodrama contado al revés, contrasta con la postal de la mujer actual que ha delegado las tareas del hogar para poder devorar una temporada completa de Lost en una sentada.

La llegada de una televisión más ágil apuró la evolución de las telenovelas porque el discurso de la niña pobre, pero bonita, que se casa con el tipo más rico de la cuadra, dejó de ser interesante para una generación de mujeres que prefieren jugar al doctor forense para descubrir el tamaño de puñal que usó el asesino confeso en cualquiera de los CSI.
¿Cambió el contenido de los programas porque cambiaron las mujeres?, o, ¿cambiaron las mujeres porque el contenido de la televisión fue modificado?. Ésa es la pregunta.

No es lo mismo haber crecido en los tiempos de Marilyn Monroe que en los de Madonna. La primera heredó la penitencia entre líneas leída como: "No importa que seas hueca si eres bella". Irónico es que la belleza estorbó a que Monroe demostrara tener talento, si es que adentro de esa humanidad tan atractiva lo hubo.

La hermosura ayuda, pero ser sólo un adorno dejó de ser lo más importante para nuestras contemporáneas, primero porque en estos momentos cualquier físico regular o maleta puede convertirse en espectacular con una mano experta detrás del bisturí; y segundo, porque Madonna ha demostrado que la materia gris bien aplicada recorre más camino que una curvada figura sin contenido neto.

Madonna supo ser una "Chica Material" sin parecer idiota o superficial; además se hizo cargo del timón desde el principio de su carrera, ubicando a los hombres siempre como segundones; acaso como donadores, pero ella siempre como la principal en el guión. Esa actitud retadora frente al entarimado machista se tradujo en problemas y vetos, pero también en confianza por parte de las mujeres que en ella vieron que sí se puede sola, (y a veces sola se puede mejor). Al mismo tiempo provocó la admiración, no confesa, de los hombres que vimos con impotencia el nacimiento de la súper hembra. La gatúbela de nuestras fantasías se hizo realidad y debimos pagar los gastos de envío.

Esta Revolución de la Vagina, obviamente, no cabe en el melodrama femenino que las telenovelas promovieron una y otra vez desde los años 70. Gracias a la cantante, ya de 50 años, las mujeres por fin tuvieron la respuesta a la pregunta del Siglo pasado: Sí, se puede ser bella e inteligente.Y también hay que ser un poco "perra", pudiéramos agregar, convocando el ejemplo de esa otra fiera hermosa, Angelina Jolie.

Hace no tanto, quizá 10 ó 15 años la adoptadora de niños más popular del planeta hubiera sido cliente frecuente en la hoguera socio moral, por el imperdonable, para muchos, bajón de marido que le propinó a Jennifer Aniston. Le hubiera ido muy mal, en parte, porque la referencia de infidelidad femenina era satanizada en las pantallas chica y grande, en donde sólo a los hombres se nos daba permiso de ser abiertamente infieles y/o promiscuos.

El cuerno que ponen ellas fue dilatando su culpabilidad a raíz de series como Melrose Place (1992-1999) y fue encontrando su perdón casi absoluto en la reciente Esposas Desesperadas (2004-) y en telenovelas como Mirada de Mujer (1997). Actualmente Edith González es una brava zorra con sombrero que suda las sábanas con varios, -pero sin culpa ni inquisición-, en Doña Bárbara (2008).

En todas estas emisiones, el adulterio rosa sigue siendo un tabú, pero se convierte en un acto justificado y en consecuencia, en un pecado a punto de ser virtud. Por ejemplo, vemos que Gabrielle Solis (Eva Longoria) es infiel porque su marido no le presta atención suficiente o porque está aburrida de su casa de cuento; y su vecina, Lynette Scavo (Felicity Huffman), está tentada a disfrutar un affair con otro hombre porque éste le habló bonito y la hizo sentir importante. Algo tienen de razón, decimos desde esta parte de la pantalla.

Entonces, cuando se justifican estos actos en la ficción, ¿comienzan a ser digeridos en la vida real?. No es imposible imaginar a millones de mujeres del otro lado de la televisión argumentando a favor de sus heroínas infieles, mientras sus maridos se preguntan en silencio si acaso sus -en teoría- abnegadas compañeras querrán imitar algún día lo que tanto aplauden hacia el monitor.

En Latinoamerica, público globero-telenovelero por excelencia, también nace un nuevo tratamiento del instinto femenino. Las mujeres en los programas dejaron de abrazar el modelo sumiso y adoptaron uno proactivo, independiente y en momentos subversivo.

La victimizada que soportaba todo, hasta la negación de ella misma, ahora toma venganza y se convierte en victimaria. Hablo en concreto de la serie Mujeres Asesinas (2005) nacida en Argentina y mal copiada en nuestro país.

La injusticia de género que los hombres habían subrayado a lo largo de los años en las telenovelas, en esta propuesta sudamericana se paga con sangre. La mujer no se deja y toma la justicia por su propia mano, obvio, arriesgando el manicure.
Y no son mujeres desquiciadas, no; son gente común y corriente cuya cólera encuentra reposo con la muerte de su agresor, del machista, del abusador, del patriarca sin méritos, del marido perezoso, del amante mujeriego. Lo escalofriante es que todos son casos reales: la ficción otra vez se queda corta ante la realidad.

