La vida sucede en donde te la pasas
bien, que es casi siempre en donde están tus
hijos.
La vida sucede en los
parques. Sucede ahí y ahí se
queda.
Durante el fin de semana
Mateo tuvo la conmovedora destreza de perder un
juguete y un
diente en el mismo parque, con apenas un día de diferencia entre una pérdida y otra. El sábado uno de sus
bakuganes favoritos quedó
traspapelado para siempre mientras que el domingo escupió un
incisivo tras darse estupendo madrazo en el
pasamanos.
Al
bakugán lo buscamos pecho tierra entre hojas secas, colillas de cigarro,
corcholatas, palos de tutsipop, piedras, envolturas de sabalito, sandalias con
pedicure francés, triciclos estacionados en doble fila, plumas de urraca, etcétera, pero no apareció.
Mateo lo lamentó esa noche hasta que se quedó
dormido y cuando despertó fue lo primero que lamentó. (
Trabalenguas patrocinado por Augusto Monterroso).
En cuanto al
diente, a ése sí lo caché con el mismo apasionamiento con el que las amigas de la novia
capean el ramo. Me sentí un poco mal porque después del
accidente la boca de mi hijo chorreaba una
sangre casi negra y yo sostenía el diente como si fuera una pepita de
oro, emocionado con la pieza expulsada en mi mano, viéndola, larga como de
caballito (
de mar), como perla puntiaguda.
Corrimos al baño siendo
Forrest cargando a
Bubba, pero en versión
campamocha y
catarina. El rostro de mi hijo era un
Pollock pintado a base de lágrimas,
moco y sangre. Por suerte la hemorragia se detuvo primero que el
llanto, poco antes de que la madre del
herido llegara a la zona del
conflicto con la cara que ponen las mamás para dar a entender que
todas las tragedias suceden (
únicamente) cuando los niños están al cuidado de los
papás.
Mateo recobró la vertical poco a poco, administrando sollozos y
temblorina. Luego dijo que sentía "airesito" entrando por la recién inaugurada
ventana de su sonrisa y hasta posó a la cámara de mi celular.
Chimuelo es otro niño, se ve más travieso, más
dumb & dumber, más grande, más
snif.
Del impacto nos fuimos a la
fábula. El infante fue informado de la tradición del
ratón que deja monedas bajo la almohada a cambio de dientes de
leche. Cuando su mamá le preguntó qué se iba a comprar con ese dinero,
Mateo contestó lo inapelable: "Un
bakugán como el que se me
perdió ayer".
PREGUNTA FRECUENTE DE ESTE POST.-¿Qué
chingados es un bakugán? Ahí va: