jueves, 30 de octubre de 2008

Post panteonero

ALMINDA.- Soy de los pocos hombres que pueden felicitar a su suegra el Día de las Brujas sin que nadie se ofenda. Así es, la mamá de la Maga cumple años mañana, en pleno Halloween. Ella es una señora ensamblada en la Mother In Law Company y por lo tanto tiene los pros y los contras que toda suegra tiene desde fábrica. Sin embargo, rescato dos cualidades entre las otras: a) una comprobada habilidad de preparar exquisiteces con cualquier ingrediente, y b) muchos tanates para guerrear y controlar al cáncer de ovarios durante ya cinco años. Mañana me toca brindar por su salud y felicitarla porque está viva. No voy a revelar la edad que cumple porque luego se enoja y me convierte en sapo o en ganso.

SABROSAS LAS NALGAS.- Así decía un amigo que tuve-tengo que se apellida Pompa y que por lo tanto algo debe saber de colas. La frase es muy linda, como de epitafio.

GABRIELA G.- Yo soy una bestia que necesita leer para poder cagar, así que cuando me meto al baño sin el periódico o sin un libro, sufro. En esas circunstancias a veces "leo" las formas de los azulejos, o cuento las manchas del piso, o reviso las tarjetas de presentación que la gente me ha entregado, o -muy importante- repaso los números telefónicos que tengo en el celular y cuando llego a la G, me detengo en su nombre. He cambiado tres veces de aparato celular desde que ella se murió, pero no he borrado su número porque me gusta la idea de tenerla aún de contacto a pesar de su ausencia obvia.

Estoy seguro que las estatuas se mordían por dentro los cachetes de concreto o de bronce para no sonreír cuando ella soltaba la carcajada; es la risa más contagiosa que yo haya oído. Con ella tuve una relación tersa, divertida, cómplice, sin pedos románticos que estorbaran nuestra amistad. Los dos trabajamos varios años como asistentes de un fotógrafo que en los 90 era el gurú regiomontanto de la estética fresa y nos daba risa cómo era posible que los personajes retratados salieran tan bien y tan limpios mientras que detrás de la cámara ella y yo le hacíamos honores a la facha.

Luego nos dejamos de ver meses o años, pero en cada reencuentro el tiempo y la distancia se apeñuscaban en un "hola" tan sincero y en un abrazo tan cómodo, que parecía que el calendario era una ilusión evaporada. Como de hecho lo es.

Su muerte interrumpió nuestros planes de montar un estudio de fotografía juntos, pero no nuestra comunicación. Yo hablo con ella muchas veces (si lo dudan acérquenme un camisa de fuerza) y lo mejor es que siento que ella me escucha (ahora sí, pónganme la camisa de fuerza).

Probablemente han experimentado esa sensación de no estar solos en una habitación desierta, ese calor en el cuello, cachetes y espalda, esa vibra extraordinaria, pero sin miedo, de hayarse de frente no con un fantasma sino con un muerto querido y contarle lo que él o ella ya sabe y pedirle el consejo que ya sabemos que nos va (iba) a decir. Cuando le hablo a la Gutiérrez a veces lloro y/o me río.

Gaby: siempre te tengo en la mente, en el corazón y en el celular; hablamos al rato.

LA ÚNICA DE MANSON.- Es una estupidez asustarse con Marilyn Manson, a no ser que lo veamos metido en nuestra cama sudando el maquillaje con nuestra concubina. A mí no me gusta su música, pero tiene una rola que en aquellas horas del Kokoloco me hacía pedir otra XX Lager doble. No sé porqué no la puedo subir al blog (cosas del diablo, de seguro), pero aquí se las dejo queridos lectores fantasmas. Sólo apachúrrenle aquí.

martes, 28 de octubre de 2008

Firmo, luego existo

El enredado y copioso tránsito vehicular con el que juego a las damas chinas todos los días me es muy generoso cuando la batalla contra el tedio consiste en recordar nimiedades.

Hoy, en Ave. Constitución a las nueve y pico -tiempo del centro de Monterrey- me acordé del día exacto en que eché a perder una hoja de papel practicando lo que sería mi primera firma.

