viernes, 13 de febrero de 2009

Los monólogos de la neurona

Este texto tiene como invitados especiales a dos Julios y a dos Magas. Espero no revolverlos.

Comienzo a escribir sobre Elisa, a quien dediqué tantas canciones. Creo que ya les he contado que ella fue la primera mujer que saqué a bailar y fue también ella la primera que me cercenó el corazoncito. Me enamoré de Elisa un domingo amarillo durante una Kermés del Colegio Mexicano. De inmediato me gustaron sus pecas y su extraña forma de coquetear: en vez de cerrar un ojo cuando se despedía ella encogía la nariz como conejo.

El papá de mi amigo Paco recomienda que para expulsar un amor doloroso lo mejor es imaginar a la responsable del desaire cagando en el baño. Yo estuve tan enamorado de Elisa que aún así, echando lodo, me hubiera parecido atractiva.

Precisamente junto a Paco estaba yo sentado en un bar llamado Rumbos de Luna en 1996 cuando vi a la Maga por primera vez. Aquella noche en la mesa también estaba echando tecate mi primo Julio.

De Maga me llamaron la atención tres cosas: su escasa minifalda, la línea que cruza sus pómulos y el hecho de que ella y su entonces novio, Rafael, hacían una pareja aparentemente perfecta. Esa imagen de la dupla ideal me sedujo y me chocó al mismo tiempo, porque en ese entonces andaba yo que no creía en el amor luego de haber fracasado con Meche en una relación que duró en el intento mil 460 días o cuatro años.

Pocas semanas después de esa noche volé a Francia en busca del mexican dream. En la maleta iba empacada la novela Rayuela de Julio Cortázar que me había recomendado el más querido de mis profesores universitarios y que yo había comprado en una librería callejera de Coyoacán (what a cliché!).

Volé el Atlántico de noche con un espantoso papimami enterrado en las sienes como si fuera una invisible portería de fútbol de mesa. Una vez instalado en un departamento del onceavo distrito de París comencé a leer la novela que sería para mí como una Guía Roji literaria, o un mapa romántico para entender la distribución de la capital. Gracias a la ubicación geográfica urbana en la que se daban los des-encuentros de Oliveira y su Maga, yo aprendí a identificar de qué lado estaba el Pont des Arts, la Rue de Rivoli y Montparnasse.

Durante la noche leía la novela y en el día buscaba los sitios en los cuales se juntaban sus personajes.

Federico y yo pasábamos horas transitando París sobre la superficie porque a él no le gustaba usar el metro y porque había que ahorrar los francos (ahora euros) que no crecen en los árboles del Palais des Tuileries. Masticando un sandwich griego, el andaluz parisino y yo nos preguntábamos si algún día -como Oliveria- podríamos encontrar a la Maga. Caminábamos y jugábamos a adivinar cuál de las ahí presentes era la Maga que describía Cortázar. ¿Era una francesa de cuna snob?, ¿era una turista/inmigrante de bajo perfil?, o, ¿era la vagabunda que cuidaba de un pastor alemán al que le colgaban rastas de mugre en el Barrio Latino?.

Muchas veces quise vivir adentro de una película, pero en aquella época quise hacerlo en una novela.

Siete meses después regresé a Monterrey. Entonces supe que Meche estaba saliendo con Rafael el ex novio de la Maga de los pómulos partidos con la que yo me casaría un lustro después. Nuestras ex parejas habían estado saliendo cuando Maga y yo nos hicimos pareja. Bonito pueblo éste que se cree ciudad pero que evidencia su ADN rural porque todo mundo se conoce y se sabe. En Monterrey si no te fijas bien en el árbol genealógico de tu futuro cónyuge corres el riesgo de casarte con una prima lejana o con la viuda de un compañerito tuyo de la primaria.

Finalmente había encontrado a mi Maga. Yo no le puse ese sobrenombre como capricho para emparentar con la novela que tanto admiro. Así le decían a mi mujer desde niña sus amigas, mucho antes de que yo descubriera en Rayuela a la Maga del Club de la Serpiente.

