martes, 8 de abril de 2008

Fantasmas no, vecinos sí

La Maga y yo dejamos de creer en fantasmas desde que nos casamos y nos fuimos a vivir a una casa cuyos blocks parecen estar hechos de papel y en donde el muro del de a lado está codo a codo con el nuestro.

Durante el día y la noche no escuchamos ruidos del más allá, sino del más acá, originados por nuestros vecinos. Ya nos acostumbramos a oír sin asustarnos sillones que se mueven, regaderas que se abren, lamentos de niños, gritos de mujeres, ganchos golpeando las paredes y televisiones prendidas.

Una noche que estábamos recién llegados de la luna de miel nos sacó un pedernal el grito de una bruja como a las tres de la mañana, pero luego nos dimos cuenta que no era ninguna bruja sino alguna vecina con pesadillas que había gritado a esa hora.

Lo entretenidamente morboso de vivir así es que uno se entera de cosas que no debería. Por ejemplo, durante mucho tiempo fuimos testigos auditivos de los regaños exagerados de Adriana, esposa muy desesperada y madre de tres varones. Esta chava que fingía ser un bombón en público les hablaba bien gacho a sus hijos. "¡Ya te dije que no le pegues en la pipí a tu hermano!", era uno de sus gritos clásicos.

Un día al esposo de Adriana le ofrecieron trabajo en Estados Unidos y entonces se tuvieron que mudar, pero antes de irse nuestra histérica vecina amenazó a sus hijos a la hora de la comida con una frase célebre: "Cómanse todas las frutas porque allá están muy caras y no va a haber". Órale, qué manera tan regio-coda de "persuadir" a los hijos.

Gracias a eso la Maga y yo hemos aprendido a regañarnos en voz baja, con todo y que las mentadas no saben igual cuando las dices a medio volumen. Ni modo, así es esto de vivir apretados, la ventaja es que en nuestra comuna moderna, no se oyen fantasmas porque todos los ruidos macabros tienen nombre y apellido.

lunes, 7 de abril de 2008

La encontré

Nuestro primer encuentro había sido casual, pero el segundo fue completamente planeado por mí. La estuve cazando desde el jueves en la noche, pero no la vi hasta el sábado por la mañana. Creo que hay encuentros con desconocidos que nos alegran el alma por eso hice todo para volver a verla.

Y ahí estaba, paradilla, interrumpiendo como siempre el tránsito de las personas que caminan por la calle Promenade de Santa Monica.

Cuando la vi me emocioné mucho, como si me estuviera topando con algún maestro estimado de la secundaria. Antes de acercarme la estuve observando y noté que a la mayoría de la gente le da mucha flojera detenerse a platicar con ella.

Finalmente la abordé y le dije hola. Su actitud fue la misma de aquélla vez; sonriente y amable me pidió tiempo para hacerme unas preguntas. Yo le dije que sí, pero le aclaré que ya sabía cuáles eran sus preguntas porque ella y yo nos conocíamos.

-¡¿Reallyyy?!-, me preguntó sorprendida.
-Sí, ya nos conocemos y vine a buscarte para tomarte una foto-, le contesté.
-Una foto, ¿a mí?, no, no, ¿por qué?-, exclamó con pena.
-Porque la última vez que vine me dejaste pensando con tus preguntas existenciales y como tengo un blog quiero que aparezcas ahí-, insistí.
-¡Pero si me acabo de levantar!-, dijo sonriente y entonces me di cuenta que la vanidad femenina extrema es un padecimiento global.

Entonces se peinó con las manos y le tomé esta foto. Luego platicamos unos minutos. Supe que se llama Kuniko y que es japonesa (no china como yo había supuesto). Me contó que pertenece al Principle Study Center, fundado en el 93, en Santa Monica. Este centro ofrece al público en general lecturas, conferencias y videos con reflexiones de inspiración cristiana. Uno de sus objetivos, me dijo, es promover en nosotros el respeto a credos, culturas y razas diferentes a la nuestra, además de fomentar una vida más espiritual que comercial.

Kuniko me invitó, otra vez, a conocer el centro para escuchar una lectura, me repitió que era gratis y que no había ningún compromiso. Le dije, otra vez, que andaba yo con prisa, pues tenía que regresar al hotel para esperar el taxi que me dejaría en el aeropuerto. Le aseguré que regresaría, pero que la próxima vez ella debía reconocerme. Me dijo que sí.