Así como sucede con la infidelidad femenina, aquí el asesinato y el crimen hallan no su perdón o su indulto, pero sí una justificación que deja -casi- tranquilo al público que se atreve a concluir un capítulo. Se dicen cosas como: "La pobre Elvira estaba tan harta que la única salida era clavarle un cuchillo cebollero a su marido en cada ángulo de la espalda".

¿Y Blancanieves, Cenicienta, la Bella Durmiente? Ellas, ya aprendimos, viven nada más en Disneylandia, que no es todo el mundo.

Hablar del cambio de rol femenino en los medios de comunicación es entrar en los terrenos de Martha Stewart. Mentira y hasta difamación es afirmar hoy que una ama de casa no puede cambiar una llanta cuando la ex presidiaria y conductora de Martha Stewart Crafts da santo y seña, sin ensuciarse las axilas, de cómo hacer esas agitadas tareas domésticas que muchos hombres encargamos hacer a un tercero (léase albañil) para no transpirar la cerveza de la noche anterior.

Las mujeres aprenden con Stewart cómo levantar una barda, armar un comedor y sanar una tubería, con la misma gracia que demanda instalar betún sobre un pastel. La cultura del "hágalo usted mismo" mudó a "hágalo usted misma".

La televisión de hoy muestra un modelo de mujer que se queda en casa, pero no a tejer o a planchar, sino a remodelar, ante el horror del portador de testosterona que vive en ese techo, quien probablemente extraña el tipo de compañera que le tocó a su padre o a su abuelo, es decir, la doncella fina, pero inútil.

La nueva regla de supervivencia para el hombre es adaptarse a la mujer que se tutea con el encargado de The Home Depot. Hay que tomar muy en serio el arquetipo de mujer que proyectan los medios de comunicación, pues éste refleja el rediseño del rol femenino que hoy se desenvuelve en el mundo. Y que nadie puede detener.
De alguna manera todos estamos casados y/o amanecemos con Madonna.

9 comentarios:

Lupita V dijo...

hoy si desmenuzaste a la mujer hasta el hueso
un abrazo

Canalla dijo...

"De alguna manera todos estamos casados y/o amanecemos con Madonna".
La mía me trata con la delicadeza de Lara Croft contra los malos, y mira como Ellen Barkin en Melodía de Seducción. Serio. Tengo meyo. Saludos

Ave Fenice dijo...

Que filosofia he... Me gusto tu vida segun Yola... jaja si asi dibujara la mia... pero mira que ya me hizo un cuadro de mi hija y yo, con eso me conformo.

Gracias por visitar... Queño

Ontobelli کτγℓع dijo...

Me suena a que intentas congraciarte con alguna mujer que te tachó de machista.

Las mujeres no han cambiando nada. Siguen siendo las mismas imitadoras de siempre. Es muy rara la mujer que aprende y razona por si misma. Son la excepción.

Tanto Marilyn como Madonna se desnudaron para revistas y ambas vendieron sexo. Pensar que Madonna es inteligente por eso es como pensar que las madames dueñas de prostibulos merecian un Nobel por saber hacer negocio con la sexualidad.

¿Qué tiene de intelectual Madonna?

El estereotipo de la Femme Fatal tiene siglos. Sin ir más lejos en México tuvimos a la ridícula Maria Felix.

Las mujeres han sido infieles desde siempre. Es un error pensar que ahora empezaron a serlo por la basura que ven en la TV.

Y eso de que son capaces de cambiarle una llanta a un auto. Yo quiero verlo. Porque las mujeres que conozco con trabajos saben que hay que ponerle gasolina para que camine.

Efectivamente muchas van a tener que aprender muchas cosas, porque cada vez más hombres nos rehusamos a casarnos. ¿Para que desperdiciar la vida con una mujer si se pueden tener muchas y más baratas que una esposa?

Los medios y en especial la publicidad reflejan modelos aspiracionaciales. Pensar que nos tenemos que sujetar a ellos es cederles el control de nuestra vida a otras personas. Eso no es inteligente. xD

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=yl8g8S6F3do

EstrellaE dijo...

jajaja... no creo que las Madonnas sean el común... pero cada día somos mas :P

Chef Herrera dijo...

Madonna es una diosa. Como llegó a donde está, como adquirió el estatus que tiene, cómo y porqué decidió que el padre de su progenie fuera equis o yé, quién le corta el cabello, quien la viste y desviste, quien le saca fotos y la publica cien mil veces en revistas periódicos semanarios y blogs, quien es qué es y qué hace cuando no la vemos, qué importa: Madonna es una diosa.
Hínquense y pidan perdón hijos de puta.

Chef Herrera dijo...

Ontobelli: acertadísimo comentario. En cierto desacuerdo con él, pero tan bueno como para envidiarlo. Una parte de mí quisiera haberlo escrito. El problema es que a mí las mujeres me matan. Me derriten. Serán conflictivas aterradoras hipócritas herméticas inteligentes tontas evidentes seductoras frías o estrictamente lesbianas, son fundamentalmente encantadoras. Yo las dejo hablar y solo las observo. Horas. Les digo que sí a todo. No me importa. Pandora Medusa y Coyolxauhqui; destrúyanme: me encantan.

Mr. Ñets dijo...

A mí me hubiera gustado escribir el segundo comentario del Chef Herrera.