martes, 25 de octubre de 2011

Hace cinco años y un mes

Hace cinco años estaba yo a un mes de convertirme en papá. Sería aquél el último mes que viví al estilo de los individuos sin hijos. Los deshijados. Me recuerdo entonces como un tipo hambreado esperando que su pastel mucoso saliera del horno; un horno en forma de matriz, un pastel en forma de niño.

Acercarme a ese vientre inflamado y escuchar los golpes de "Mateo te Pateo" (alias que tuvo cuando feto) era como sentarme a una mesa servida de platos vacíos con un apetito excedido y escuchar a lo lejos el ruido de cacerolas llenas de pozole. La paternidad próxima me hacía agua la boca, pero al banquete le faltaban aún 30 días de cocción.

Tiene razón Romeo cuando dice que el embarazo dura ocho meses y un año, porque el último mes se te hace larguísimo. La lentitud del noveno mes empeora con la curiosidad inquisitiva de la gente que te pregunta a cada rato que cuándo nace tu hijo. El bebé les urge a los amigos, a los abuelos, a los colegas, a los vecinos, a todos; mientras al papá primerizo le urge entender qué está pasando -obvio, mucho menos capta lo que va a pasar-.

No hubo antes en el mundo una situación, fuga, consejo, vacación, anécdota, trauma, milagro, botella, coincidencia o alegría que me orillara a valorar el presente tanto como la llegada de Mateo. Pero conforme mi hijo ha ido creciendo y se ha hecho niño, he abandonado el sano, pero mal aprendido hábito de vivir en el hoy, y en ocasiones me despego planeando el futuro o me regreso a machetear el no siempre pasado mejor.

2 comentarios:

Nena dijo...

:(
Qué bonito, Mr.!!!
Ojalá el donador que vivió en mi vida se hubiera permitido vivir la maternidad como tú.
Veo que ustedes también lo viven al máximo. Qué lástima que el egoísmo lo haya cegado.
Besos y en un mes a celebrar en grande.
Ele y Juan Pa
http://sailing-nena.blogspot.com/

Kózmica dijo...

Hermoso!

Transmites tanto amor con tus palabras que me dejas sin habla.

Un abrazo para ti y otro para Mateo