viernes, 29 de febrero de 2008

Días extraños

¿Quién le dio permiso al 29 de febrero de entrar?, ¿qué se hace un día que a veces existe y a veces no?, ¿de qué privilegios gozan estas 24 horas para salir y entrar del calendario cuando les da la gana?

Este día se me figura como la ex novia aquélla que luego de desaparecer por algún tiempo toca al timbre de tu puerta con un mocoso de cuatro años y te dice sin saludo previo: "Mira pendejo, éste es tu hijo". ¡Bofos!

Como hoy es un día metiche y convenenciero me han estado pasando cosas extrañas. La primera tuvo que ver con mi aparato digestivo que me dio una desconocida como de dóberman. Les platico que no eran las siete de la mañana cuando ya me había sentado en el trono cuatro veces; no sé si fueron las cinco tecates que borré ayer vía oral o los tres tacotes sonorenses que acompañaron la ingesta alcohólica, pero mi panza estuvo en constante desalojo. Horrible.

Supongo que el torrente intestinal se originó también porque tuve la ocurrencia de acompañar mis tacos con ese pico de gallo al que le ponen piña en trocitos que sirven en El Rincón Sonorense, del Centrito. Esa salsita es una chulada en la entrada pero un viacrusis en la salida.

Sí, pasé toda la madrugada en el baño, y la Maga nomás chistando los dientes, porque además de padecer digestión lubricada, tengo la bonita desventaja de tener rodillas y tobillos chillones que truenan cuando camino, principalmente si alguien está dormido a mi lado. Entonces tengo que desplazarme por el cuarto como si me estuviera paseando en la superficie de la luna, como flotando, según yo para que no me truenen las articulaciones, pero éstas más ruido hacen.

Lo bueno de todo esto es que amanecí con el vientre plano, limpísimo y desintoxicado, aunque con el aposteriori muy dañado.

Otra cosa fuera de lo normal que me pasó en este 29 de febrero tiene que ver con mi trabajo. Parece que mi jefe se enteró de la existencia de este blog (yo te lo juro que yo no fui) y me propuso crear un nuevo producto de blogs para el periódico donde trabajo. Yo me encargaría de editar y administrar los textos y contenidos de mis compañeros y de darle un rumbo a la información que allí aparezca. ¿No es fantástico?

Nunca pensé que este medio me diera la oportunidad de crecer, pero resulta que sí. El proyecto aún está por definirse pero por lo pronto mi mente está ocupada en pensar cómo hacer algo muy chingón. A ver qué sale, como dijo el partero.

Bueno, volviendo a lo que al principio decía: hoy es un día que no existe, un día en que por lo menos deberíamos hacer cosas extraordinarias sin el temor de que queden grabadas en el calendario. Hoy es un día tan poco real que el gran Bob Dylan va a tocar esta noche en mi ciudad. Así de piratas están las cosas.

miércoles, 27 de febrero de 2008

De racismo y toros

El martes me desvelé viendo un programa muy interesante que narraba la historia del racismo. Vi unos casos horripilantes de matanzas de gente en África e India por parte del Imperio Británico y por otros países explotadores de Europa. A lado de estos casos, el genocidio nazi de la Segunda Guerra Mundial en contra de los judíos parecía corto. También pasaron el periodo en que el Ku Klux Klan se encargó de asustar, torturar y matar a un buen número de negros en Estados Unidos.

Un caso en particular me quitó el sueño. Se trataba de un chavito negro enfermo mental como de unos 20 años que fue detenido por la policía bajo sospecha de asesinato. Luego de un improvisado juicio de una hora fue encontrado culpable y las autoridades se lo dieron a la gente para que lo lincharan. Al pobre lo encadenaron, lo golpearon, le mutilaron los dedos de ambas manos, lo castraron y le prendieron fuego aún estando vivo. La brutalidad duró varias horas. Al final su cuerpo carbonizado quedó unido a lo alto de un poste de madera para que la multitud "disfrutara" viendo al negro asesinado de una manera espeluznante. Lo peor del caso es que este hecho está documentado con fotografías en donde aparecen familias (¡sí, niños incluidos!) observando con gusto el cadáver de la víctima.

