domingo, 12 de octubre de 2008

Aquí entre nos

"No crezca mi niño,
No crezca jamás,
Los grandes al mundo,
Le hacen mucho mal".

Facundo Cabral

Tengo minutos, diez quizá, viendo tu cara entre la luz azul que nos llega desde la ventana y la sombra que gobierna el cuarto. Intento hallar qué parte de tu belleza es mi culpa, y cuál es responsabilidad de tu mamá. Inmediatamente me doy cuenta que no eres ni ella ni yo. Descubro chocantes a los niños que se parecen mucho a sus papás, y que para colmo se llaman como uno de sus progenitores. Tú no te pareces a mí, pero también tienes colmillos de sable. Tenías que nacer hocicón. Sonríes y parece que te has brincado la etapa de los dientes de leche; los incisivos son enormes y cuadrados, macizos. Será por eso que te encanta jodernos las rodillas a mordidas. Aún no sabes pronunciar mi nombre y ya me agarras a mordidas. Eres un caníbal mini toy.

Hoy te senté en mi regazo para mostrarte por enésima vez el video del león que tanto te gusta; nada más oyes que la computadora enciende y pides al "ion, ion" (león, león). Mi placer es observarte cuando tú no me ves. Por eso, cuando te tenía en mis piernas y mientras tú te enternecías con el felino famoso, yo veía tu perfil, tu mazorca precoz, tu encía rosada, tus rizos, tus orejotas; tienes un perfil que no merezco.

Después tuve la afortunada idea de poner mi palma izquierda encima de tu corazón: una bombita de circuito exacto latía fuerte. No es una pendejada decir que a veces a los papás novatos se nos olvida que nuestros hijos están vivos. No es una pendejada, insisto, por eso hay que arrimar las manos a su pecho y disfrutar del pulsito. Me acuerdo la primera vez que lo escuché, pero creo que jamás lo había palpado.

Sigo viéndote dormido, en mute. Despierto tienes energías todo-terreno, pero con los ojos cerrados y la boca hecha moño engañas hasta a Dios. Yo te veo y advierto que seguiré viéndote hasta que te asomes a esa puerta para decirme que ya te vas a tu primer viaje solo con amigos, o a presentar tu examen profesional, o a sacar a algún amigo del bote, o a tu boda; te veré hasta cuando tú no quieras que te vea, intentando siempre hacerlo sin acoso. Mi ejercicio contemplativo durará mientras vivas conmigo y después cuando hagas tu vida. Te veré aunque no te guste.

Dormido dejas callados a los tres tenores (ahora dos), animas al Dow Jones y haces bonita a Lila Downs. Algo debieron hacer muy bien mis bisabuelos, o mis abuelos, o mis padres, para que a mí me viniera tocando el billete premiado. Desde que naciste hay una sopa en mi mosca, hay una paja en un montículo de agujas; desde que naciste camino entre cáscaras de plátano. Ahora cargo tres y cien desveladas severas, pocas ellas por placer, y sé que mañana no será más sereno y que mis minutos serán otra vez tuyos. No me importa, ya dediqué bastante tiempo a mí y logré ser nadie, o sea sí, pero no.

Mañana habrá luchitas, espero que amanezcas descansado para que me des batalla, méndigo rudo mordelón. Apuesto mi máscara, -ésa que me pongo de lunes a viernes-, contra tu cabellera, -ésa que siempre encuentra acomodo y armonía entre tu cuello y tu frente, no importa que llueva, truene o relampaguee-. Mañana, otra vez, en esta casa convertirás en un desmadre el desorden, sólo es necesario que despiertes y listo.

Hijito, te digo lo que le canta la Dúrcal al Juanga: me gustas mucho.

viernes, 10 de octubre de 2008

Drums



Hoy iba a escribir algo muy interesante, pero luego tropecé con el bla, bla, bla, y me dio blablaísmo. ¿Les ha pasado que hablan y/o escriben pura bisutería?. Bueno, así ando, pero como es viernes mágico-musical les dejo esta versión de "Fever" acompañada de Animal, el mejor baterista no humano que este par de ojos conocen. Buen fin de semana.

jueves, 9 de octubre de 2008

La última y... ¿nos vamos?

Tengo una habilidad sorprendente para salirme de la oficina temprano, pero batallo mucho para desprenderme de una buena fiesta.