Luego, en un bache de nuestra despedida no sé porqué chingados quise llenar el hueco de la conversación platicándole que me gustaba mucho el sushi y que practicaba karate, como si siendo japonesa esto a ella le fuera a interesar. Me contestó con su típico "¿Really?", pero noté que le valió madre. Finalmente le di la dirección del blog para que hoy se metiera a ver su foto.

Señoras y señores, ella es Kuniko. Esta historia aún no termina, apenas vamos en la segunda parte, la próxima vez llego directo al Principle Study Center a ver qué onda.

jueves, 3 de abril de 2008

El ojo desobediente

Nada tiene de extraordinario encontrar mexicanos trabajando en hoteles de California, pero entre todos nuestros paisanos que aquí se la parten, Luis tiene una exótica cualidad física que lo hace diferente: se le va un ojo.
Este barman chaparrito de cuna poblana me estaba contando muy nostálgico el resumen de sus casi ocho años chambeando en Estados Unidos cuando de repente su ojo derecho agarró pal monte, ¡aijuesú!.
No sé si les ha pasado que en medio de una conversación con alguien uno de los ojos del que está hablando con ustedes rompe filas, qué feo se siente, porque no hayas si voltear a ver el ojo prófugo o el ojo firme. Y lo peor es que sientes que el otro ya se dio cuenta que le andas viboreando su pupila bifurcada.
Total que ya no le puse atención a la tragicomedia chicana de Luis por andarle pastoreando su ojo de camaleón, tipo Big Brother. En una de esas y ni siquiera es defecto sino una maña que utiliza para poder tener bien checados a dos clientes al mismo tiempo; o a lo mejor es una habilidad que fue desarrollando con el tiempo para poder lavar las copas mientras te abre una cerveza bien helada. Yo no sé, pero esa mirada chueca como la del Comegalletas se ve bien gacha.

Blogbsesiones

El departamento que se encarga de regular los chorrillos y las diarreas en mi aparato digestivo les aconseja que cuando vuelen por Mexicana se abstengan de pedir chilaquiles para el desayuno. ¡A su madre, qué bomba!

Llegué a migración de Los Ángeles apretando el aguallón para no desfondarme ahí frente al representante de la border patrol. Lo bueno es que enseguida de donde haces el papeleo de llegada hay un baño muy limpio (bueno, ex limpio después de mi visita) que me recibió con las tazas abiertas. Recuerden que soy de estómago fuerte pero esos chilaquiles traían jiribilla.

Ahorita ando dual, como siempre, pues traigo mucha hambre, ando seco, pero al mismo tiempo me da miedo probar comida. Disculpen que les platique esto, pero pues ya les tengo mucha confianza y entre amigos cualquier buena conversación termina con el tema de la caca y sus similares.

Cambiando de tema, pues sí, llegué a LA y de ahí a Santa Monica. Si recuerdan capítulos pasados de este blog sabrán que aquí me encontré hace meses a una chinita con la que tuve un acercamiento espiritual que se quedó a medias. Aunque vengo a trabajar, aprovecharé el tiempo libre para buscarla y pedirle revancha. Los mantendré informados.

Otro cambio de tema. Luego de echarme el último chilaquil con sabor a purga me quedé dormido en el avión y entre sueños me vi escribiendo el blog como lo hago casi todos los días, pero mi cara en el sueño era de angustia porque me obsesionaba la idea de agradarles a todos mis lectores todo el tiempo. Es decir, me obsesionaba que cada uno de ustedes se llevara algo bueno de esta página, una sonrisa, una reflexión pedorra, una canción padre, etc, y eso es lo que quiero, que disfruten su visita, pero sin obsesionarme a que todo de mí les guste.

Desperté y me di cuenta de la fobia que le tengo a la "blogbsesión afectiva", que es como una necesidad de que ustedes me quieran aunque en algunos casos ni nos conozcamos.

Luego recordé que precisamente estas cosas (blogs) funcionan porque entre el que escribe y entre los que leen no debe haber otra conveniencia y otra utilidad que la de compartir experiencias e ideas. La trampa de hacer un blog es querer caer bien siempre, porque eso no se puede.

Les digo esto porque hay días en que no me aguanto solo, que me entran los Eugenismos, que son como hoyos existenciales que me arrebatan la tranquilidad. Seguramente habrá días que les caeré mal por negativo, pero seguiré agradeciendo que me visiten. Mi terapia, y espero que sea la de ustedes también, es sacar todo lo de adentro (no me refiero a la diarrea) para conocernos mejor y crecer (¿madurar?).