Comparé esa triste imagen a lo que pasa en las corridas de toros, cuando el torero, con orejas y rabo en las manos, le da vuelta a la plaza muy orgulloso para recibir los aplausos de la gente, mientras el cuerpo ensangrentado del toro es recogido y arrastrado para afuera del recinto. Sí, para mí el racismo y la "fiesta" brava se parecen en eso, ambas celebran y premian la violencia y rebajan a los seres humanos como seres detestables que gozan del martirio y de la muerte.

Antes de seguirle, debo aclarar que hay gente a la que quiero y respeto mucho que disfruta de las corridas de toros y que lo que aquí digo no es en contra de ellos, pues cada quien puede tener los gustos que desea. Pero así como les doy a ellos la libertad para que les guste algo que yo repruebo, también me doy a mí la libertad de explicar porqué a mí las corridas de toros se me hacen una versión glamurosa de los linchamientos.

Hay argumentos para defender este "arte" de matar toros que simplemente no acepto. Por ejemplo me dicen:

"La corrida de toros es muy interesante porque se trata de una lucha limpia entre el hombre (torero) y la bestia (toro) bajo circunstancias iguales". No mamen, eso no es cierto. El toro lleva todas las desventajas porque para empezar tiene a miles de personas echándole porras al torero y no a él, además lo pican varias veces con banderillas y con estacas para quitarle fuerza y para dejárselo más manso y más menso al torero, quien muy "valiente" corre a protegerse cada vez que la caga. Además el torero viene bien dormidito y bien comidito, a lo mejor hasta se cojió la noche anterior a una vaquerita bien buena y en cambio el toro anda hambreado y ha estado encerrado durante mucho tiempo, está asustado y tiene todos los pronósticos en contra. Si fuera una lucha limpia entre los dos, la mitad de las corridas terminaría el torero cornado, pero no, casi siempre el muerto es el toro.

"La tipo de toro que se usa para corridas es una especie que se cría precisamente para ser toreado". ¿Qué significa eso? O sea, ¿los reproducen y los alimentan nomás para matarlos de una manera tan ridícula?, ¿ya nomás porque son "especiales" para ser toreados no sienten o no sufren o qué? Yo no sé a ustedes pero eso a mí se me hace muy contradictorio.

"El torero es un hombre valiente y digno que se enfrenta a la muerte en beneficio de un arte". Para empezar un güey que se pone esos trajes tan apretados parecidos a los que usan las edecanes de Carta Blanca y que además se acomoda los huevillos de lado no me da la finta de ser "hombre valiente". Y si quiere demostrar su valentía parándose en frente de un toro, pues mejor que lo haga a campo abierto, ¿ahhh, verdad que no, culito? Y por ultimo, ¿cuál arte? Se supone que el arte es una actividad que nos eleva el espíritu, que nos hace mejores, que nos inspira los sentidos, y yo no le veo nada de eso a una corrida de toros. Para mí ese circo nos rebaja como especie, nos limita la espiritualidad y nos coloca como cínicos que se emocionan con el sufrimiento de los débiles. El día que yo vea a un torero enfrentándose a un león o a un tiburón, ese día me levanto y le aplaudo.

"¿Cómo puedes criticar las corridas de toros si te comes a las vacas?". Sí soy bien carnívoro, me he comido unas 600 vacas en toda mi vida y unos mil pollos, y seguramente hasta varios tacos de caballo me he echado sin saber. Pero entiendo eso como una ley natural de supervivencia, aunque las condiciones de los rastros y la manera tan cruel con la que matan a los animales para nuestro consumo es también ooootro tema muy delicado. Pero comerme animales para sobrevivir, a matarlos para divertirme es una diferencia muy grande.

Y ya mejor no le sigo porque me ando encabronando y porque muy probablemente ya les di hueva. Adiós.

martes, 26 de febrero de 2008

¿Melones o sandías?

