martes, 19 de mayo de 2009

Nalgota mata plumita

Buenas, buenas.

Hoy no hay post aquí, pero sí ACÁ.

Deja que pasemos; sin miedo.

jueves, 14 de mayo de 2009

Melancolía del pañal

Inocente yo y todos los papás que esperamos el día en que los hijos dejen el pañal para ahorrarnos ese gasto, sin advertir el drama que significa entrenar al ex bebé a defecar y orinar en el escusado.

Un pañal es como una tarjeta de crédito simplona, es decir, el niño caga ahora y tú limpias después. Pero cuando le quitas el pañal al crío es como si te amarraras a una American Express Gold, esas tarjetas mamonas con las que tienes que pagar el total del crédito en una sentada, es decir, limpias en el momento en que él caga.

El pañal es el candado con el que retardas el contacto obligado e inminente que tendrás con el nauseabundo desecho. Su ausencia, entonces, es una puerta abierta que urge tu presencia para lo que venga, a como venga.

Lo torcido del asunto es que tú le pides al niño que te avise cuando sienta ganas de aliviar el cuerpo, pero en realidad sus señales muchas veces son de falsa alarma. Llega un punto en que no sabes si el niño aprieta el culín porque en efecto ahí viene la caca o si es otra de sus mañas para controlar tu tiempo, tu espacio, tu paz, tu equilibrio, tu paciencia, tu tú.

Debo aclarar que yo escribo esto muy a toda madre, de lejos, pero el paralizante entrenamiento del esfínter anal/uretral de Mateo lo ha adoptado la Maga con una sospechosa valentía.

La dinámica es la siguiente: El más amado se pasea en trusillas de dinosaurios por toda la casa hasta el momento en que entra en trance, luego gira como trompo y enseguida se lleva las manos a su inmaculado pizarrín alegando que tiene ganas de ir al baño. En ese momento de pánico-no-pánico la Maga deja los frijoles en las brazas para montar al de las ganas en un escusadito que va encima de nuestro escusado. A esas alturas si Mateo mea o surra no importa mucho, lo que importa es que salga "algo", o sea, que la alarma sea auténtica y no inventada.

Percibo que a la Maga no le da problema ponerse al tú por tú con el excremento, pero sí la tiránica costumbre que tiene Mateo de decirle que ahí viene el lobo cuando en realidad no viene ni madre.

Me gustaría insistir en la envidia generacional que me produce mi hijo. Por ejemplo, a él su madre le promete y le cumple premios si avisa a tiempo y defeca con precisión. En cambio a mí me manda a evacuar al baño de servicio, o de lo contrario a prender velas e inciensos en el baño matrimonial como si fuera yo a rezarle a la santa mierda.

Pero no todo es drama. Haber dejado atrás el pañal ha permitido a Mateo encontrar placeres genitales que antes se perdía en los pliegues amortiguantes del lienzo desechable. El otro día su mamá lo cachó con las piernas abiertas rascándose los huilburs. ¡Oh!, gran pasatiempo que lo acompañará hasta la muerte.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Todo sale

Te vas a casar, algo sencillo, leve, sin pretensiones barrocas, nada de andar saliendo en la página de sociales, por favor. Asistirá sólo la familia y amigos muy cercanos que comerán canapés semirancios y brindarán con uva de segunda. No has checado aún la acústica del salón en donde meterás a 50 invitados, ni uno más, pero ya le hiciste audición a Luis Santiago, famoso pianista de tieso peluquín que se sabe entero el popurrí de Celine Dion sin siquiera mirar el sintetizador cuando lo dedea.

Día y noche, noche y día andas bien calculador, repasas la suma y la resta, pero sobre todo la división, te la pasas palomeando pendientes antes de que los pendientes te palo-méen. Estabas seguro que toda la algarabía te iba a costar dos aguinaldos, pero ahora tienes dudas pues desde que diste el anillo de compromiso se fue extendiendo la lista de invitados porque las señoras del club de jardinería no se pueden quedar afuera del evento y menos desde que le dieron a tu mamá una virgencita repujada de la medalla milagrosa muy bien trabajada; si la vieras qué mona.

Un mes antes de hacer los votos te faltan miles de pesos; todos los proveedores están amarrados con un anticipo pero ni un gasto está liquidado. Temes llegar de la luna de miel y encontrar bajo de la puerta una orden de aprehensión por fraude y falta-de-pago. Vas y vienes ido, ensimismado en tus cálculos, mordiendo uñas y pellejos dactilares, hasta que un amigo sabio o un pendejo desconocido, -da igual-, se te acerca en medio del coma ansioso y te dice con unos huevos de rinoceronte: "No te apures; todo sale".
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Quién sabe cuántos años después miras con detenimiento la foto del día de tu boda que está recargada en la mesa donde descansan los controles de la televisión. Te ves bien raro en esa foto porque con todo y la sonrisa los ojos se te hunden como un sol de atardecer en las medias lunas color gris oxford que forman tus ojeras de zombie. "Qué peloteado salgo", piensas.

Todo sale.

martes, 12 de mayo de 2009

viernes, 8 de mayo de 2009

Tesis

A Dios;
A mis padres, el sr. Eugenio Guzmán Campuzano
y la sra. Irene Lombard de Guzmán,
por su apoyo y cariño manifestado en todo momento;
A mi hermana Irene;
A mis amigos, los de antes y los de ahora;
A los pasillos de la UdeM y a la gente que desfiló por ellos entre 1991 y 1995...


