
La
Maga anda de humor
efervescente porque en unos días vamos a visitar
IKEA, el
amor de sus amores. Es en serio, sospecho que mi esposa está
enamorada profundamente de esta tienda de origen
sueco, mientras que a mí la mera neta me da mucha flojera siquiera
entrar en ella, como me da mucha flojera entrar en los
home depots, mueblerías, ferreterías y
viveros.
-
Nombre, no sabes lo que dices, vas a estar ahí y todo te va a encantar-, me dice mi vieja toda emocionada, pero a mí eso de ir a ver
muebles no es un plan ideal de
vacaciones.
La
Maga no lee ni la
Cosmo ni la
Vanidades, ella lo que lee todo el año
(¡todo!) es el grueso catálogo de
IKEA. Se lo lleva al baño, a la sala, al comedor y en cualquier tiempito libre repasa sus páginas; luego me lo pasa y me dice cosas como ésta: -Mira amor, ¿ya viste ese sillón
rojo?, ¡qué bonito y está a
49.99 dólares!-. Uuuuuy que
paique, pienso yo...
Lo
peor del asunto es que todas las cosas que ahí venden son para que tú las
armes "fácilmente" en tu casa, una mala noticia tomando en cuenta lo
nalga que soy yo para ensamblar cosas. Ya una vez intenté armar el cambiador de
Mateo con mi papá, que es otro ser humano
inepto para las tareas
carpinteriles. Ahí nos tienen a
Nalga Senior y a
Nalga Jr. martillando piezas y atornillando patas sólo para darnos cuenta al final de que todo lo hicimos
mal y órale a
desarmar todo el
mugrero. Nos tardamos un ratote, pues habíamos apretado tan fuerte la primera vez que algunos tornillos se habían
barrido. Terminamos echando madres, sudados y adoloridos, toda una experiencia de
integración familiar.
En cambio la
Maga se entretiene mucho
descifrando cómo fregados van las piezas de un mueble armable. A mí me caen muy mal esos instructivos porque te ponen muy
fácil el proceso según ellos: Que si los clavos
"A" van en los hoyos
"B", y que el
tornillito "C" es muy importante y que
no lo debes perder porque con ése se arma todo el
pedo y tú buscando el
tornillito debajo de la
cama porque ahí fue a parar cuando abriste la
caja, y entonces vas por la escoba para empujar el
tornillito hacia a ti, lo empujas con fuerza y oyes que golpea el
tornillito en algún lado del cuarto pero no lo ves y hasta te empinas al ras del
suelo para ver si lo ves, pero a lo mejor
Ramona ya se lo
tragó, y como no lo encuentras el mueble termina medio
endeble y ni le puedes poner una maceta encima porque sin el
tornillito chingado no quedó bien y se puede
caer, y entonces tu esfuerzo queda
inservible porque en ninguna ferretería local venden ese tipo de
tornillitos, etc...
Pues sí, volviendo al tema, en unos días nos vamos de vacaciones a
Austin, y a mi mujer lo que más le entusiasma del viaje es ir a
IKEA. Estoy seguro que su
fantasía sexual es que yo me disfrace de
trailero y rente un doble
semi-remolque para llenarlo de chucherías decorativas. Además he descubierto que la
Maga no está sola en su
amorío ikeaesco, pues ese extraño romance lo experimentan otras mujeres como mi amiga
Yola, que nomás supo que íbamos, abrió los ojos de
emoción y ya prepara una lista de
encargos.Ya nada más para aplicarme el
jarakiri completo les pregunto: ¿a ustedes no se les ofrece algo de
IKEA?