Tendría yo unos 11 años y me hallaba muy en desventaja porque los demás niños del salón ya tenían firma y entonces me entró una prisa irracional para identificar y justificar mi puberta existencia a través de un garabato.

Después de perfeccionar el rayadero inicial y de practicar en todos los rincones de ambas caras de la cuartilla, afiné un monigote que a las tantas me salió natural. Ese batracio creado en tinta azul durante las edades sin rastrillo no es el mismo que imprimo hoy en los cheques; mi firma ha cambiado mucho, más que mi peinado o el tamaño de mis orejas.

Antes de los 18 firmé mi primera credencial de elector con pretensiones barrocas, aquello era una tarántula aplastada, llena de curvas, líneas que no llegaban a nada y espontáneos cucuruchos; y claro, era un problema igualar la faena pictórica en los pocos trámites serios que hice en aquél tiempo.

Por ejemplo, para contratar mi primer seguro de gastos médicos, a los veinticacho, el pobre empleado de ING tuvo que visitarme tres veces porque "la firma del contrato no corresponde a la que aparece en la credencial", me decía el tipo todavía amable pero con una entre línea desesperada. ¿Le habrá dado hueva o risa regresar a verme firmar de nuevo?.

Fui creciendo y fui firmando al chilazo y tan de chilazo firmaba que luego mi firma se transformó en un borrón sin personalidad, en un conjunto de olas que rematan en un gancho, a veces largo a veces corto. Todavía tengo problemas para firmar en espacios chicos o muy limitados como el recuadro del pasaporte del que te exigen no pasarte ni morder renglón. Mi firma será fea, pero requiere de buen terreno para ejecutar su trazo mal hecho.

Pienso en mi firma y en las puertas que me ha abierto dentro del andamiaje social y burocrático en el que las personas no creemos en la palabra del otro ni en su promesa, pero sí en el monstruo que dibuja desde su pluma.

Cada vez menos los nombres nos distinguen (estamos a punto de llamarnos todos igual), en cambio, la firma parece ser lo que nos diferencia, además de las huellas digitales y el olor particular de pies de cada quien.

De niño juegas a tener una firma, como un cantante desconocido que ensaya la manera en que autografiará el busto de una fan, cuando le llegue la fama, -si es que le llega-. De adulto esa representación de ti mismo se convierte en ti mismo frente a los bancos, los gobiernos, las instituciones, los jueces y las cajas del super.

-Vamos a juntar firmas para evitar la construcción ilegal del túnel-, amenaza una activista ecológica que pretende preservar un cerro con el apoyo no de gente, sino de firmas.

En ese mismo momento, el Gobernador firma un documento en el que aprueba la construcción de dicho túnel. A lado de ese pedazo de papel está firmado por el Secretario de Obras Públicas el contrato con la constructora privada que se encargará de abrir el cerro y mandar-a-chingar-a-su-madre lo que haya vivo o muerto allí para levantar un túnel que durará "bonito" menos de dos años y por el que habrán de pasar cientos de automóviles contaminantes al día, uno de los cuales será conducido por un ex Lasallista, que antes de sacarse el moco, se pondrá a recordar el día en que se le ocurrió inventarse una firma, para así reinventarse a sí mismo.

viernes, 24 de octubre de 2008

Pollitos en fuga

Mis posts tienen más o menos 12 horas de caducidad entre que los publico y se pudren. O se vuelven ñoños y falaces. Más me dura un queso de puerco fresco en el cofre del carro por Ave. Gonzalitos, que lo que permanece comestible un post escrito según yo con mucha magia.

Luego visito a los otros que escriben en sus lados y encuentro que sus entradas son maravillosas, creativas, impredecibles. Me pasa lo que en la primaria cuando se acercaba el Día de las Madres y la ticher nos imponía la hechura de alguna manualidad de tres pesos.

Durante días me la pasaba lijando y embarrándole barniz a un pedazo de madera que con suerte, y mucha imaginación, llegaría a ser un portallaves o un pisapapeles, pero por más huevos que le echaba siempre las "artesanías" de Cayo, del Arocha, del Eugenio del Hoyo (así se llamaba) o del mismísimo Decaninni estaban mejor hechas que la mía. En otras palabras, yo era un orfebre muy dotado (o me sentía muy fregón) hasta que veía la perfección de la competencia. Ceguera de taller, creo que se llama eso.

Opino que uno de los terrenos en donde echa raíz el sufrimiento humano es la comparación que nos imponemos con otros.

-Tú tienes algo que yo quiero, pero no te das cuenta que lo tienes; mientras que tú me envidias algo que yo no valoro-.

Eso es muy horrible, pero el sufrimiento se magnifica cuando envidiamos los logros que alcanzan nuestros amigos. ¿Es posible envidiar el éxito de un amigo? Por supuesto que. Creo que este tipo de rivalidad es la cara más lacerante de la inmadurez.

Detrás de un qué gusto me da por ti, puede ir un chinelas por qué yo no puedo. Detrás de una felicitación, puede estar escondido un me encantaría que me fuera tan bien como a ti. Detrás de un no hay nadie como tú, puede descansar un eres un mediocre con suerte.

La mitad de la población de Paila Coahuila, es decir, unos 15 ejidatarios, están de acuerdo conmigo, pero los otros 15 me gritan que entonces eso no es amistad porque el amigo no desea el mal de su estimado y que entonces esa relación enfermiza está cimentada en la hipocresía y en la poca estima que uno de los dos amigos se tiene a sí mismo.

El tema está como para hacer a un lado cualquier otra discusión y sentarnos a divagar si fue el huevo o la gallina el number one. Por lo pronto, yo les aviso a mis amigos que los quiero mucho y que a veces los envidio poco. A veces, muy pocas, pero sí. Punto final.

Y bueno, como es viernes musical los dejo con una pieza de 1992 del sexoindefinido Morrissey que aterriza muy bien el ¿tema? de este post, mismo que se llenará de hongos verdes una vez que ustedes hayan terminado de leer que we hate it when our friends become successful.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Un par de cosillas

YOLANDA.- Así le pusieron sus papás, pero a la gente le ha estado valiendo madre desde hace treinta y tantos años y le ha deformado el nombre arbitrariamente. Es mi mejor amiga, -lo digo yo que entre otras cosas puedo presumir de tener muchas amigas-. Además de tenerla cerca de mi corazón, la tengo muy cerca de mi cubículo (sin albur, señores, por favor), así que cada vez que se me presenta un problema cuya solución es posible gracias al photoshop acudo a ella. Yolanda es la responsable de las caricaturas que desde hoy adornan la parte alta de este blog.

Primero aparezco en 1973, año en que nací. Yola me dibujó con la mano derecha metida en aquél trajecito de baño leopardezco que mi mamá me compró en un escenario muy ajeno a mi voluntad. Luego estoy en 1983, hecho todo un preadolescente puñetón (y puñetero). A un lado estoy representado en 1993, formando parte de la mamonamente llamada Generación X de los 90's. En el 2003 me casé, (a los 30 añitos), con la Maga, mujer de complicada pero no aburrida definición. Al último de la tira estoy como me veo hoy, con teclado e hijo en mano. Ésta es mi vida en cinco pequeños módulos. Muchas gracias, Yolita. Otra vez.

STP.- Una buena banda de rock es aquella que nos garantiza un acomodo sutil de la estridencia. Ayer fui a ver a los Stone Temple Pilots que reúnen en cada nota lo anterior. Qué raro es agradecer que las drogas no hayan sumido en la tumba al cantante Scott Weiland, a pesar de que hace años inhaló y se fumó hasta las croquetas de su perro. También le agradezco a Duff McKagan y a Slash que lo dejaron libre después de que ese proyecto llamado Velvet Revolver no terminó de levantar. Otro agradecimiento se lo debo a mi tarjeta Santander con la que firmé el par de boletos que me tuvieron brincando como veinteañero en la cancha, y también gracias a McDonald's sucursal 24 horas de Ave. Constitución por crear una no-vomitable hamburguesa con salsa vinagreta cuyo nombre no me acuerdo, pero que puede ser algo así como Mac BajalealaPeda.

El concierto fue inenarrable. Sólido y redondo. En algún momento de la noche vi que a la Maga le burbujeaban los pómulos y entonces le pregunté a mi amigo El Peddie:

- ¿Tú crees que a nuestras viejas les guste ese guey (Weiland)?
- Cabrón, ¡hasta a me gusta ese guey!- me contestó el muy gay.