Este rasgo de personalidad se hizo presente desde mis más remotas pachangas: las piñatas. Sepan que era yo un niño tímido y que me daban miedo los otros niños, verlos en manada, por eso prefería lo que mariconamente hoy llamamos petit comité.

Cuando tenía una piñata llegaba yo todo azorrillado de la mano de doña Irene, me sentaba en donde menos me vieran y ahí me estaba toda la pinche tarde. Escondido sin esconderme dejaba que el día pasara, se iba haciendo de noche y entonces como por arte de brujería comenzaba a divertirme.

Sí, siempre me divertía ya al final, cuando el payaso se había ido, la piñata había sido reventada, las velas habían sido apagadas y las bolsitas habían sido entregadas mano a mano. A poca luz y con menos gente yo me sentía un niño pleno. Era la hora en que pardeaba y la actividad de tronar los globos era bien visto y hasta ordenado por la ñora dueña de la casa. -"Truenen los globos, pero con cuidado"-, nos ordenaba la mamá anfitriona, ¿con cuidado?, como si pudiéramos morir por la radiación emitida del montón de aire encerrado en un globo.

De noche todos los gatos son pardos y todas las piñatas se ponían mejor.

Cuando apenas estaba sudando la camiseta, mi mamá junto con otras, gritaba que ya nos fuéramos, que ya se había acabado todo, que mañana había escuela y que había que irnos a cenar, a bañar, y a la bur. Chin, horas ahí sentado, tímido y cuando estaba el mero bullicio de la fiesta me tenía que ir. Segundos después venía la pregunta obligada cuya respuesta siempre era negativa. -¿Me puedo quedar a dormir?- le preguntaba a mi mamá. Y ni madres, para afuera.

El lobo sopló y sopló, y yo crecí y crecí. Pero soy el mismo: ahora no puedo salirme de una buena peda.

A los eventos sociales, cualquiera, llego calladito, saludando a todos de mano y beso, (según el sexo), abriendo levemente una tecate, discreto, cordial, civilizado. Si no me conocieran hasta me presentaban a sus papás, o a una hermana, qué buena pinta doy, qué clase de ciudadano, qué chulada de tipo. Sobrio soy un modelo a seguir.

Pero pasan los minutos. A veces la música, a veces la plática, pero casi siempre el placer de irme relajando me va convirtiendo en parte del piso, de la mesa, de la pared, de las cortinas y de la familia de la casa. Me siento tan cómodo que ahí me quiero estar toda la vida, o mínimo toda la noche. Cualquier chiste es la neta, cualquier ocurrencia es un tratado, cualquier plan es una augurio.

Don't bother me, I'm drinking.

Si vieran las promesas que le he tenido que hacer a la Maga antes de asistir a una boda, fiesta, carne asada, convivio, camilona o reunión. Ella me tiene bien medido y sabe que padezco de supprimo-celebritas-fobia (miedo a detener una celebración).

-Prométeme que me vas a hacer caso y nos vamos a ir cuando yo te diga-, me implora la Maga en el carro cuando todavía ni llegamos a la casa en donde es la fiesta.

-Sí, sí, no me vas a reconocer, nomás que me hagas una señal con los ojos, tipo mánager de béisbol y yo te entiendo, enseguida me levanto y nos vamos, si quieres ni me despido-, le prometo con los dedos cruzados.

Horas después ahí me verán abrazado de una bocina o de la panza de alguien gritando que ni loco me voy, que ya prendió la bohemia, que me regreso en taxi, que mañana yo cuido al crío, que nunca salimos, que viva José José y Dulce Sarahí, y que la madre. La mitad de la concurrencia en la fiesta (hombres) me hace segunda diciendo que pobrecito de mí, que me merezco una distracción etílica cada semana; mientras que la otra mitad de los presentes (mujeres) apoya a la Maga y me quiere lejos de ahí.

Amiguitos, en la siguiente escena verán a la Maga con cara de sartén hirviendo conduciendo el carro, y a mí, a su lado, con cara de Largo el de los Locos Addams echando pestes porque la noche es muy corta, la vida es muy injusta y mi vieja es muy sargento.