A veces me pregunto si este blog se está poniendo muy grosero, pero luego me contesto que no, que la guerra, la corrupción, el maltrato a los niños y a los animales, y los políticos improvisados que tenemos, eso sí es una grosería mucho más grande y preocupante que lo que mis anécdotas puedan resultar para ustedes.

Entonces me tomo la libertad de escribir de lo que yo quiera, esperando que ustedes encuentren algo de coincidencia y que mis lectoras, incluida la Maga, no me tomen por un "viejo pelado de lo peor".

Hoy tengo ganas de escribir que de acuerdo a lo que nos atrae físicamente de una mujer, los hombres nos dividimos en dos grandes grupos: los de chichis y los de culito.

Yo me di cuenta que soy de culito, es decir, que me atraen más las nalgas que las tetas, cuando mi amigo "El Sebas" llegó de un viaje por Europa, allá a finales de los años 80's. Muy contento este güey me enseñaba fotos de palacios, museos y edificios del Viejo Continente, y de calles que parecían postales. Qué ciudades, qué civilización, qué paisajes, todo muy a toda madre, la verdad. Pero entre decenas de fotos hubo una que me cautivó y que me distrajo de las demás.
Resulta que El Sebas en uno de sus paseos por Suiza, me parece, iba a bordo de un barquito en medio de un lago muy chingón, cuando de repente se le apareció una europea vistiendo legins negros y presumiendo un hermoso par de pompas. Tanto le gustó ese trasero al Sebas que se agachó y le pidió a uno de sus compañeros que le tomara una foto a lado de ese culote. ¡Ah, qué buena foto! Inmediatamente toda Europa me valió madre y le empecé a preguntar a mi amigo acerca de esas nalguitas tan rebosantes y de ahí la plática se nos fue entre caderas y cinturas. Desde ahí me di cuenta de que lo mío, lo mío, lo mío, es el aposteriori y no el apriori.

Pero también hay unos mamilas, como mi amigo "El Peddie" que dice barbaridades como que él es de cuello o de espalda, pero son joterías, porque sé que él es de culito, nomás que lo niega por pudor.

Es importante aclarar que se vale el cambio de camiseta, o sea, que un hombre que es de culito puede un día preferir las chichis y viceversa. Por ejemplo, Paquillo siempre había sido de culito (aunque también le gustan las piernas), pero de pronto me salió con la novedad de que cambió de bando y se convirtió al culto de las bubis. Otro amigo, Marito, es de gusto intermitente, es decir, un lunes amanece de culito y ya para el miércoles es de chichis y ahí se la lleva, campechaneando.
Ahora, ser de culito como yo, no significa que le hagamos el feo a un buen par de teclas, pero la verdad me es indiferente la planicie pectoral si hay buen rebote abajo. A lo mejor si consulto a Freud me dice que mi gusto por el redondeo trasero es una fijación inconsciente porque a mí lo que me falta son nalgas, pues las tengo tristonas. Ni hablar, pero precisamente en eso, y en otras cosas, me complemento con la Maga porque, como diría Juanga, a mí me falta lo que ella tiene de más. ¡Yuuummy!

lunes, 25 de febrero de 2008

Sólo por hoy

Lo voy a decir de una vez, así que pongan mucha atención, ¿listos?, ahí les va: Soy feliz.
En este mundo en donde la queja es un artículo de primera necesidad, que alguien se atreva a declarar que es feliz suena como a arrogante pretensión. Pero yo hoy lo declaro sin pena y sin culpa: soy feliz. No es una la razón, no le atiné al Melate ni me promovieron en el trabajo, sencillamente soy feliz y para sumarle grado de dificultad a este sentimiento tengo que añadir que estoy contento a pesar de que es lunes.

Sé que el estado en que me encuentro es pasajero y que pronto llegara algún aguafiestas (como Mr. Gas o Mrs. Luz) para quitarme la sonrisa y regresarme la cara de "fuchi". Pero por el momento quiero disfrutar que, como diría Fobia, me siento vivo.