Termino este post con una petición: Dios, danos más rockstars y menos políticos.
Y como posdata: el calendario quiso que el concierto de STP cayera en martes. Señoras y señores, frente a sus ojos tienen el primer martes para recordar. Adiós.

martes, 21 de octubre de 2008

Eres y te pareces

Un mal día Yuyo llegó con pasta de dientes y papel de baño de marca genérica, no sé si eran de la Conasupo o de la tienda del ISSSTE, únicos dos almacenes en donde a mi papá le aceptaban sus vales-de-despensa-de-pediatra-del-Seguro-Social. La pasta de dientes sabía a cemento y el papel de baño me lijaba el nudo en cada pasada. Supe que estábamos en crisis. Adiós Colgate, hasta pronto Regio.

Cada vez que salía de mi cuarto, Yuyo me gritaba desde algún rincón escondido de nuestra casa para que no me olvidara de apagar la luz. Hubo un tiempo en que le agarramos cariño a la oscuridad y empezamos a coquetear con la idea de dormir todos en un mismo cuarto para que fuera utilizada una sola televisión, una sola lámpara. O un cerillo solo en una vela solitaria. Una sola crisis.

También, a veces, se nos terminaba el champú mucho antes de la siguiente quincena. Aprendí que un bote vacío de Head & Shoulders cuando es rellenado con agua le sale una baba celeste que da el gatazo de champú. Y rinde mucho, manita.

Con todo y Miguel de la Madrid en la Presidencia nunca faltaban los frijoles y el arroz en nuestra mesa redonda. Según Yuyo, esos frijoles nunca los iba a probar yo en cualquier otra parte del mundo. -Del mundo, punto-. Mi papá remojaba un bolillo de ayer o de antier en los frijoles y se lo empacaba como si estuviera devorando su último bocado en Le Cirque de Nueva York.

Cuando llegaban las vacaciones se le desarrollaba la creatividad viajera. Nos metía a todos en el Renault 12, maletas incluidas, y nos paseaba por la ciudad hasta llegar al Granada Inn, un hotel inspirado en la arquitectura Neo-Mauricio Garcés y ubicado en el límite entre lo urbano y lo rural. A mis 8 ó 9 años no me importaba no ver a Mickey Mouse durante el verano si tenía una alberca hotelera a mis órdenes. Llevaba visor, pero era más divertido abrir los ojos a pelo en el fondo.

Uno se queda con lo mejor y con lo peor de la casa en donde crece. Es imposible cortar una soga gruesa con los dedos en forma de tijera o abrir una ventana con un martillo. No se trata de no querer ser como tu papá, o de sí. Siempre terminas con algo de él impreso en tu andanza actual; es como si tropezaras con una piedra que él firmó hace 20 años.

Faltan nueve días para que me paguen. Desde hoy comienzo a meterle agua al bote de champú para que me rinda nueve duchas más, y a usar servilletas del Dominos Pizza como papel de baño. Ando como rémora detrás de la Maga apagando luces y creo que hoy comeremos frijoles, aunque faltan los bolillos. Nuestra mesa en el comedor también es redonda.

He querido ser muchas cosas, muchas, pero siempre, queriéndolo o no, he sido Yuyo, mi papá.

lunes, 20 de octubre de 2008

Digestión cerebral, divino tesoro

Este post se llama Pablo. Así le puse desde esta madrugada cuando me levanté a recoger al pedazo de caos de su cuna. Se llama Pablo, pero responde al apodo de "Mi Pequeña Necedad". ¿Pooor?. Pues porque escribirlo fue una necedad ya que hoy no tengo nada de que escribir. A veces cuando no tengo nada para escribir le echo confetti a los renglones y termino posteando algo más o menos saboro y coloro, pero esta vez no saldré bien librado. Lo único que se me ocurre adelantarles para que no se me aburran y me abandonen por otro blog menos cucho, es decirles que la arena estaba de bote en bote. ¿Se nota que acabo de ir a una boda?.

