lunes, 11 de abril de 2011

Marcelo Wannabe

Durante las últimas semanas le noté un tic. Uno nuevo. De vez en cuando se pasea la mano alrededor de la boca, como limpiándose la baba pero sin baba. Su manita trapeando sus labios secos. Y yo acá, papá semi ausente sospechando que es mi culpa cualquier alteración de su sistema nervioso. ¿Será ésta una maña pasajera?, o, ¿será otra representación de la ansiedad de Mateo? ¿Manifestará el ex pedacito de caos la confusión por la distancia paterna de esa forma, así, pasándose una mano sobre la boca como lo hacen los vikingos cuando acaban de escupir? Nos estacionamos en una piñata de Spiderman a la que mi hijo llegó disfrazado de Iron Man. Llegó con el puño por delante y con la greña de colegio laico por detrás; con la boca convertida en una turbina de saliva, con las piernas flacas, con las bermudas de niño antiguo. Mateo fue una avalancha rubia de ojos verdes que aterrizó en un montón de niños que lo recibieron entre incómodos y contentos, como podríamos recibir a un familiar intruso que nos lleva pizza a la puerta de nuestra casa. Durante un rato la pelusa de niños compartió el mismo pedazo de sol mientras yo expropié la sombra de un encino. Me senté en el jardín para destilar cómodamente la aburrición. A lo lejos (ni tan lejos) había una concentración de mamases, jícamas, frituras y pendejaditas chinas. Luego llegó un acróbata nalgón vestido del Hombre Araña y se puso a echar piruetas muy cerca de donde yo echaba güeva en flor de loto. El nalgón en spandex nomás fue a terminar de alterar a los niños haciendo una rueda de coche por aquí, un salto mortal por allá, lagartijas a mano alzada y maromas a sueldo. Poco más tarde, "Speedorman" tuvo una peor idea: organizar carreritas. Y allá van los infantes y allá vienen. En cada meta, la turba con dientes de leche se enfrascaba en los debates propios de las competencias a su edad: yo gané, no, fui yo, no cierto, yo gané, tú perdiste, hiciste trampa, etc. Entre las discusiones no faltó el niño llorón... y esa tarde el niño llorón fue mi Mateo. El más pequeño y único de mis hijos corrió hacia mí todo desvencijado y usó su último aliento para decirme entre sollozos que él quería ser como Marcelo. -Pe. Pe. Pero, tú eres Mateo, ¡qué padre!- le dije. -¡Pero yo quiero ser como Marcelo porque él siempre gana!- me contestó. -Pero tú también puedes ganar- insistí. -Pero yo quiero ser como Marcelo- confirmó. Sí, el role model de Mateo es un niño que se llama Marcelo. De acuerdo a mis primeras investigaciones Marcelo es más rápido, más grande, más fuerte, más lo que sea. Además, tiene un hermanito y para Mateo eso fue una cualidad muy atractiva. Mi hijo, que ha querido ser Mickey Mouse, el Pato Donald y Iron Man, ahora quiere ser Marcelo. El llanto se extendió por algunos segundos bajo el encino de la tarde triste. Y yo me acordé de todos los amigos míos que he querido ser. Todos los cantantes que he querido ser. Los criminales que he querido ser. Los vecinos que he querido ser. Los personajes de película que he querido ser. Los pretendientes de las mujeres que posiblemente me amaron que he querido ser. Los hombres ricos que he querido ser. Los intelectuales que he querido ser. Los Marcelos que he querido ser. Así nos quedamos un rato Goofy y Max, pensando cada uno en sus copy/paste pendientes e imposibles. Luego nos levantamos a cantarle las mañanitas al festejado. El resto de la tarde me dediqué a observar al tal Marcelo y la verdad yo no lo encuentro tan fascinante (aunque su cazuela está chida). Antes de irnos, la respuesta del rompecabezas quedó al descubierto cuando Marcelo levantó su mano derecha e hizo exactamente el mismo tic que le he venido descubriendo a Mateo las últimas semanas. Con sus dedos, el niño recorrió su boca como haciendo un ocho varias veces. Noté entonces que Mateo le copia hasta los tics a su admirado compañerito, pero, ¿qué no somos todos así? ¿Quién en alguna ocasión no ha levantado la ceja y arrugado la frente como lo hacen Robert De Niro y Vincent Cassel, por ejemplo?

11 comentarios:

Noyoman dijo...

Es hora de ver el Libro de la Selva con Mateo y explicarle al King Louie.

buen post.

Anónimo dijo...

Leer sobre Mateo me hace recordar muchas cosas de mi hijo. Sigue escribiendo Mr. Ñets.... es una catarsis y a nosotros nos permite conocer más tu mundo. Dale un abrazo grande a Mateo cuando lo veas.
Ele y Juan Pa

Ave Tierra dijo...

Así le pasa a Tanis con un compañero que se llama Iñaki. Empieza a hablar igual que él... Algo escuché acerca de los 4 temperamentos, algunos tenemos variedad por imitación.

Abrazo.

NTQVCA dijo...

Yo de tanto ver las peliculas de María Felix y Dolores del RIo con mi abuelita, me la pasé horas frente al espejo intentando alzar las cejas para imprimirle el toque dramatico a mis palabras...ahora se volvio una manía que hago siempre sin pensar cuando hablo.
Que bonito este post.

Anónimo dijo...

No te conosco pero te he incluido en mis oraciones a ti, a Mateo esperando tu vida...su vida este llena de miles de inspiraciones " Buenas" para mas post que hacen mi lectura de baño exquisita...

Moly.

Anónimo dijo...

Ashhh seguro muchos niños desearian ser tan guapos y carismaticos como Mateo, necesitas comprarle un espejote ;) saludos! Monserrat

Pinkrobot dijo...

A las mujeres también nos pasa: http://bestiaria.blogspot.com/2005/10/doa-segunda-sombra.html

:)

Kózmica dijo...

De niña imitaba la sonrisa de un vecino, nomás pelaba los dientes. Mis papás odiaban eso.

Y¿Cómo haces para quitarle el tic? o es que simplemente se lo deja uno hasta que cambien solitos?.

Mateo es hermoso por dentro y por fuera, imagino que algunos ya lo tienen como modelo a seguir.

Saludos!.

miguel dijo...

yo digo que "levantemos" a marcelo

MUA dijo...

Mateo RULES!!! y dile que tiene un fan que quiere ser como el. :) nina otra vez

MLD dijo...

JAJAJAJA......YO "MARCELIE" MUCHAS VECES FLACO......EN ALGUNAS PARA BIEN,CREO......ESTUVO CONMADRE ESTE POST CARNAL