El jueves Julio Cortázar cumplió 25 años de muerto. El otro Julio, mi primo, publicó ayer en su blog una exacta descripción de lo que significa leer al argentino. Mi primo escribe acerca de su tocayo: "Cortázar fue (es) un autor al que regreso para darme cuenta de que nunca lo he leído. No puedo afirmar que lo he leído. Lo releo insistentemente y siempre me encuentro con algo distinto. La lectura de Cortázar es una lectura errante: sublime".

Cierto. Rayuela es una ola que te tumba siempre desde distintos lados. Es una novela que te quita la memoria pero te devuelve la capacidad de asombro cada vez que la lees.

Regreso a Elisa. Hace rato les platicaba que yo le dediqué muchas canciones antes de hacerme hombre sudando sábanas. En especial le cantaba una de Los Hombres G (La G es de guilty pleasure) que se llama "Hace un Año". Esta pieza es especial para recordar y denunciar rompimientos de miocardio prematuros. Yo aquí se las dejo porque hoy es viernes musical y porque uno es también las canciones que dedica.


15 comentarios:

Cabrón Insensible dijo...

Jaja se me ocurrió algo parecido a lo que dice tu primo desde que mencionaste a Rayuela, yo leí el libro hace varios años siendo más joven de lo que soy ahora, y con el paso del tiempo muchas de las cosas que recuerdo van cobrando significado, algún día me reencontraré con esa lectura y sé que me sabrá completamente distinta, aún así, no es de mis favoritas, errante es la palabra indicada y de argentinos prefiero otros textos de Cortazar o a Borges que, aunque muy diferente, igual de genial (para mi gusto, mucho más).

Anónimo dijo...

Pero que bromitas nos juega el destino... eso del intercambio de parejas casi no pasa =/, tu post huele a 14 de febrero Saludos!Monserrat

NTQVCA dijo...

Buena historia de encuentros, que suerte que encontraras a tu Maga.
Escucharé pues la canción, que bastantes recuerdos me trae también.
Saludos

Jessi Leyva dijo...

que linda la historia..parecia que estaba biendo una pelicula en mi cerebrito..
yo no pierdo la esperanza de encontrar a otra mitad.. o como sea qe se nombre..a esa persona especial...
saludos...

Antonio dijo...

Luego te leo mejor. Buen fin de semana.

A.

Lupita V dijo...

Parece cuentito, pero es la maravillosa vida real!!
felicidadesa ti y a Maga por hacer una comunión de su amor!!

la burbuja de yol dijo...

Esa no me la sabía. que buena historia.
p.d. ya se va acabar el domigoooo :S

Ale dijo...

¡Cuánta magia encierran las historias así!
Y sí, creo que cada vez que relees un libro encuentras siempre nuevos significados.
Me encantó lo que escribió tu primo sobre Cortázar. Sublime.

Muchos Saludos!!

MauVenom dijo...

Interesante post.

Más interesante aún que te hayas salido con la tuya de esa forma. Que la historia haya tomado tan buen rumbo y estés hoy satisfecho. Esa foto de "Dios me quiere" lo dice todo.

Saludos.

Lourdes dijo...

:-) Que bueno que terminaron juntos tu y Maga.
buen post
saludos,

Anónimo dijo...

Me gusto mucho la historia Eugenio. Yo tambien me quite a algunos dolorosos mal amores con el consejo de mi papa....un abrazo desde Dallas.....Paco Escobar

Hattori dijo...

Por eso la realidad a veces supera a la ficción...¿O la vida imita al arte? Quién sabe.


Qué bueno que publicaste esta anécdota, me preguntaba de dónde había salido el apodo de "La Maga", si sería algún código entre ustedes o algo de uso habitual.


Por cierto, me encantan las fotografías de tu blog de novias; rola algunos tips, ¿no?


Besos.

Julio dijo...

Saludos, Primo, suelo leerte seguido, gracias por la mención. Fuerte abrazo a la familia.

David dijo...

Qué buen post, me puso de hartas buenas, y no a medias.

Marco dijo...

grande