¿Cómo se manifiesta la felicidad?, pues para mí es como una inyección de inspiración, es como respirar con tres pulmones porque cuando aspiras el aire sientes el pecho muy grande, te sientes sobrado. Y como no puedo entender la felicidad sin la gratitud, por eso doy gracias a Dios porque hoy (no sé mañana o en un ratito) soy feliz y estoy rodeado de bendiciones.

Ayer hice consciencia de mi felicidad con un hecho bastante equis. Hace 30 años mis papás se cambiaron a la casa en donde actualmente viven. Recuerdo que algunos domingos previos a la mudanza nos llevaban a Irene y a mí a ver los avances de la construcción. -Éste va a ser tu cuarto-, me dijo mi mamá una vez señalando un pedazo de tierra con varillas. Yo llegaba impecable y terminaba empanizado de cemento y de cal porque me gustaba mucho jugar en las montañas de arena, o meterme a los cimientos que siempre estaban frescos. Hasta en los canelos se me metía la tierra.

Muchos domingos fueron eso, jugar en la construcción de la casa hasta empuercarme (mi mamá me tenía que lavar el pelo varias veces para sacar toda la suciedad) y luego rematar el fin de semana en un Danesa 33 echándome un cono doble de uva. Recuerdo que me daba un poco de lástima ver que mi papá no se podía comer bien su cono porque tenía que manejar nuestro Renault 12 y entonces mi mamá se lo "cuidaba" hasta que se nos atravesara un semáforo en rojo y entonces mi papá le podía dar un bajón a la nieve ya escurrida. No lo sé porque no lo decían, pero imagino que mis papás estaban felices de visitar la casa en donde vivirían el resto de su vida. Y les daba más felicidad que nosotros, sus hijos, disfrutáramos tanto el paseo. Luego llegábamos al departamento que rentaban y todo se me hacía chico. Tengo muy presente el día en que nos cambiamos, no podía creer que tuviera mi propio cuarto. Yo tenía cuatro años, una cama matrimonial, un chingo de carritos y una pelota sorianera.

Rescato esta anécdota porque ayer andábamos Maga, Mateo y yo en pleno ocio previo a la entrega de los Óscares. Como no teníamos nada que hacer nos fuimos a echar un rol a los terrenos a lado de la UdeM en donde están fraccionando lo que los mamones llaman "Valle Poniente". Los tres nos adentramos en esa falda de la Sierra Madre aún medio virgen y el atardecer estaba echándole muchas ganas para ser uno de los más bonitos del año. Mateo iba en las piernas de la Maga picándole a cuanto botón se encontraba en el tablero del carro. Aunque estábamos a un kilómetro de nuestra casa parecía que estábamos en otra ciudad, en otra tierra.

Vimos varios tonos de verde y de amarillo en el cerro y la Maga se puso un poco triste pensando en las especies de animales que se habrán visto invadidas cuando empezaron a desmontar la zona. Yo no sé porqué es una actividad muy común ir a ver casas y terrenos aún cuando ya tenemos una casa propia, pero quizá la respuesta está en que todavía soñamos con que algún día viviremos en un sitio así, con esa vista, con ese viento y con ese silencio.

Y entonces se posó en mí la felicidad vestida de esperanza. Una esperanza a progresar, una esperanza a crecer la familia, a crecer el ingreso, a vivir mejor. Pendejadas a lo mejor, pero pendejadas padres. Lo vuelvo a repetir: hoy estoy feliz, ando contento. Hoy me toca ser Flanders y no Homero. Alza la mano si estás gozando, alza la mano si estás gozando...