Les garantizo ser yo y nada más, sin agregarle a esto serpentinas ni globitos de colores para gustarles. Recibirán, como hasta ahora, renglones sin maquillaje, porque esto pretende ser nada más un canal para compartir mensadas importantes y no una prueba de simpatía.

Ya ven lo que le pasó a Adal Ramones: Por querer ser monedita de oro empezó bien chispa el primer año en su programa, pero luego se fue convirtiendo en un higadito "orgullosamente" regiomontano.

Bueno, habiendo dicho lo anterior, les deseo buen provecho, mientras yo bajo al restaurante a buscar algún alimento que no destruya mi aparente y recién llegada paz intestinal. ¡Salud!

miércoles, 2 de abril de 2008

Por la perra más fea

Mi amiga Yolanda Costilla, alias "Tolanda Castillo" anda medio sentida conmigo porque siempre le digo que su perra Conchita Chopo está refea. Por eso puso en su blog una comparación fotográfica entre su extraña mascota y la bella de Ramona. A mis lectores les pido que se metan aquí y que juzguen con sus propios ojos cuál es la perra más fea. No se vale decir que las dos están bien pinches, ¿ok?

Mensadas importantes

Imagino que tu vida está llena de mensadas importantes como la mía. Me refiero a esas cosas que parecen mínimas a los ojos de una sociedad acostumbrada a celebrar sólo lo grande, lo vistoso, los hole in one, pero que para nosotros son trascendentes.

Por ejemplo, yo me siento muy orgulloso de mi encino, el árbol que plantamos frente a la casa. Si ustedes lo hubieran visto cuando recién llegó a nosotros entenderían porqué me siento tan feliz con él.

El jardinero nos lo entregó tilico, hecho un cadáver, con las hojas a punto de secarse. Nosotros lo recibimos como quien acepta tomarse un vaso de leche que está a punto de pudrirse. Su primera Navidad fue la burla de los otros árboles de la colonia porque le pusimos unas esferotas con las que parecía niña anoréxica metida en un lánguido collar de perlas. Le echamos fertilizante y enraizador, pero al arbolito no se le veían ganas de florecer.

Un día de marzo noté que algunos brotes verde limón salían entre sus ramas de campamocha. Me sentí feliz, contento y muy orgulloso de él. A los pocos días nos enteramos que Mateo venía en camino y yo relacioné que ambos hechos, el renacimiento del árbol y el embarazo de Maga, tenían relación entre sí.

El encino cumple con ésta, tres primaveras viviendo con nosotros. Ahí está, siempre en posición de firmes, creciendo; le falta menos de un metro para llegar hasta la ventana de nuestro cuarto y sé que algún día su follaje nos tapará los incómodos rayos solares del amanecer.

Y ya no es la burla de nadie. En aquellos vientos huracanados de Semana Santa, nuestro encino permaneció de pie, como soldado perenne, mientras que algunos ficus fantoches más fuertes en apariencia fueron partidos o derribados.

Me doy cuenta que Mateo entiende la importancia de las mensadas cuando lo veo jugar con las bellotitas que el encino desprende y que se han convertido en sus juguetes favoritos, por encima de cualquier otra cosa que le hayamos comprado.

De eso está llena mi (nuestra) vida, de mensadas importantes, esas cosas que no le importan a una sociedad de consumo acostumbrada a aplaudirle solamente al empleadillo del mes por sus exuberantes ventas.

martes, 1 de abril de 2008

Hartazón

Como hoy es martes de quejas, lamentos y reclamos, puedo aprovechar para decir que... ¡Ya estoy hasta la madre de este anuncio!

En muchos de los portales que consulto se me aparece la maldita foto publicitaria de la Universidad de Phoenix.

¿Cuántas veces habré visto a este tipo que parece ser hijo no reconocido de José Luis Rodríguez el Puma o del "Temerario mayor"? Lo traigo en el subconsciente, cierro los ojos y ahí lo veo, me sé de memoria su sonrisilla de lado, su greña noventera, su camisa a rayas y su aparente felicidad porque en 18 meses acaba su curso.

A este güey lo veo más que a mis amigos y muchísimo más que a mis primos. Lo veo tanto que siento que ya lo conozco. Estoy harto de él. ¡Sáquenlo de mi compu!