Éstos que ustedes leen arriba son los renglones de agradecimiento que aparecen en la primera página de mi tesis universitaria, con la cual me gradué de Licenciado en Ciencias de la Información y Comunicación el 13 de diciembre de 1995.

La dedicatoria me sigue pareciendo oportuna más de 13 años después porque:

-Dios es un estado mental al que me gusta regresar, sobre todo desde que soy papá.

-Admiro a mis papás por íntegros y porque han mantenido distancia con sus hijos en las buenas y cercanía en las malas.

-Irene, mi hermana, es una persona que estoy conociendo mucho después de que compartimos la infancia y el techo. Su vida es como para inspirar a Woody Allen o minimizar a Phoebe, la de Friends.

-Mis amigos, los de antes y los de ahora, son presencias indispensables como lo son las canciones melancólicas en las películas de Jim Jarmusch. Para ellos he reservado el lado más luminoso del alma, pero también poseen mis ridículos voluntarios e involuntarios más infames con los que pueden reírse hasta que quieran.

Pero hoy me quiero enfocar más en el agradecimiento que di en mi tesis a los pasillos de la UdeM y a toda esa gente que desfiló por ellos entre 1991 y 1995, período de mi vida al que llamo Viejo Orden.

Me refiero a toda la bola de estudiantes y maestros desconocidos-conocidos que de manera inconsciente crearon una atmósfera que todavía hasta hoy me define. Yo no sería el mismo sin ellos. Yo no hubiera podido estudiar como lo hacen los aristócratas o como lo hicieron los miembros de Timbiriche (según ellos), es decir, un maestro y un alumno encerrados en un cuarto con eco repasando las tablas. No, qué hüeva, eso sería como ahora con la influenza vimos el fútbol sin público en el estadio, llanero de plano, hueco, sin pasión, gris.

Yo fui transformado por la gente que vi y con la que conviví en la universidad, los foráneos a los que me adapté, los greñudos con los que me junté, las de lentes-las pasadas de moda-las nerds que me recibieron en su casa para explicarme materias incómodas, los maestros, los apareamientos de pupitre, los ligues del receso, los cigarros fumados a última hora, los jeans que ensucié tirándome por horas en el suelo para ver pasar a mis contemporáneas embarradas en sus pantiblusas.

Ellos y ellas fueron extras, secundarios y principales en el set donde se desarrollaron los años en los que me sentí más pegado a mi centro aunque también más confundido por la periferia. Ser estudiante es dirigirse al MÁS mientras que madurar es enfilarse al MENOS. Crecer es menos sal, menos cerveza, menos ruido por favor, menos sexo, menos novedad, menos tiempo para ensuciar los jeans. Menos jeans.

Recuerdo siempre las palabras que una mañana nos soltó el maestro de Política, Horacio Guajardo, quien tiene la voz ideal para narrar cuentos como el de Los Tres Cochinitos. El viejo dijo: "A uno se le llenan los ojos de lágrimas cuando recuerda sus años en la universidad".

Y sí.

Los pragmáticos, -tan aguafiestas ellos-, acostumbran tirar mala vibra a la gente que hace su vida en torno a una universidad, principalmente a los maestros, porque argumentan que quienes se niegan a abandonar el campus temen entrar "al mundo real".

Bajo esa óptica, hay ciudadanos "valientes" que agarran al mundo real por los cuernos y por otro lado hay ciudadanos "zacatones" que perpetuan el hakuna matata protegidos por un pizarrón. Los primeros miran a la universidad como una burbuja de idealismo (que sí lo es, en parte) sobre todo en este país (¿mundo?) que devalúa la persecución del conocimiento porque la prioridad es hacerse rico vendiendo lo que haya que vender. La universidad, entonces, queda reducida al qué padre, pero qué inútil. Los años maravillosos no sirven pa' nada, pues.

Sinceramente no recuerdo qué tantas cosas intentaron enseñarme en la UdeM, ni siquiera puedo detallar de memoria los principios básicos de M. McLuhan. Pero les aseguro que he llegado a conocerme mejor cuando analizo lo que en esa época absorbí de la gente en los salones, los pasillos, los auditorios y hasta en su espantosa cafetería.

Estoy seguro que disfruté más de la gente que de los libros, por eso me parece justo haber agradecido en mi tesis a todas las personas, conocidas o no, que transitaron conmigo los pasillos del Viejo Orden. Algún día voy a regresar a la universidad, ya sea como maestro o como alumno.

VIERNES MUSICAL.- Ya que hablamos del Viejo Orden, hay que escuchar un poco de caos bien hecho a cargo de New Order. La canción es "Ceremony", original de Joy Division. Buen fin.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Haz patria...

...quema un cubrebocas.

lunes, 4 de mayo de 2009

Rompecabezas

Sudé todo el día y gran parte de la noche. No recuerdo haber tenido un sábado igual de bravo. Si no fuera porque Lalín me invitó a masticar de la misma vaca y beber de la misma hielera aquél hubiera sido el día más acalambrante del año. En otra ocasión se los cuento, pues por el momento he puesto mi cerebro a secar como si fuera un pedazo de suadero que cuelga en una esquina de la lavandería. Anduve salado como la cecina; tengo la energía exprimida y el ánimo chato. Apenas ahora me acuerdo que una mañana, hace mucho, desperté en la casa de una madame con una resaca dantesca que no encontró alivio hasta que un ángel huasteco -o potosino- llevó a la habitación un plato de huevito revuelto con papa y chorizo.
Y en la tele, Calamaro. Una canción que no quiere irse.