Sufro para salirme de una fiesta. Desde chiquito.

martes, 7 de octubre de 2008

Quema mucho el sol

Más para bien que para mal, nunca sabré lo que se siente tener una menstruación, concretamente hablo de sentir el escurrimiento del latoso sangrado y del "deshecho". Sin embargo, puedo asegurar que he experimentado otros síntomas que vienen incluidos en el periodo menstrual ('periodo de gracia', diría un amigo porque a veces bajo esas circunstancias no-poder-coger).

Amigas, me solidarizo con ustedes, porque a mí también me baja (aunque no sé qué fregados es lo que me baja). Verán, muy seguido me dan cólicos y estoy bien documentado en cuanto a cambios de humor.

Nomás que yo tengo una desventaja: a ustedes les baja cada mes y a mí cada semana, en especial los martes. Éste es un día sensible para mí, de angustias, de miedos, de rechazo hacia el sentido común, pero sobre todo de altas y de bajas en el aspecto emocional. Es un día de encabronamientos sin prólogo. Hoy me atufo o me frustro sin preguntar el qué, cuándo, cómo, porqué y en dónde.

Les daré un ejemplo. ¿Saben qué me caga los martes?, ¿lo saben?, pues muy sencillo, me caga la mamonería, y peor, el montaje para convertir un evento sencillo y ordinario, en un acto pedante.

Es decir, tú puedes prender un cigarro, pedir la hora o andar en bicicleta, pero si eres un mamón (o quieres serlo) entonces prenderás un cigarro, pedirás la hora y andarás en bicicleta como un perfecto mamón. La mamonería se nota de lejos, como la regla en un pantalón blanco. Pero la mamonería montada (ensamblada, planeada, premeditada) se nota más, como un tampón en medio de una tanga.

Miren esta foto de Brad Pitt paseando en bicicleta por Nueva Orleans. Es de una mamonería rebasada. Lleva gorro, lente oscuro tipo insecto, candado pedorro, una libreta con una estampa de Barack Obama y camiseta blanca debajo de la camisa limpísima (como las usa Obama). La bici es de manubrio retro, Pitt trae un pantalón negro ceñido y el temple que usó en Leyendas de Pasión, estoy seguro que el asiento no huele a ano como el de cualquier otra bici, no, no, no,... ¡es una mamadota!.

Qué casualidad. El actor no pasea en un parque grafiteado, olvidado y negro, como tantos hay en esa ciudad. No suda, no está sopeado, va en medio de la calle en un país que tiene muchas ciclopistas. Tampoco lleva casco en un país donde hay miles de policías esperando multarte a la mínima violación del reglamento. Es una foto que quiere vender la idea romántica del actor-galán-altruista que se pasea libre en una ciudad azotada por la pobreza y por los huracanes con la imagen de un candidato presidencial ya convertido en el nuevo mesías capitalista.

Me imagino a todos(as) los nacos(as) en el el Starbucks diciendo: "Cuero, ésos sí son hombres completos, me encanta, pinche Angelina que se lo desayuna entero, qué huevos de hombre, ¡viva su cutis empinado!, qué bien se ve en bicicleta, ¿no querrá un bebé mexicanito ¡yo se lo hago!..."

Claro que Pitt está consciente de la presencia de los fotógrafos, lo imagino enderezando su espalda, guardando el equilibrio, poniendo cara de ausente, de "interesante", pensando que nomás se da otra vuelta y se va a la alberca a tirar hueva, saboreando su próxima torta de roast beef, añorando las nalgas de Jennifer Aniston. ¡Ah!, pero nosotros vemos en él a un "ícono". Bullshit.

No me mal interpreten, me cae bien Brad, algunas de sus películas son buenas y hasta llegadoras, sé que está metido en proyectos humanitarios, sus hijos están con madre, tiene buena greña... pero le encanta pegarle a la mamada y eso a mí , en martes, me surra.

Hagan a un lado su evidente galanura y descubran detrás de ella la mamonería que nos quieren vender. No es envidia, me vale pito él y toda su vida, pero no tolero esta clase de fotos, y para colmo las subo al blog, eso sí es masoquismo del bueno.