Hoy en la mañana, mientras me cepillaba los zapatos y me amarraba los dientes estuve pensando en la digestión cerebral. No hablo de las popós, pipís, fluidos, gases, agruras e intestinos, temas todos ellos de mi interés primordial; hablo de esa capacidad, cada vez más impermeable que tenemos las personas civilizadas de digerir las espantosidades y bestialidades que suceden a nuestro alrededor; hablo de ese bálsamo con el que arropamos a nuestra alma para poder seguir con nuestra vida, muy a gusto, aún habitando en la calle purgatorio cruz con infierno, frente al averno. ¿La negación-asimilación del mal será nuestra más útil herramienta para sobrevivir?.

He descubierto que esa digestión cerebral a veces se atora y nos deja en la memoria imágenes horribles que nos niegan su retiro. Por ejemplo, yo tengo dos escenas que aún no he podido digerir, las dos tienen que ver con violencia y las dos las vi en la tele.

La primera escena macabra que me persigue cuando estoy solito es aquél linchamiento que sufrieron tres policías en Tláhuac por un centenar de personas (transformadas en mandriles enfurecidos) que supuestamente confundieron a los uniformados con secuestradores de niños. La turba -niños y adolescentes incluidos- los golpeó hasta el cansancio, con piedras, pies, palos y puños. En medio de la carnicería a uno de los oficiales le fue acercado un micrófono y una cámara de televisión frente a los que pudo balbucear que los estaban confundiendo, pero pocos minutos después la multitud de gente carroñera se los llevó para prenderles fuego aún estando vivos. En pocas palabras: De México para el mundo una probadita de infierno, nada más.

La otra escena es mucho más rosa, pero igualmente lamentable. Se trata del cabezazo que le dio Zidane al higadito (literal) de Marco Materazzi en la Final del Mundial 2006 de Alemania. Nada como para lamentarnos siglos y siglos, pero todavía me es imposible entender el grado tan alto de estupidez por parte del mejor futbolista de todos los tiempos (sí, encima de Pelé y de Maradona a mi gusto). Recordemos el contexto: a) Era el último juego oficial de Zizou, b) Era una Final Mundial en la que tenía amplias posibilidades de ser Campeón por segunda vez, c) En el juego ya había anotado un penalty hermoso, de postal, d) En los últimos minutos se "calentó" por un comentario que le hizo el italiano mañoso, e) Zidane se atomizó en carnero y lo embistió con la pelona (sin albur), f) El mediocampista-delantero terminó expulsado y subcampéon. Conclusión: ¡Bu!.

Estas dos escenas imborrables para mí, el linchamiento y el cabezazo, conviven desde hace años en mi mente, ya se hicieron amigas y están aliadas para dejarme insomne cuando se les hincha. Alguna vez escribí en este mismo espacio que uno de los planes de Satanás o de __________ (pon el nombre que quieras) es repetirnos la atrocidad hasta que nos acostumbramos a ella.

Nuestro lado oscuro termina por anestesiar nuestro sentido común y terminamos diciendo jaladas como éstas: "Si los lincharon los policías se lo buscaron", "Para qué te metes a la cueva del lobo", "La gente está cansada y tiene razón de tomar la justicia por su propia mano", o, "Por eso Zidane era futbolista y no economista, se le nota la raíz vulgar", "El futbol es un juego de pendejos bárbaros, por eso pasan esas cosas"... etc.

Como no podemos hacer nada en contra del mal -el ya hecho y el que está por hacerse- lo empezamos a enjuagar en la mente varias veces hasta que pierde su olor venenoso y podemos sentarnos a comer a su lado. Con el tiempo resulta que el asesino de niños en Las Cumbres no era tan malo porque su noviecita lo provocó, y que el demonio es hasta simpaticón. Le perdemos muy fácil la alergia al sadismo. Mientras no pase nada en nuestra casa, no hay piedra en el riñón.

Yo propongo y concluyo que... ¡nada! Iba a decirles que llenen su semana de imágenes bonitas para contrarrestar el hediondo ambiente en el que están creciendo nuestros hijos, pero que es más importante darles todo el amor posible para que éste se multiplique con el tiempo y para que cada vez tengamos menos linchamientos y menos Zidanes furiosos en el mundo. Me iba a poner bien profeta en mi tierra-blog, pero recuerden que este post se llama Pablo y no está como para dar consejos ni para lanzar iniciativas. Fue una necedad escribirlo, lo digo en serio, en serio.