Algo parecido sucedió antier.
El fin de semana pintaba estupendo hasta que saqué la carriola de la cajuela con más brutalidad que técnica y logré, sin mucho esfuerzo, desmadrar el mecanismo con el que se cierra. Amiguitos: ¿Han intentado cerrar una cajuela que no quiere cerrarse? Es bien bonito: La azotas y la azotas y ésta nomás hace la finta de que ya está cerrada, pero medio segundo después se abre con la misma parsimonia que tienen los campeones rusos de ajedrez. En ese momento sólo falta que desde adentro salga un payasito de hule y te grite: ¡Pendejo!.
Las bestias a madrazos descomponemos las cosas y a madrazos las queremos componer. Lo peor de echar a perder algo es que uno debe guardarse las pestes y las mentadas de madre a un costado del páncreas, pues no hay prójimo a quién echarle la culpa. Si más te enojas, más te hundes. El mal genio es una arena movediza que se traga al menos paciente. A mí.Pues bueno, el sábado descompuse la cajuela y ahí nos hubieran visto en el estacionamiento de un centro comercial intentando cerrarla a golpes. Afortunadamente la Maga, que todo guarda menos silencio, tenía a la mano un ladrillo de adobe que colocamos encima de la portezuela (palabra muy gay) para mantenerla cerrada mientras rociábamos nuestras flatulencias por las tiendas del mol.
Muy bien, mientras el carro estuviera estacionado teníamos una chilera pero efectiva solución, pero ya encendido y andando no podíamos circular con una pieza de adobe arriba de la cajuela pues corríamos el riesgo de lapidar a un inocente transeúnte (palabra old fashion).
La Maga -ahora sí convertida en MacGyver, aquél personaje de la TV que arreglaba todo con una navajilla- amarró a la defensa el seguro de la cajuela con un mecate, mismo que tronó en el primer arrancón. Así las cosas, tuve que conducir -sin quitar la cara de estúpido- por las infestadas avenidas de esta ciudad con la cajuela abierta, es decir, con el Astra enseñando los calzones y la cruceta.
¡Ahhh, pueblo solidario!, no teníamos ni 100 metros recorridos cuando nuestros compañeros de carril empezaron a pitarnos y echarnos las luces largas para "avisarnos" que nuestra cajuela iba abierta como si no nos hubiéramos dado cuenta. Yo, sin bajar la ventana, tuve que explicar con mímica a los buenos samaritanos que ya sabía, que muchas gracias por avisarme, que qué lindos, que muy buenas noches, ¡y que ya no estuvieran chingando! (esto no se los expliqué con ademanes pero lo pensé desde un principio).
Luego opté por encender las luces intermitentes para subrayar que aquello no era una distracción del conductor (yo) sino un defecto de fábrica de la Chevrolet (que casi en paz descansa) combinado con una bestialidad del conductor (yo). Andar así en la calle fue como caminar en los pasillos de un colegio de señoritas con la bragueta abierta sabiendo que no te la puedes subir al mismo tiempo que le pides perdón a la madre superiora por ello.
Para no hacerles el post más largo, el domingo en la noche la MacGyver arregló el problema de una manera tan sencilla que me da vergüenza publicarlo. Si no la hubiera esculcado lo suficiente, apostaría a que mi vieja es un hombre, pero no un pedazo de hombre, sino un hombre de esos alfabetagama que lo mismo son mecánicos que albañiles y científicos y chefs. Mi esposa es un tipazo que arregla las cosas que yo -princesita de la casa- echo a perder.
Volviendo al tema del primer párrafo, yo no sé si a ustedes les sucede lo mismo, o sea, que les caiga mal que les avisen lo evidente, que les digan ¡cuidado! cuando ya se pegaron, que les pregunten ¿te caíste? cuando apenas se están levantando del sentón, que les recuerden que traen mostaza en la corbata cuando obviamente ustedes saben que traen mostaza en la corbata, que les pregunten si andan enfermos al octavo estornudo... O que les avisen que traen la cajuela abierta cuando ustedes mismos la estropearon.
No es lo mismo que te avisen detalles que tú no puedes advertir, como por ejemplo si traes mal aliento, o una llanta ponchada, o si te andan poniendo el cuerno. Pero de las obviedades, ¿es necesario que te informen con tanta emoción?, ¿soy yo el único amargado aquí?.