No me hagan caso, ando en mis días (mi día), es martes.

lunes, 6 de octubre de 2008

Espejismo marital

Cuando te casas se supone que sacas a tu mujer de casa de sus papás.
La realidad es que ni después de la boda sacas la casa de tus suegros del corazón, de la memoria y de la mente de tu mujer.
No es queja. No es malo, no es bueno, parece trabalenguas pero no lo es, simplemente sucede como un estornudo. Shit happens.

viernes, 3 de octubre de 2008

Primer aniversario

Hacer amigos en el karate es in-te-re-san-tí-si-mo. Por lo regular son gente noble, discreta, un poco geek, que llega vestida de civil, se mete a un baño-vestidor y sale de ahí cristalizada en Van Damme. Son gente a la que nunca le harías daño, pero con la que te tienes que agarrar a puñetazos en el entrenamiento. Si tú no les pegas, ellos lo hacen. Entonces, bajo el manto delgado de que lo que estás haciendo es un deporte, y más, un arte marcial, le repartes golpes y patadas a gente honrada, de bien, antes de que ellos te sorprendan y te empinen la dentadura. En el dojo la furia se somete a las reglas de combate, y el que se enoja, allí sí, pierde.

Tengo un compañero karateca que es gastroenterólogo. De día viste una bata blanca en el hospital, y de noche un karategui blanco en el dojo. Allá trata malestares en el esófago, estómago, intestino delgado, páncreas, recto, hígado, intestino delgado y colon. Todos esos órganos que en los libros de la SEP se veían muy bonitos, bien coloreados, pero que ya en vivo se han de ver asquerosos. Y más si están llenos de caca y ácidos.

A veces, antes de que comience la clase en la que nos agarraremos a fregazos sin enojarnos, mi amigo doctor me platica que muchos de los malestares que él trata en los estómagos de sus pacientes están originados por estrés o por complicaciones emocionales. Según él, lo que sentimos afecta directamente a nuestro estómago, casi con la misma prontitud que la comida que nos metemos. Mi compañero ha descubierto que más que un gastroenterólogo lo que la gente que sufre de la pancita necesita es un psicólogo o un par de orejas ajenas.

-Mucha gente lo que quiere es que la escuches, y al poco tiempo desaparece el malestar-, me dijo una noche. Y luego me metió un patadón en el abdómen.

Rescato esta anécdota para explicarles que yo abrí este blog hace casi un año para poder ser escuchado. La verdad no tenía nada importante que decir, pero pretendí aliviarme, hacerme más liviano, gracias al acto de ser oído (leído) por alguien a través de la palabra escrita. Soy un hombre casado, con un hijo, con mis dos padres vivos, una hermana, cuñados, muchos amigos, bastantes primos y tíos, una ristra larga de conocidos y varios millones de desconocidos a mi alrededor. Con todo ese montón de gente sentía que nadie me escuchaba. (El sufrido y joto de Mandibulín es un machote a mi lado).

Para eso me ha servido este blog, para sentirme escuchado. Al principio estaba obsesionado con la idea de tener cientos de lectores, como si mi vida fuera tan relevante como para atraer una horda de fans. Un día le puse un contador automático a la página para averiguar cuántos de ustedes se metían a diario. Lo malo es que el sistemita trababa otras partes del blog, así que terminé por eliminar el conteo cuando llegó a las 5 mil visitas. Además era medio tramposo el sistema porque también contaba los clicks que yo le daba al blog. Es decir, podría amaestrar a Ramona para que le estuviera picando a la tecla toda la noche y en la mañana tendría el blog el más visitado del muuuuuundo. Chaquetas mentales.

Ahora puedo decirles con toda honestidad que ya no me importan los números. Creo que entendí que a los blogs no hay que tomárselos tan en serio, mucho menos a sus autores. Después de todo ésta es solo una ventana en la que pretendemos exhibir el 5 por ciento más atractivo de nuestra personalidad, mientras que el 95 por ciento, o sea la esencia de lo que somos, lo padecen las pobres personas que viven con nosotros.

Un blog es un kit de maquillaje. Lo usamos para embellecer nuestra espinilluda existencia y presentársela radiante a los semejantes como si fuéramos la última tecate de la playa. Es como una carnada para "pescar" solidaridades o enemistades. Incluso los blogueros que se empeñan en decirse a sí mismos que son una mierda procuran que su mierda se vea bien, que se lea bien y que, sobre todo, genere muchas visitas y comentarios. Para hacer exitoso un blog no necesitas tener una vida maravillosa sino una maravillosa manera de contar las cosas planas que piensas o que te pasan. (La verdad, poca gente con vida maravillosa necesitaría dar de alta un blog).

