Pido perdón a los lectores que les da flojera leer porque este post es medio largo, pero es que amanecí rollero.PRIMERO.- Muchas veces después de aventarme la
orinada de las tres de la mañana regreso a la cama con una
terrible imagen, cuando volteo a la cama y me doy cuenta que me casé con una
cabeza redondita (como pelota de tenis) que apunta hacia el techo con un rictus de
momia.
La
Maga se tapa hasta la barbilla, y entonces toda la cama se convierte en una serie de
arrugas de edredón que forman un arcoiris café cuyo centro es la cara de mi
esposa. No le veo su cuerpo ni las
curvas de su feminidad, solo veo montículos de sábanas, medusas de tela y encima de la torre de almohadas su cráneo de manufactura
peruana. Me siento como esa escena de
El Padrino I cuando un tipo se despierta a lado de la cabeza mutilada de un pura sangre. Yo odio taparme desde que era niño porque en casa de mis papás había unas colchas tan
pesadas que parecían rellenas de pluma de
avestruz y con las que mis pulmones
asmáticos se sentían prisioneros. Por eso me acostumbré a dormir a pelo,
destapado sin importar que haga frío.
En cambio la
Maga es fanática del empalme. Me llama la atención que sin importar cómo esté la temperatura exterior, ya sea durante un verano
asfixiante o una primavera
bochornosa, mi esposa disfruta la
claustrofobia horizontalizada. Cosas de casados, ay ay ay.
SEGUNDO.- Josef Fritzl, el austriaco loco que encerró a su hija durante
24 años y que tuvo hijos-nietos con ella, se aventó una
mexicanada muy buena al decir que si él hubiera querido habría
matado a todos y que así nadie se hubiera dado cuenta y no se hubiera hecho tanto pedo al respecto. Es decir, según este señor un hecho
macabro no es tal hasta que alguien más se da cuenta, por eso digo que su caso y su ideología ejemplifican el mexicanísimo dicho de
"Pena es robar y que te cachen". Los mexicanos así nos manejamos, en lo
oscurito podemos ser bien mañosos y durar así toda la vida. O sea, lo vergonzante no es andar de pedófilo, ladrón, asesino, narcotraficante, golpeador de mujeres o drogo, lo vergonzante es que los demás se den
cuenta. Me imagino que éste es el
génesis de nuestra costumbre a dar
mordida, a cualquier escala, porque dando mordida nos arreglamos en lo oscurito mientras aparentamos ser ciudadanos respetables a los ojos de nuestros vecinos.
TERCERO.- Ya que hablo de
mexicanadas se me ocurre pensar que los
grandes males de los mexicanos se reflejan en las
pequeñas costumbres de los mexicanos. Un ejemplo. Un día fui al
Pollo Loco de Santa Catarina y me encontré con el
pópulo característico de la región: familias grandes llegando en camionetas tipo carcacha-legalizada con vidrios polarizados. Me vale madre convivir con cualquier tipo de escenario social, ése no es el punto, lo importante fue lo que vi después. En estos restaurantes hay una barra en donde ponen salsas, servilletas y
totopos a granel para que los consumidores del pollo asado se sirvan. Me llamó la atención que muchos
padres de familia agarran todos los totopos que sus manos y abrazos puedan sostener.
¡Total, son gratis! y chinguesumadre, aunque no nos los comamos vamos a partirles en su madre a los totopos y de paso al restorán por putos, me imagino que es su lógica. Luego ves las mesas y hay montones (no exagero) de totopos llenos de salsa (que también es "gratis" y por lo tanto hay que aprovechar) que se quedan ahí, humedeciéndose, intactos, nadie se los come, pero el chiste del mexicano es
agandallar cuando se pueda.
Otro ejemplo. Una señora medio
fresa que trabaja aquí se estaba quejando el otro día en el elevador del
cochinero en que está convertido el
Parque de la Huasteca a donde cada fin de semana llegan los
caguameros a echar desmadre con sus grabadoras y a tirar basura entre los mezquites. No puede ser, decía la señora, que el único espacio bonito de Santa Catarina esté en esas condiciones. Alguien del elevador le preguntó que si ella había visitado el Parque alguna vez.
"No, nunca", contestó. ¡Ajá!, así somos los
mexicanos quejosos, nos metemos (según nosotros) a defender aspectos de la patria sin conocer el tema. Nos quejamos de
lejitos, porque así es más cómodo que al momento en que nos pidan nuestra ayuda para resolver los problemas nos hagamos
güeyes. Me imagino a una señora fresa de
Suecia, por ejemplo, yendo a algún parque público de su ciudad primermundista y notar que hay basura. Me imagino a esa señora fresa recogiendo algo de basura y mandando una carta a su
Alcalde para
solucionar el problema. Me la imagino también organizando a sus vecinas para hacer
brigadas de limpieza y exigiéndole al administrador del parque
multas severas a los que tiren basura, así como una cuota
alta para que sólo entren los que puedan cuidar el entorno. Luego me la imagino como
mexicana y la fórmula no me resulta porque aquí se vale la
crítica, pero no la
acción, porque aquí siempre tenemos otras cosas más "importantes" que hacer como acumular
riqueza (poca o mucha) para después gastarla viajando a otros países en donde (allá sí) respetaremos las
leyes y el
medio ambiente.
Un ejemplo más. En los baños de la empresa en donde trabajo hay dos recaditos que dicen:
"Por respeto a tus compañeros, bájale" y
"No tires papeles o chicles en el mingitorio, por favor usa el basurero para eso". Estos mensajes son puestos por el personal de intendencia que ya está
harto de que los que allí
meamos no le bajemos al mingitorio y que éste se quede lleno de mierda amarilla, pelos y chicles que terminan por taparlo. Yo me pongo a pensar que todos los usuarios del baño, se supone, tenemos una
carrera universitaria y recibimos una más o menos cuidada
educación. Entonces, ¿por qué es imposible para nosotros los "empleados educados" bajarle al baño? En primer lugar creo que por el
asco de tocar la palanca que desata el sistema de agua y que seguramente ha de tener una que otra
bacteria urinaria ajena. Lo que tenemos que hacer los que sí le bajamos es accionar la palanca con el
codo que está protegido por la camisa y así evitar el contacto directo con la zona "infectada". Hay otras maneras de hacerlo cogiendo un pedazo de papel para bajarle o ya de plano hacerlo sin protección y luego correr a lavarte las manos con
jabón extra. Lo que me preocupa es que hay algunos que no le bajan luego de hacer sus cochinadas porque saben que los intendentes están ahí para
hacer ese trabajo
sucio y que "para eso les pagan". En este caso nos estamos enfrentando a la
mexicanada más
nociva de todas:
No hacer lo que tenemos que hacer porque finalmente algún otro pendejo lo tendrá que resolver.CUARTO.- Dios quiso que Mateo siguiera siendo el Rey. El bebé que mi hermana está esperando será niña por lo que mi hijo (el más amado) seguirá siendo el único niño-monarca de la casa, hasta ahora. ¿Un pensamiento muy machista?, sí, perdón, pero viva el Rey.