viernes, 22 de febrero de 2008

Ser un globo

Ser un globo en el aire. Una esfera ligera amarrada a la tierra que escapa al aire porque allí cree que se burla del piso y de los ratones y de las cucarachas. Que se va, pero que se queda al mismo tiempo.
El globo en lo alto reconoce a sus amigos globos que huyen también de la formalidad y de la madurez obtusa. El globo aéreo saluda a los escapistas como él, pero se entristece porque cada día hay más globos cansados que se anclan en el césped o en los brazos de un árbol.
El aire siempre es más amable que un pedazo de concreto. Allá arriba no hay agujas, sólo algunas aves que se asustan cuando lo ven porque creen que al cielo le ha salido un tumor rojo y juguetón.
Abajo, un globo en medio de pedazos de plomo no divierte. Abajo lo espera el mundo real, los acomodados, los entusiastas, los siempre felices motivadores de oficina, los charcos de hipocresía y una montaña de pendientes.
Rebelarse es inútil, risible y, lo peor, señalado. Otros globos que hicieron el viaje te voltean a ver desde abajo y te animan a que desciendas porque allá en el cielo puedes perder lo que en la tierra has logrado. Entonces el globo se baja, se despide de las alturas y regresa a las bajezas, a las reglas del juego que no termina por entender pero que juega para que la foto salga con éxito en la penúltima página del álbum familiar. Ponle play.

De todo y de nada

Antes de empezar, un aviso: hoy cumple 33 años Drew Barrymore, por lo que este blog se declara en fiesta nacional.

Cambiando de tema, qué gacho se siente cuando te quedas con ganas de decirle algo a alguien. Es como quedarte con un trozo de caca en el intestino grueso cuando ya te limpiaste y ya le has bajado al baño. Ahí traes todo el día la popó atorada, pero no te animas a soltarla porque no sabes si es puro pedo o si sí es deshecho. Vas manejando y la caca te molesta el ombligo.

Lo mismo pasa cuando te quedas con ganas de decirle algo a alguien, porque traes todo el día el cerebro lleno de ideas revueltas (excremento ideológico) que no salieron a tiempo.

Por eso es muy malo guardarte una mentada de madre, pues a los pocos minutos ya no sirve. Por ejemplo, si a mí me cierra un ecotaxi a las 2 de la tarde, no puedo a las 2:30 llegar a mi casa y gritar: ¡Chingas a tu madre, cabrón!, porque la Maga, Mateo y Ramona se me asustan.

Y ya que hablo de caca, ¿por qué nos encanta ponerle diminutivos a las palabras que nos da miedo decir?, ¿por qué decimos "caquita", "moquito", "gasesitos"?

A mí no me gusta que digan "negrito" para referirse a un negro, o como mamonamente se dice ahora, afroamericano. Decir negrito se me hace más racista que decir negro, porque decir negrito suena a que le tenemos lástima a la persona. Es como si dijeran "mexicanito", "morenito", "chinito", "blanquito", etc.

Lo mismo pasa con los enfermos mentales, discapacitados, locos o trastornados; hacia ellos nos referimos como "enfermitos", que es una manera de compadecernos por la jodida situación que les tocó vivir. ¿Por qué nos cuesta tanto decir enfermo mental?

Toda esta jalada que escribo (porque no se ocurre otra cosa que escribir) me recordó a aquél diminutivo que al mismo tiempo es inverosímil y poco práctico: "Nomás la puntita, de veras". ¿O ustedes conocen a alguien que sí lo haya cumplido?

jueves, 21 de febrero de 2008

Secsi X

Hoy no tuve un buen día y lo menos que quería era discutir con mi amigo, el necio. Por eso a mediodía me desaparecí de las cantinas en donde siempre me lo encuentro.

Creí que me había salvado, pero cuando llegué a la oficina tenía un post it pegado en la pantalla de mi computadora que decía:

"Tocayo: tú nunca me das la razón y nunca me crees nada, pero yo tengo súper poderes, y si todavía no me crees aquí te dejo la foto de la modelo Abigail Clancy. Me siento como Superman porque puedo ver a través de su vestido, je, je, je...".

Eso decía el simpático recadito.

Y entonces nomás por curiosidad le di un click a la foto y me di cuenta que sí es cierto, a veces los hombres tenemos una vista tan penetrante que podemos traspasar la ropa de las mujeres.

Ni modo, esta vez mi amigo, ése que se llama como yo y que nació el mismo día que yo, tuvo razón.