Por otro lado, confieso que me gusta mucho que me dejen comentarios. Uno o diez. Todavía es un misterio que, salvo excepciones, la gente que opina es la gente que no conozco en persona, mientras que mis amistades prefieren no dejar comentarios.

El domingo 5 de octubre cumple un año Por aquí te veo. Yo me doy las gracias por haberlo dado de alta, pues creo que el "objetivo" se ha ido cumpliendo, me siento más y mejor escuchado. Muchas gracias a todos ustedes que se han metido a leerme. Como dicen los que se ganan un Óscar: prefiero no decir nombres para evitar que se me olvide alguien. Muchas gracias, en serio. Arigato gozaimashita!.

Y como es viernes les voy a dejar una rolita. La escuché por primera vez durante el verano del año 2000 en Vancouver, Canadá. Vicente Fox tenía pocos días de haber ganado las elecciones y yo me sentía un mexicano orgulloso en el extranjero. Los canadienses me felicitaban por la recién nacida democracia que teníamos. Qué bueno que no he vuelto, para no tener que explicarles que ni Fox ni el Chapulín Colorado pudieron defendernos. La canción es de The Dandy Warhols, se llama Godless y dice así:

miércoles, 1 de octubre de 2008

Elote

Con su crema, su limón, su mayonesa, su mantequilla, su chile y su queso fresco rallado se tapiza el elote. Te lo echas asado o hervido, pero entero, para que al final puedas chupar el agua a la mazorca. Notarás que ese líquido sabe más a maíz que los propios granos. Chúpale pichón, piérdele miedo al albur, y succiona esa agua, como niño, aunque sea nomás para divertirte con el ruido que hace tu boca hecha una aspiradora. Huélelo mientras lo absorbes. Es muy difícil despedirse del cadáver de un elote. Un buen elote no se olvida.

Desesperado para terminar la bendición de los alimentos, Yuyo empezaba a comerse los elotes como si tuviera dos días amarrado. A tarascasos. Sin misericordia, sin el Manual de Carreño en la memoria. A la tercera mordida se olvidaba de los demás en la casa y no quitaba la mirada del objetivo; una vez que su presa quedaba pelona, agarraba otro elote, de preferencia de grano duro, para continuar con el exterminio.

Si aquél mediodía había invitados en la mesa a Yuyo le valía madre, lo mismo se ensuciaba de mayonesa y hablaba y bromeaba con los granos molidos todavía en la boca. Tenía tanta razón, a un elote no se le devora despacio, no hay que dejar que se enfríe; antes de que se dé cuenta hay que dejarlo calvo y sin dientes. Eres tú y el elote, nomás. Su primera venganza es dejarte como un marrano que no puede usar las patas para llevarse la comida al hocico. Pero no importa, para limpiar la zona de combate hay muchas servilletas, o mucha mano, o mucha manga. Su otra venganza es dejarte entre los dientes hebras amarillas y pelos castaños, por eso debes acercarte a un espejo y sonreír, para verte como un chacal o como un vikingo, o como un preso político. El hermano del choclo se come con la boca y con las manos, pero los prudentes se lo sirven en vaso y con cuchara. Aburridos.

Hoy iba a contarles que el domingo fuimos a ver a Manu Chao con todo y Mateo. Iba a decirles que bailé como idiota ("Yo vengo del Ho-yo-yo"), que redescubrí la Huasteca, que amé su explanada, que sudé con la izquierda fresa (o bonita) de México y de Europa. Les iba a subrayar que la vida es más colorida los fines de semana, que se convierte en música, en hijos que corren en medio de un montón de vagos. La vida es también encerrarte en un baño portátil mientras 5 en la fila patean la puerta. La vida no tiene nada que ver con conducir tu carro, la vida es caminar. Hoy me iba a poner romántico y menso, iba a postear todas esas cosas que el domingo vi y viví, pero recordé que antes de entrar al concierto me eché un elote que estaba tan bueno, que tuve que darle el papel principal de esta entrada. Todo lo demás quedó en segundo plano.

Un buen elote te expropia. Lo hizo antes con Yuyo y lo hizo el domingo conmigo.